El diciembre de fuego en el que Santiago volvió a arder

Con saqueos, enfrentamientos y decenas de detenidos se vivieron las históricas jornadas de diciembre de 2001 en Santiago, al mismo tiempo que Carlos Juárez asumía como senador en Buenos Aires.
Santiago sabía de estallidos. Sabía del fuego y la violencia, y sabía de sus consecuencias irreparables. Pero ni las heridas aún sin cerrar del violento levantamiento del 16 de diciembre de 1993 impidieron que otra vez se desatara el caos el 19 y 20 de diciembre de 2001, esta vez con los santiagueños arrastrados por la furiosa ola de protestas y saqueos que se produjeron en todo el país, tras las polémicas medidas económicas del tándem De la Rúa – Cavallo. Con el país en estado de sitio, y un desorientado gabinete provincial parapetado en el primer piso de Casa de Gobierno, la provincia vivió dos días de rabia y caos.

Diciembre ya había empezado con problemas. El ministro de Economía, Domingo Cavallo había anunciado su polémica medida que restringía el uso de efectivo en los primeros días del mes. A un paso de las fiestas de fin de año, la gente no era dueña de su dinero. Mientras en Santiago los comercios se equipaban con los posnet para recibir pagos con tarjeta de débito y pagaban avisos publicitarios para decir que estaban adecuados a las nuevas reglas del juego económico, en Capital Federal ya habían empezado los saqueos a los supermercados. En la tarde de ese mismo miércoles, el presidente Fernando De la Rúa decretó el estado de sitio, suspendiendo las garantías constitucionales por 30 días, y a la noche salieron las históricas cacerolas a la calle. Pero en nuestra provincia no hubo cacerolas, sólo pobres buscando calmar su hambre. En Santiago, donde las rebeliones se gestan a la siesta, los saqueos comenzaron alrededor de las dos de la tarde del 19, en el Hipermercado Libertad, y luego se replicaron en distintos supermercados de Capital y La Banda.

Contexto

La provincia había vivido un mes políticamente agitado por cuestiones domésticas que nada tenían que ver con la crisis económica. Carlos Juárez había anunciado que renunciaría a la gobernación de la provincia, que ocupaba desde 1999, para ocupar un cargo como senador nacional. Su mujer, Mercedes Marina Aragonés de Juárez era vicegobernadora y también dejaría el cargo, para acompañar a su esposo en Buenos Aires. La incógnita por la sucesión de Juárez había sido el tema que había ocupado la agenda política durante todo diciembre. ¿Quién heredaría el poder del viejo caudillo? Carlos Díaz, que había alternado sus funciones como director del Hospital de Niños y ministro de Salud, había sido el elegido. Asumió pocos días antes del estallido social. El 19 reunió a todos sus ministros en el primer piso de Casa de Gobierno, desde donde realizaron numerosas llamadas al Senado de la Nación, en procura de hablar con el ya ex gobernador Carlos Juárez, que se disponía a asumir su banca en la Cámara alta. Reinaban el caos y la incertidumbre. Mientras en Buenos Aires resonaban las cacerolas, en Santiago continuaba la violencia, y ni la tormenta de verano que se desató al atardecer frenó el ímpetu de los saqueadores. La policía, con el apoyo de Gendarmería, logró sosegar a muchos de los manifestantes durante el conflicto, que se extendió hasta altas horas de la noche.

El 20 de diciembre amaneció con la ciudad desierta. Pararon los empleados de comercio y el centro de la ciudad, sin actividad, parecía el de un pueblo fantasma. Los episodios de violencia y represión se fueron deteniendo poco a poco en distintos puntos del país, tras el vuelo de De la Rúa.

Después de las jornadas de violencia, la policía había arrestado a 31 saqueadores entre Santiago y La Banda, además de algunas mujeres y menores que fueron liberados. Los detenidos fueron puestos a disposición de la Justicia.

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