La diáspora kirchnerista

Por: Ricardo Kirschbaum

La diáspora del kirchnerismo porteño, de los que realmente creyeron y de los que acompañaron al Gobierno, es una muestra local del torpe manejo político que ha tenido el oficialismo. Si en otras provincias Kirchner se ha replegado abiertamente hacia el aparato justicialista, olvidando su promesa inicial de terminar con lo que había denominado "pejotización" de la política, en la Capital hasta el PJ debate si le da o no la espalda a la conformación de una lista que se anime a defender los colores kirchneristas.

Los sectores afines ya habían hecho carpa aparte desde hace tiempo: un repaso de los nombres de los futuros candidatos -Aníbal Ibarra, Pino Solanas, Telerman, Claudio Lozano, los socialistas, entre otros- da la pauta concreta de cuánto el Gobierno ha perdido en la fuerza electoral de aliados que en algún momento de esta gestión iniciada en 2003 habían abrevado en la Casa Rosada, apoyaron varias de las iniciativas del primer Kirchner y luego se fueron alejando.

Hoy, finalmente, la representación oficial ha recaído en Carlos Heller, un banquero con una larga militancia en la izquierda cooperativa, que ha mantenido su perseverancia para ser nominado. Su candidatura, sin embargo, es también la síntesis de una crisis de representación oficialista, de la que Heller no tiene la culpa. Antes que eso, parece representar el único que se ha animado a ponerse la camiseta. Pero Heller, sensatamente, cree que no puede ir a una elección sin el apoyo de una parte sustancial del justicialismo local, que ve como un cuerpo extraño al candidato elegido por Kirchner.

Para el peronismo, esta selección es una manera de castigo que amenazaba, a pesar de la fortísima presión que ejercían anoche desde Olivos, con nuevos desgajamientos.

Las fuerzas que mejor miden en las encuestas -macrismo, Coalición Cívica- no parecen correr riesgos ante el desafío del oficialismo.

El PJ porteño, luego del desplazamiento de Alberto Fernández, insinúa claramente seguir el ejemplo de los peronistas santafesinos y cordobeses, armando un entramado que está pensado más para el futuro que para este presente político

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