Los dibujos se derriten cuando se mira la caja

Por Hernán de Goñi

La variación del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) que ofreció ayer el Indec es un dato que no viene acompañado por muchas precisiones. El Indec se limitó a informar la expansión del 2,3% de enero contra igual mes del año anterior, y el virtual estancamiento que mostró frente a diciembre.

Los técnicos oficiales suelen resistir la comparación con otros indicadores privados, pero la realidad es que el contraste no los favorece. La industria, el consumo, las exportaciones ofrecen registros de una desaceleración violenta. El Gobierno no necesita reformular la medición del Indec para saber dónde está parado. Una de las pocas mediciones que por ahora ofrecen el registro más cercano a lo que sucede en la economía la da la recaudación impositiva.

En enero, el Fisco mostró un incremento de 11% frente a igual mes de 2008, uno de los porcentajes de variación más bajos desde junio de 2002. El sostén de este número fueron los aportes jubilatorios, que desde la estatización de las AFJP se transformaron en la columna vertebral de la caja del Estado. En ese mes, los ingresos de la DGI y la Aduana tuvieron una caída de 3,7%. Eso implica que la mayoría de los impuestos que marcan el ritmo de la actividad se movieron en terreno negativo.

Está claro entonces que si la economía sigue en esta senda se resentirán aún más los ingresos del Tesoro y de las provincias (que reciben menos coparticipación). Por eso la coparticipación de las retenciones a la soja apareció como una salida de corto plazo con múltiples objetivos. Lo que sigue en pie es la duda por saber a dónde irá el Gobierno a buscar fondos cuando haya que pagar las facturas del primer semestre.

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