Dictadura hondureña con disfraz dialoguista

La dictadura hondureña no para de negociar. Aceptar o no el plan propuesto por el presidente de Costa Rica, Oscar Arias, es el eje del debate y, por eso, los golpistas abrieron ayer el juego a los distintos sectores de la sociedad civil que los apoyan en busca de consenso. Roberto Micheletti, presidente de facto, dio el puntapié inicial. "El presidente Micheletti cree con toda firmeza que el Acuerdo de San José es el mejor camino para alcanzar el consenso en Honduras", señaló un breve comunicado emitido por el régimen de Tegucigalpa el miércoles cerca de la medianoche.
La dictadura comenzó a mostrar su pátina dialoguista. Ayer por la mañana trascendió que el propio Micheletti llamó por teléfono al mandatario costarricense y le pidió que envíe a Honduras como hombre de confianza al uruguayo Enrique Iglesias, ex presidente del Banco Interamericano de Desarrollo.

De acuerdo con la petición de Micheletti, la función de Iglesias, en tanto enviado de una misión internacional de conciliación, sería colaborar sobre el terreno con el inicio de un diálogo nacional entre distintos sectores de la sociedad civil del país centroamericano para buscar una salida negociada a la crisis. "Nuestros ciudadanos necesitan ampliar el Acuerdo de San José con un diálogo entre nuestro propio pueblo", precisó el texto de la presidencia de facto. El propio Arias, ayer, ratificó que consultará con Iglesias la solicitud de los golpistas, pero advirtió que las negociaciones entre hondureños deben abordar todos los puntos incluidos en su propuesta de mediación.

"No puede haber un diálogo sin la reintegración del presidente Zelaya a su cargo", expresó ayer Rafael Alegría, dirigente campesino.

Pero las consultas ya arrancaron. Sin aclarar qué puntos se debaten y cuáles no, los golpistas iniciaron ayer su diálogo nacional. Y el Congreso sirvió de plataforma. Ayer una comisión del Legislativo debía elevar al plenario un dictamen para que éste decida si aceptar o no algunos puntos del plan de Arias. La decisión, sin embargo, se aplazó para el lunes, y los motivos fueron bien claros: hay que consensuar. "Lo importante es que todos los sectores, como la Iglesia Católica, la Iglesia Evangélica, las empresas privadas, las cámaras de comercio, la sociedad civil en todos sus aspectos, pueda participar", explicitó ayer Alfredo Saavedra, presidente de facto del Legislativo tras suplantar en ese cargo al propio Micheletti. "Este es un tema sensible, por lo que debe ser realmente un tema del que todos los hondureños estén informados y den sus opiniones. Esto es lo que quiere el presidente Arias, que su propuesta se amplíe y fortalezca", agregó el funcionario golpista.

Para Juan Barahona, dirigente del Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado arrestado ayer tras bloquear una ruta (ver aparte), el frente interno de los golpistas podría estar sufriendo algunas grietas. "Están divididos. Micheletti estaría dispuesto a aceptar el acuerdo convencido de que es el mejor trato que pueden obtener, pero se estaría topando con la resistencia de los sectores más duros agrupados en las cámaras empresariales y el ejército", le dijo Barahona por teléfono a Página/12 desde una comisaría en Tegucigalpa. "La plana mayor de las fuerzas armadas no quiere ni oír hablar de la vuelta de Zelaya. Saben que cometieron muchos crímenes al reprimir al pueblo y no quieren dar marcha atrás".

Zelaya, a su turno, también negocia. Ayer, el presidente constitucional se reunió en Managua con Hugo Llorens, embajador estadounidense en Honduras. Según Patricia Rodas, canciller constitucional, no hubo avances. "Si no hay firmeza en las acciones de Estados Unidos contra los golpistas, éstos sentirán un respaldo tácito a sus acciones", señaló la funcionaria.

Llorens, por su parte, reiteró la posición de su gobierno. "Usted es el único presidente que mi país reconoce. Seguiremos trabajando por la restauración de la democracia", aseguró el diplomático estadounidense.

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