Diez claves para entender el tremendo desbarajuste del Fondo del Bicentenario

Por Luis Majul

1 Desde 1987, cuando fue elegido intendente de Río Gallegos, Néstor Kirchner no conoce otra manera de gobernar que no sea bajo el imperio de la emergencia y la excepcionalidad. (Esto es: por encima de los parlamentos, la justicia, la opinión de la oposición y la denuncia de los medios).

2 Al Fondo del Bicentenario, el gobierno, intentó ponerlo en marcha así: de prepo. Sin el visto bueno del Presidente del Banco Central, Martín Redrado. Sin la previa e imprescindible consulta al Congreso. (Al contrario de lo que afirma Kirchner, el uso de reservas por 10 mil millones de dólares para pagar por anticipado parte de la deuda externa tuvo el respaldo del Parlamento, que así rodeó de legitimidad la audaz decisión del ex presidente).

3 El desprolijo lanzamiento del Fondo del Bicentenario es hijo de la necesidad. El gobierno cada vez gasta más e ingresa menos. Y los 6.500 millones de dólares iban a ser utilizados para tapar agujeros y hacer anuncios rimbombantes, como parte del plan del kirchnerismo para perpetuarse en el poder una vez que Cristina Fernández termine su mandato.

4 La decisión de la jueza María José Sarmiento de no permitir el uso de las reservas debe ser entendida como un intento de colocar el conflicto donde se debe resolver: el Congreso de la Nación.

5 Tanto la negativa de Redrado como la convocatoria del vicepresidente Julio Cobos para que el Senado se expida no están exentas del mínimo aprovechamiento político que implica el aparecer como dirigentes capaces de poner freno a la prepotencia de Kirchner. (Aún cuando sea así, es evidente que, en esta confusa pelea, aparecen del lado de ‘los buenos‘: el respeto a las leyes y los procedimientos necesarios cuando se trata de tomar dinero del Estado).

6 Cristina Fernández y Néstor Kirchner se hubieran evitado todo este escándalo si hubiesen sido más prolijos. Habrían podido apartar a Redrado con la mera convocatoria a una Comisión Especial del Senado, aún cuando este organismo le hubiera recomendado no despedirlo. Habrían podido convencer a parte de la oposición con los mismos argumentos que utlizó Mario Blejer para ‘vender‘ la idea al matrimonio presidencial.

7 El jefe de gabinete Aníbal Fernández presentó a la reacción de la oposición y la justicia como una ‘resolución 126‘. En realidad, sus consecuencias inmediatas podrían ser peores. Fernández aludió así a una supuesta conspiración de Cobos, Eduardo Duhalde y algunos grupos económicos que en julio de 2008 ‘se habrían juramentado‘ para destituir al gobierno legítimamente elegido. Pero la incertidumbre de cómo sigue la película del Fondo del Bicentenario podrían repercutir en el pequeño y especulativo mercado financiero argentino en los próximos días.

8 Fuentes bien informadas insisten en que la Cámara en lo Contencioso Administrativo le daría la razón a la presidenta y convalidaría los dos Decretos de Necesidad y Urgencia (DNU): el que sirvió para echar a Redrado y el que le permite usar las reservas para pagar la deuda o para cualquier otra cosa. Las mismas fuentes suponen que el caso seguirá hasta la Corte Suprema de Justicia, donde la mayoría de sus miembros estarían más cerca de la opinión de la jueza Sarmiento.

9 El tremendo nuevo desbarajuste demuestra que el gobierno está perdiendo poder político con suma velocidad. Tres años atrás, hubiera impuesto la misma medida sin costos ni consecuencias dramáticas. Hoy nadie le podría asegurar a Kirchner que tiene la batalla ganada.

10 Una pregunta pertinente es si Kirchner, ante una eventual derrota, sería capaz de reaccionar como lo hizo horas después del voto no positivo de Julio Cobos. Aquel día de furia, el ex mandatario presionó con toda su energía para convencer a su mujer de que debía abandonar el gobierno ante el embate del Partido Destituyente conformado, según él, por Duhalde, Cobos, Clarín y decenas de actores secundarios. No es ocioso recordarlo. La psicología política y personal de Kirchner lo muestra como un hombre que pretende, una y otra vez, imponer sus decisiones, aunque no lo haya logrado en la primera oportunidad.

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