Dicen que dicen.

Dicen que dicen.
Por Martín Caparrós.

Me pregunto, perplejo, si es que los K, los PRO y compañía saben con certeza que somos unos nabos. Podemos quejarnos como siempre o podemos hacer algo con el voto para decir que no lo somos tanto.

Dicen que son peronistas –cuando todos sabemos que eso puede significar cualquier cosa: que son lo mismo que Menem, Duhalde, Rodríguez Saá, Romero, Solá, Rico, Reutemann, De la Sota, Moyano, y todos los que también lo son. Dicen que toman medidas –cuando todos sabemos que, de cada diez anuncios, con suerte hay uno que resulta en algo. Dicen que miden la economía –cuando todos sabemos que nos ofrecen, a manera de cifras, sus mejores sueños disfrazados. Dicen que trabajan para eliminar la pobreza –cuando todos sabemos que ahora hay más pobres que hace un par de años. Dicen que están redistribuyendo la riqueza –y no cobran impuestos a la especulación financiera. Dicen que defienden los derechos humanos –cuando todos sabemos que bajo su mando los hospitales no funcionan, la enfermedad se extiende. Dicen más y más cosas cuando todos sabemos que no son verdad –aunque algo en esta frase se equivoca: o no lo sabemos y somos tan bobos como ellos quieren creer, o sí y nos gusta que nos tomen el pelo. Y ahora dicen que sus candidatos en la elección a diputados van a ser Kirchner y Scioli cuando todos sabemos que ni Kirchner ni Scioli van a ser diputados.

Si lo hacen, habrán inaugurado el perfecto sistema electoral contemporáneo: elija a los que no van a representarlo. Pasaron de prometer medidas que no van a cumplir a promover candidatos que no se están candidateando. El avance es significativo. Nos enseñaron, primero, que no se podía creer en los partidos políticos; ahora, que ni siquiera se puede creer en que los candidatos sean candidatos. Ellos son los que dicen que quieren democracia; ellos son los que se van a rasgar los trajecitos cuando, a fuerza de forzarla, consigan una remake de la gran De la Rúa.

Daniel Sabsay decía en este diario que este modelo de fraude no está prohibido porque a nadie se le ocurrió que a alguien se le pudiera ocurrir intentarlo. La oposición podría hacerse una fiesta: "¿Usted sabe que si vota a Kirchner en realidad vota a Rodríguez, que no se atreve a dar la cara? ¿Usted quiere elegir a un diputado que no se anima a pedirle que lo elija?". Pero no pueden, porque varios de ellos también piensan en hacer lo mismo. ¿No es así, señorita Michetti?

Me pregunto, perplejo, si es que los K, los PRO y compañía insisten en esputar en vertical ascendente, o saben con certeza que somos unos nabos. Habrá que ver: podemos, como siempre, quejarnos y darles la razón, o podemos hacer algo con el voto para decir que no lo somos tanto.

Comentá la nota