Dicen una cosa para hacer otra

Por: Ricardo Kirschbaum

El juego del oficialismo es cada vez más claro. Invoca "democratización", "pluralidad" y "desmonopolización" y el proyecto plantea exactamente lo opuesto: pone bajo el control del Gobierno a los medios, aumenta su influencia por subvención a medios de la "sociedad civil", y abre las puertas para el ingreso de poderosas compañías telefónicas que ya tienen monopolio por ley en el país.La aceleración del tratamiento no busca sólo aprovechar la mayoría circunstancial, reflejo de otro momento político del país, sino evitar el desmembramiento de sus propios legisladores

Cuanto más se conocen los alcances y las consecuencias de este proyecto, las razones políticas -y las técnicas, cuyo debate es indispensable- quedan al desnudo: meter en el juego de la información y del entretenimiento a las telefónicas, una de las cuales sería "nacionalizada" y adquirida por empresarios amigos de Kirchner. Así quedaría consagrada la verdadera razón que anima a esta fuerte movida para imponer esta ley.

El proyecto está dirigido frontalmente contra el Grupo Clarín y contra la mayoría de los medios, aún aquellos que son aparentemente neutrales o apoyan, tácita o activamente, la aprobación de esta norma legal. Quienes alientan esta ley de buena fe deben saber que la concepción de un control estatal de los medios, como el que propone este proyecto, representa un peligro en sí mismo. Ya hubo suficientes fracasos, no hay por qué repetirlos. La confusión entre Estado y Gobierno, entre política partidaria e intervención oficial, termina inevitablemente en una propuesta de raíz autoritaria, como es la que está hoy en el Congreso. Si, además, las telefónicas son invitadas a esta fiesta, se está frente a un verdadero peligro.

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