Los dictados de la necesidad

Por: Ricardo Kirschbaum.

Una de las primeras conclusiones que extrajo Néstor Kirchner en esos lejanos días posteriores a la derrota fue que hasta el fin del mandato de Cristina hay que gobernar para los suyos, custodiando ese capital político. Y que no escucharía otra cosa que esa música.

Su relanzamiento como candidato, en esa desangelada reunión con Scioli y los intendentes en la que todos se recelaban, apunta a ocupar un espacio por ahora vacío en el peronismo y a darle a su tropa otra señal de su decisión de ir hacia adelante, aunque en ese avance esté el precipicio.Scioli está todavía allí, aunque sabe que la hiperquinesia kirchnerista produce movimientos de corto alcance: enceguecen pero sus efectos no tardan en disiparse. Requiere de pasos cada vez más audaces, que son los dictados de la necesidad, elevados a la categoría de razón de Estado.

Si Kirchner resiste caminar hacia el ocaso, aunque no puede con la inercia, el peligro para el gobernador es que acompañe mansamente ese tránsito.Kirchner le tiene reservada a Scioli otra jugada: empujarlo al Congreso para que algún fiel se haga cargo de la provincia e intentar mostrar que fue Scioli, y no Kirchner, el que perdió las elecciones, algo que no cree nadie.

Ahora es cuando puede hacer más daño a quienes declara sus enemigos, porque para Kirchner así se divide la política y la vida. Sus promesas hasta el 10 de diciembre serán generosas, pero no valen el papel en la que se escriben. Prevalece el desesperado dictado de la necesidad. No importa si sus decisiones son justas o injustas; si es bondadoso o cruel con sus actuales o antiguos aliados. Su oportunismo utilitario apunta a mantener vivo un poder que no será transferido a otra persona que no sea un Kirchner. ¿O acaso alguien cree que habrá "delegación" en otra fuente que no sea Néstor o Cristina?

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