DIEGO MARADONA Historia de un liderazgo que se cayó a pedazos

Tras las derrotas sufridas en las Eliminatorias, se terminó el endiosamiento del técnico de la Selección. Hasta los jugadores que lo adoraban hoy cuestionan sus contradicciones y la ausencia de una línea de juego definida. Por qué Argentina tiene un cuerpo técnico sin técnicos. Por qué el DT no consulta a nadie. Radiografía de un liderazgo carismático que se desmorona.
A la humanización de dios se asiste. Lógica consecuencia de las derrotas ante Brasil y Paraguay, por las Eliminatorias, y de una selección, la argentina, impresentable. La clasificación al Mundial es una incógnita, ya que hoy por hoy jugaría el repechaje con Costa Rica. También lo es Diego Maradona. Liderazgo, el del entrenador de Argentina, que deja que desear: instrucciones contradictorias a sus futbolistas, apelación permanente a la motivación, inexistencia de una idea futbolística (¡a casi un año de su asunción!) y de asesoramiento (sus ayudantes de campo son Alejandro Mancuso, que llegó allí por su amistad con el entrenador, y Miguel Angel Lemme, que lo hizo por imposición de Carlos Bilardo). Encima, el maridaje con los jugadores se resquebrajó. No por nada, Maradona anunció, aún en Asunción, que para los partidos decisivos ante Perú y Uruguay confiará más en los futbolistas de cabotaje. Encabezados, desde ya, por Rolando Schiavi y Martín Palermo.

Sin rumbo. Los mensajes maradoneanos hacia los jugadores (que tampoco son inocentes) son, como mínimo, contradictorios. Ejemplos: "Mi arquero es Carrizo", comentó Maradona no bien asumió, pero Mariano Andújar atajó ante Brasil, y Sergio Romero, ante Paraguay. "Heinze no es lateral, es 6", analizó, pero Heinze, por lo general, juega como marcador de punta izquierdo, como contra Brasil. Contra Venezuela y Ecuador, jugó con "los tres chiquitos" en ataque –Lionel Messi, Carlos Tevez y Sergio Agüero–, pero después juzgó que, juntos, eran disfuncionales. Le sacó la capitanía a Javier Zanetti para entregársela a Javier Mascherano, que dijo que sí a regañadientes. El trato preferencial con el jugador del Liverpool se materializó en la sentencia "la Selección es Mascherano más diez". Ampliada, a la postre, a "Mascherano y Messi más nueve" y, por último, a "Mascherano, Messi y Jonás (Gutiérrez) más ocho".

Por lo demás, para los partidos ante Brasil y Paraguay, Maradona llamó a 29 futbolistas (Brasil, para contraponer, 22) y 62 en total desde que asumió. Por ejemplo, con apenas dos prácticas, inmoló a los debutantes Sebastián Domínguez y Nicolás Otamendi ante Brasil; no advirtió que el equipo que dirige Dunga dejaba adrede su banda derecha libre para que subiera Heinze, que con la pelota sabe entre poco y nada. E improvisó, ante Paraguay, con Palermo y Schiavi como atacantes, en detrimento de Lisandro López, que no jugó siquiera un minuto en los dos partidos, o de Diego Milito, que entró en el segundo tiempo ante Brasil. Etcétera.

En consecuencia, los mismos jugadores, que lo endiosaban sugieren que no se trabaja lo suficiente en lo táctico-estratégico y que el entrenador se limita a motivarlos, con videos y/o con carteles. O sea: renuncia de Juan Román Riquelme y no convocatoria de Gonzalo Higuaín mediante, Maradona ensambló un grupo lleno de internas desde hace años. Pero los jugadores advierten la insuficiencia de esa motivación. También hay que jugar, y la Selección lo hace muy mal. Mancuso y Lemme, se sabe, no aportan demasiado.

Por lo demás, los jugadores, y no sólo Maradona, pagaron el costo por la mudanza a Rosario para el enfrentamiento con Brasil, pese a que Argentina había caído apenas una vez en su historia en River: 5-0 con Colombia. Maradona, que en su debut ante Venezuela había juzgado que "el Monumental fue un infierno", involucró a los jugadores. ¿Mascherano, el capitán, que salió de las inferiores de River, pidió el cambio de sede también?

Maradona se responsabilizó por las recientes caídas. Sin embargo, descontento con los futbolistas que juegan en Europa (incluido su yerno, Agüero), privilegiaría a los jugadores del fútbol local. En la última convocatoria había diez.

Aunque llame la atención, Maradona, el mejor jugador de la historia, no expone su concepción futbolística. No se sabe a qué juega su Selección. Pero tampoco a qué no juega.

Solitario. Nadie aconseja a Maradona, aunque sus experiencias como entrenador datan de 1994, en Racing y en Mandiyú de Corrientes. No por nada, Julio Grondona, que se dejó convencer por sus hijos ("Julito" y "Humbertito") para que lo nombrara como entrenador, puso a Carlos Bilardo como secretario técnico para que contuviera al indomable Maradona. Pero Maradona y Bilardo no parecen compatibles, menos complementarios (no se sugiere para nada que Bilardo asuma mayores responsabilidades; apenas se describe el soliloquio maradoneano al momento de decidir).

El yoísmo del entrenador sólo admite incondicionalidad: lo atestigua Mancuso, su amigo y promotor de la reinvención (en escala pequeña) del fenómeno Maradona en el showbol. Hasta noviembre, por lo demás, Lemme era el subsecretario de Deportes de Bilardo en el gobierno de Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. La canción La mano de Dios, de Rodrigo ("Maradó Maradó, la 12 fue quien coreó..."), se escucha en su teléfono cuando lo llaman. Insistió ante Grondona por la contratación de Oscar Ruggeri como ayudante de campo (otro), pero el presidente de la AFA se opuso. Tampoco se sabe si se incorporará alguien a ese ¿cuerpo técnico? ¿Antonio Mohamed y Fernando Gamboa? No se sabe, Maradona no contesta. ¿Claudio Vivas, el ex ayudante de Marcelo Bielsa? Un allegado al entrenador de la Selección lo llamó el domingo, al otro día de la caída con Brasil, para preguntarle si le interesaría incorporarse a la Selección. Quedaron, el allegado y Vivas, en volver a conversar.

Maradona, en definitiva, no consulta. En realidad, sí lo hace: "Tengo que hablar con mis hijas", señaló tras la derrota ante Paraguay.

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