Las diferencias internas abrieron grietas en el bloque oficialista

Fue el jueves, previo la sesión, cuando en torno a un proyecto de poca relevancia se reavivaron las diferencias entre las distintas corrientes que habitan en el oficialismo. Gracias a la intervención del propio Giustozzi no hubo quiebre; sin embargo, el malestar de los que amenazaron con dar el portazo deja la puerta abierta para un nuevo round.
La delgada línea sobre la que hace equilibrio la alianza entre los distintos concejales del oficialismo volvió a tensarse esta semana y amenazó con acabar con la homogeneidad que puertas afuera muestra el bloque del Frente para la Victoria – Partido Justicialista.

Con la excusa de discutir la pertinencia o no de homenajear ahora al ex presidente radical Raúl Alfonsín, las distintas líneas internas del giustozzismo aprovecharon para rediscutir el papel que cada sector ocupa en el proyecto político del Intendente, y los pases de factura llegaron a tal punto que más de uno amenazó con dar un portazo.

Con las aguas calmas, luego del maremoto desatado en la sesión del jueves, desde el oficialismo salieron a desmentir la posibilidad de fracturas en la bancada. Aunque, por lo bajo más de uno aseguró que el reciente no fue más que un nuevo round de una pelea que comenzó desde la asunción misma de Giustozzi al frente del gobierno comunal.

"Esto no es nuevo, fractura no va a haber ya que no le conviene a nadie a esta altura, pero hay muchos a los que se le vence el mandato que se empiezan a plantar porque no quieren quedar pegados en muchas cosas que no ven bien", indicaron desde el bloque.

Hoy conviven, aunque a los tumbos, tres corrientes bien diferenciadas en la bancada oficialista: los giustozzistas de primera hora, el espectro que sobrevivió a la anterior gestión y acordó con el Intendente, y el grupo de ediles que llegó al Cuerpo subido al barco de lo que en su momento fue la Concertación.

Las discrepancias no son nuevas. Sin embargo, se recrudecieron luego de las elecciones a partir del reparto de cargos que necesariamente deberá realizar Giustozzi en el Departamento Ejecutivo.

Sabido es que Franco Caviglia dejará la Secretaría de Gobierno para asumir como diputado provincial y que el saladillense coquetea con varios pretendientes al cargo. Esa apertura del conductor hace que cada sector se mantenga entusiasmado por un mayor protagonismo y como un buen lugar para negociarlo se presenta el Concejo.

Si para muestra cabe un botón, alcanza con marcar que en la última sesión a un edil se le escuchó gritar a los cuatro vientos que se debía quitar el proyecto que generó la disputa (el cambio de nombre de una calle lindera a la estación ferroviaria de Burzaco) para contar con su apoyo al Código de la Nocturnidad.

"O nos dan bola o la nocturnidad sale sin el voto de todo el oficialismo", amenazó un concejal para sintetizar el malestar de un grupo de, por lo menos, cuatro concejales que amenazaron con irse del bloque. Una clara muestra de hasta donde la presión se ejerce también desde el recinto.

De todos modos, las internas no sólo radican en la expectativa por "reposicionarse" sino que también obedecen a cuestiones propias del Concejo y la labor cotidiana allí. En este punto, son varios lo que además le pasan factura al Intendente por el lugar que se le da a algunos concejales que se definen como opositores (lo que entienden como un respaldo a su carrera personal) y por tener que votar a libro cerrado muchos expedientes controvertidos.

Gracias a la intervención directa de Giustozzi, que según algunas fuentes habría levantado el teléfono para realinear a los díscolos que amenazaron con el portazo, el bloque del oficialismo sigue siendo uno. Aunque, por la calle Pellerano advierten que la novela no llegó a su fin y hoy, a menos de tres meses para la asunción de los nuevos concejales, la duda parece ser si la flexibilidad alcanzará para seguir doblándose sin quebrarse.

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