33 días de vacaciones, y contando.

Aunque vive acusando a los municipales de “ñoquis”, Mauricio Macri ya se tomó sus buenos días de descanso en apenas un año de gestión. Punta del Este, Aspen y lo más lujoso de Chile son sus favoritos.
“Mejoran la calidad de vida”, se le escuchó decir al jefe de Gobierno sobre las playas porteñas que inauguró. Pero él eligió otros destinos algo más glamorosos para sus vacaciones encubiertas. Mauricio Macri lleva acumulado un mes de vacaciones, entre escapaditas y desapariciones sottovoce a Río de Janeiro o Punta del Este, e incluso un viaje publicitado como oficial que tuvo escala en el centro de esquí estadounidense de Aspen, donde el jefe de Gobierno estuvo con su pareja. El jueves pasado, con la misma táctica, Macri se escabulló en un jet privado hacia un gigantesco parque paradisíaco al sur de Chile, donde lo recibió con los brazos abiertos el magnate Sebastián Piñera, ex candidato a presidente de la derecha chilena.

Para reponerse de un año de gestión, Macri lleva de vacaciones 33 días y contando. El modus operandi es siempre más o menos el mismo: cuando se acerca el fin de semana, el jefe de Gobierno se toma un avión y desaparece del mapa. Su destino preferido sigue siendo Punta del Este. Allí está el complejo Terrazas de Manantiales, del que es dueño su padre, Franco Macri. Sus voceros se hacen los distraídos sobre su ubicación y así pasa inadvertido para los medios y consigue tomarse entre dos y cinco días de vacaciones cada vez. Vuelve en avión los domingos a última hora o los lunes temprano. Por este tema, Página/12 intentó comunicarse con el vocero de Macri, que no contestó los llamados de este diario.

Con el discurso de la “cultura del trabajo” hacia los empleados públicos, una retahíla de despidos de personas a las que calificó de “ñoquis” y diversas críticas contra las licencias médicas de los docentes, Macri empezó su gestión intentando darle un perfil de austeridad, agilidad y orden, mucho orden. Así intentó revertir una imagen que se generó en su paso por la Cámara de Diputados: allí estuvo ausente en 277 votaciones de las 321 que hubo en 2006.

En ese comienzo de 2008 se supone que no se tomó vacaciones, lo que contrastó con sus habituales estadías en Punta del Este, que incluso lo llevaron a que en 2007 una revista lo calificara de “candidato haragán”. Ese año, Macri no suspendió sus vacaciones ni cuando estalló el caso de Luis Gerez. Tampoco por el lanzamiento de Roberto Lavagna a presidente, que modificó luego sus planes electorales. Sólo volvió 24 horas a Buenos Aires para sacarse una foto en un comedor de Lanús y presenciar un entrenamiento de Boca en Casa Amarilla. Y de vuelta a Punta.

No voy en tren...

Macri aseguró recientemente que está bregando contra el ausentismo, advirtió que “todavía quedan muchos ñoquis” y que “uno de cada tres empleados estatales no trabaja”. Pero, pese a que conserva ese discurso, su empujón de austeridad y trabajo duro de principios de 2008 se fue flexibilizando con el paso del año: en los últimos tres meses se tomó un mes de vacaciones con cuentagotas. Ya en septiembre comenzaron las primeras escapadas de Macri, a escondidas. Desde entonces, en cuotas acumuló 33 días de viajes:

25 de septiembre de 2008. Macri tomó un avión de Pluma en dirección a Uruguay. Salió un jueves y pasó cinco días allí.

20 de noviembre de 2008. Otro jueves, se subió a un vuelo, esta vez de LAN Argentina, hacia Estados Unidos. Allí estuvo cinco días y regresó el lunes 24 de noviembre en otro avión de la misma empresa.

30 de noviembre de 2008. Emprendió un viaje que se suponía oficial del gobierno porteño a Italia. Sin embargo, el jefe de Gobierno no viajó a ninguna ciudad italiana, sino que primero se tomó un avión de la empresa Delta Airlines otra vez hacia Estados Unidos. Allí supuestamente estuvo tres días de vacaciones, esquiando en Aspen con su pareja, María Laura “Malala” Groba. Después se tomó otro vuelo hacia Italia, donde escuchó el inicio de la temporada operística en La Scala de Milán, entre otras actividades oficiales. Volvió de Italia el 11 de diciembre en un vuelo de la empresa Alitalia. El viaje duró, en total, 12 días. Por el carácter “semioficial” de ese viaje, el líder de PRO recibió críticas de la oposición. “Macri se fue este fin de semana a Milán a escuchar ópera y hace unos días estuvo en Aspen esquiando”, le apuntó el legislador kirchnerista Juan Cabandié.

31 de diciembre de 2008. Se tomó cinco días de descanso en Punta del Este por fin de año. Viajó esta vez en un Lear Jet 25 D, matrícula LV-OEL. Se trata de un avión privado que pertenece a la empresa MacAir de taxis aéreos, propiedad de Franco Macri. El avión cuesta cerca de 650 mil dólares y una hora de vuelo en él se tarifa arriba de los cuatro mil dólares. MacAir tiene hangar propio en el Aeroparque Jorge Newbery y –según explica su página web– los vuelos, pensados para un “selecto público”, cuentan con tripulación trilingüe, auxiliares a bordo y catering VIP. La nave puede volar a 850 kilómetros por hora, lo que hace más fáciles las escapadas. Tiene capacidad para ocho pasajeros, lo que permitió que Malala Groba invitara a algunas amigas a subirse al vuelo.

Macri llegó a Punta del Este a las tres de la tarde del miércoles 31 y bajó del avión con raquetas de tenis y palos de golf. Esta vez se encontró con varios periodistas de revistas que cubrían la temporada. Con la revista Gente aceptó una breve nota de verano, con la condición de que luego lo dejaran en paz. En cambio, su encuentro con los periodistas de Noticias no fue tan pacífico. “Vienen a molestarme cuando intento descansar. Tengo cuatro días de vacaciones y lo único que hacen es romperme las pelotas. Déjenme tranquilo”, les gritó Macri.

El líder de PRO visitó a su padre y se dedicó a leer el libro de Gary Kasparov, Cómo la vida imita el ajedrez. Pasó fin de año con su familia, en la casa de Franco. La cena se sirvió en el balcón del chalet. Volvió el domingo 4 de enero por la noche, en el mismo jet privado.

9 de enero de 2009. Pero las vacaciones no terminaron allí. El viernes 9, a las 18, partió nuevamente hacia Uruguay. Volvió el lunes a las 9 de la mañana y nadie notó nada.

16 de enero. Se tomó otros dos días, esta vez en Río de Janeiro. Tomó un vuelo de Aerolíneas Argentinas hacia Brasil. Volvió el lunes, también temprano.

22 de enero. El jueves pasado, salió sin llamar la atención hacia Chile en el jet privado de la empresa de su padre. “El político de centroderecha argentino llegó a primera hora al aeródromo de Quellón en su jet privado, donde lo esperaba Piñera en su helicóptero”, relató el diario La Tercera de Chile. Piñera es Sebastián Piñera Echenique, una de las personas más ricas de Chile y ex candidato a presidente de la derecha, derrotado por Michelle Bachelet. Muchos lo comparan con Macri por su doble rol de magnate multimillonario y líder político de derecha. En los últimos tiempos, para intentar librarse de la impronta de rico, renunció a los directorios de la aerolínea LAN y de la compañía tecnológica Quintec. Su renuncia llegó convenientemente luego de que le impusieran una multa de 690 mil dólares por usar información privilegiada en la compra de acciones de LAN.

Con Piñera, Macri inició otros cuatro días de vacaciones, que se suman a los 29 días que tenía acumulados. El líder de PRO lo acompañó a una excursión que Piñera hace todos los años en el Parque Tantauco, un refugio de ensueño que el magnate chileno compró como presidente de la Fundación Futuro. Casi completamente cubierto de bosques y cruzado por ríos, este paraje al sur de la Isla de Chiloé ocupa 118 mil hectáreas. A la expedición –que incluye actividades recreativas, de supervivencia, paseos en bote, recorridos por los volcanes, voluptuosos asados y hasta cantos grupales– se sumaron también el estadounidense Douglas Tomkins, que se hizo conocido por una polémica en la compra de tierras en Misiones, el ex comandante en jefe del Ejército Juan Emilio Cheyre y una buena dotación de políticos de derecha chilenos. Los retiros espirituales de Piñera son sin periodistas, así que allí finalmente Macri podrá descansar de tanto trabajo.

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