Los que dicen y los que no

Los que dicen y los que no
"Creo que voy a terminar siendo el candidato a Presidente porque después de un año y medio no asoma nadie en el PJ. Nadie se anima a enfrentar a Kirchner y él no se animará a enfrentarme a mí", dijo Eduardo Duhalde autoproclamándose candidato a presidente sin siquiera la formalidad de un congreso partidario, interna o una cena entre amigos.
En rigor, el ex-vice de Carlos Menem no hizo otra cosa que blanquear sus anhelos de toda la vida que no alcanzó a satisfacer con su breve interinato -elegido por una mesa de amigos- después de una semana con otros tres huéspedes furtivos del despacho principal de la Casa Rosada (Ramón Puerta, Eduardo Camaño y Adolfo Rodríguez Saá) una vez derrocado Fernando De la Rúa. Cabe recordar que apenas un par de años antes la mayoría de los argentinos le había dado la espalda al dos veces gobernador de Buenos Aires cuando integró su fórmula con Palito Ortega.

Cerca de Carlos Reutemann sostienen que esta es "otra jugada de ajedrez" del caudillo de Lomas de Zamora para catapultar al piloto. Ya sea a la candidatura presidencial o afuera de la escena. Hasta ahora no se sabe, y la vocera de la operación es nada menos que la esposa de Duhalde, la Senadora Chiche que dice que "Reutemann es el mejor candidato" en Rosario justo al día siguiente que su marido se autoproclamara no ya el "mejor" candidato sino el "único" que se atrevería a enfrentar a Kirchner.

En realidad, al día de hoy, Duhalde es el único candidato. Ni el PJ en cualesquiera de sus variantes, ni la Unión Cívica Radical, ni la Coalición Cívica ni mucho menos el PRO saben qué van a hacer. No sólo a nivel nacional, sino provincial. Ya que fuera de la candidatura del "no positivo" Cleto Cobos no hay siquiera aspirantes para la provincia de Buenos Aires, la Capital Federal o Santa Fe, para citar los distritos más importantes. Y no es porque los que podrían ser "se están dedicando a gobernar" como pretende excusarse alguno de ellos. Sino porque más allá de la congregación opositora que propicia el kirchnerismo, no hay ni proyecto ni liderazgos alternativos como perspectivas de desarrollo. Es por eso que cuando Hermes Binner repita lo que le dijo a este cronista hace unos meses "no voy a ser vice de Kirchner ni de Cobos" vuelva a ser tapa de diarios. Antes porque lo "pretendía" el mendocino no compañero, ahora por los tanteos kirchneristas. Binner no quiere ser parte de ninguno de esos bloques que aparecen como las únicas alternativas visibles. Mucho menos querrá tener que ver con Duhalde o el peronismo disidente de Francisco de Narváez y el PRO de Mauricio Macri. El sistema electoral que definirá las autoridades a partir del 2011 no es precisamente en el que mejor le puede ir al Socialismo, al Proyecto Sur de Pino Solanas, o al grupo que lidera Martín Sabatella. Pero sí les puede permitir ir armando algo que trascienda las urgencias electorales, y más temprano que tarde pueda ser una alternativa al bipardismo deformado que padece la Argentina desde la mitad del siglo pasado. Para ello hay que animarse. No a enfrentar a Kirchner como pregona Duhalde, o al mismo Duhalde que procede del mismo molde. Todo eso suena más a bravata que a desafío político, y lo que en realidad hace falta es aceptar que se parte de atrás pero que se podrá avanzar sin saltear principios ni escalar por conveniencia.

En Santa Fe no hay candidaturas definidas, pero sí posicionamientos de cara a la sociedad. Binner ya dijo con quienes no. Reutemann no dice nada, y tal vez no tenga nada que decir. Sus exégetas lo consideran un "gran tiempista", en el barrio lo llaman de otro modo. Pero en cualquier caso, se sabrá si "se anima" a la hora de anotarse para las internas abiertas. Hasta tanto, se sabe que como sus colegas productores agropecuarios, rompió lanzas con el gobierno cuando le metieron la mano en el bolsillo. Después de eso no hubo mucho más. Néstor Kirchner eligió Santa Fe, en rigor Rosario, para volver al ruedo ya como diputado nacional. No parece una casualidad, lo mismo que la visita de la señora de Duhalde y la autoproclamación presidencial de su marido.

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