Los días del riesgo

Por Nelson Castro

La Presidenta hizo una acertada lectura política al desactivar el acto de Moyano y D’Elía. Si se hacía, podía someterla a un peligroso e insondable juego de presiones, que hoy le sería difícil soportar.

"Pregúntenle a Néstor", fue la respuesta que dio un líder sindical cuando, en la tarde del martes, se le preguntó sobre la marcha de apoyo al gobierno anunciada por Hugo Moyano para el viernes 20 de noviembre. En efecto, fue Néstor Kirchner el que pergeñó la movida para contrarrestar una supuesta acción de desestabilización contra el gobierno a la que no se le llevó mucho el apunte. "Esto no se lo cree nadie", confesó un conspicuo diputado oficialista después de haber escuchado la exposición parlamentaria del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. Gremialistas, intendentes del Conurbano bonaerense y gobernadores kirchneristas reaccionaron con una mezcla de fastidio y preocupación ante esta convocatoria. "Ya tenemos suficiente lío con todo el tema de la asignación familiar por hijo como para agregarle la pesada tarea de tener que llevar gente a un acto sin sentido", reconocía uno de esos intendentes aliviados cuando supo la noticia de la suspensión. "En este clima de enfrentamiento gremial, hacer esa movilización era muy peligroso. Recordemos lo hechos de violencia que ocurrieron aquella vez en que se trasladaron los restos del general Perón a San Vicente", señalaba un dirigente gremial ya más distendido tras conocer la noticia de la cancelación del acto. Cancelación que, por otra parte, fue tan sorpresiva e intempestiva como su anuncio. "No puedo creer lo que me está diciendo", fue la respuesta azorada de un colaborador de Luis D’Elía cuando, una hora después de haber participado de la reunión entre éste y Hugo Moyano destinada a sumar fuerzas para la convocatoria oficialista, se enteró por radio de su suspensión. No estuvo solo en eso, ya que lo mismo le sucedió a algunos ministros que venían haciendo declaraciones a favor de la marcha en el mismo momento en que la Presidenta decidía su cancelación.

Es que así son las cosas en el mundo K. Todo se decide y se hace en forma intempestiva. La organización de la marcha fue obra del ex presidente en funciones. La suspensión, en cambio, de la Presidenta. La crónica habla de que, luego del almorzar con su marido en la quinta de Olivos, la Dra. Cristina Fernández de Kirchner tomó la determinación de ordenarle a Hugo Moyano la postergación del acto. Esta fue una decisión que mostró, ciertamente, que la Presidenta hizo una buena lectura de la realidad. La marcha exponía al gobierno a más riesgos que beneficios. Uno de esos riesgos, como dijimos, era el de la posibilidad de enfrentamientos a causa de la fuerte contienda sindical desatada en estos días; otro, era el de quedar demasiado atado a Hugo Moyano en su embestida por sumar poder dentro del sindicalismo y de la estructura del partido Justicialista. El costo político que esto le acarrea al gobierno es cada vez más alto. Lo somete, además, a una de sus más flagrantes contradicciones y lo obliga a un enfrentamiento creciente con la Central de Trabajadores Argentinos (CTA) con la que se identifican vastos sectores del progresismo. En este sentido, las declaraciones del secretario adjunto de la CGT Juan Belén, quien calificó a la CTA de "zurda loca manejada desde afuera" encendieron luces amarillas en las entrañas del poder. Hubo un tercer motivo de preocupación en varios funcionarios del gobierno que se sintieron aliviados tras la decisión de la Presidenta de bajar el acto, hecho que dejó tanto a Moyano como a D’Elía totalmente descolocados; ese motivo fue muy bien resumido por alguien que habita un despacho en la Casa Rosada: "El temor era que tras la marcha de Moyano hubiera habido una convocatoria a una contramarcha. Eso ya lo vivimos durante el enfrentamiento con el campo por la resolución 125 y no olvidamos lo mal que nos fue."

La situación de Hugo Moyano al frente de la CGT es difícil. El número de los que no lo quieren va en aumento. "Hugo tiene un doble discurso que se le hace cada vez más difícil de sostener. A los Kirchner les dice una cosa y a nosotros, otra", confesaba en la lluviosa tarde del viernes un sindicalista miembro del consejo directivo de la Confederación General del Trabajo.

Alguien que conoce el pensamiento de Luis D’Elía se explayaba en el mediodía de ayer dando su interpretación del episodio: "Lo más destacado de todo esto fue la foto de Luis con Moyano que impactó a más de cuatro y que, además, fue un mensaje directo para Daniel Scioli. No olvide que Moyano aspira a ser gobernador de la provincia y necesita un compañero de fórmula."

Hablando de D’Elía, en el medio de todo esto surgió su disputa verbal, en la que lo acompañó el jefe del bloque de senadores del Frente para la Victoria Miguel Ángel Pichetto, contra Mirtha Legrand, Susana Giménez y Marcelo Tinelli."Tenemos que parar esto ya. Más allá de lo opinable de sus posiciones, al hablar de la inseguridad no han hecho más que referirse a un problema que está en la agenda prioritaria de la ciudadanía y para la que el gobierno no tiene ninguna estrategia seria y definida", clamaba una voz dentro del oficialismo conciente de que el costo político de este enfrentamiento es enorme para el gobierno.

De todos modos este enfrentamiento no está terminado. La idea de enviarles a los tres los sabuesos de la AFIP ronda por alguna mente afiebrada del poder. Es el método del apriete – siempre repudiable- del que el matrimonio presidencial tanto disfruta.

Los más racionales aseguran que nada de ello ocurrirá. Habrá que esperar.

En la semana hubo un encuentro que no pasó inadvertido: fue la reunión de la Presidenta con la embajadora de los Estados Unidos, Vilma Martínez, de quien el gobierno no se había preocupado mucho hasta aquí. Esto, en realidad, no es ninguna sorpresa. Las gentilezas con los representantes diplomáticos no abundan en la administración de los Kirchner. El motivo del encuentro de la Dra. Fernández de Kirchner con la embajadora tiene que ver con la necesidad del gobierno argentino de contar con el guiño del gobierno del presidente Barack Obama para encarar la reapertura del canje de deuda, la negociación con el Club de París y la consecuente posibilidad de acceder a fuentes de financiamiento externo a tasas más bajas sin ser sometido al monitoreo por parte del Fondo Monetario Internacional.

La interna dentro del justicialismo crece por horas. La pantomima de la reasunción de la titularidad del Partido Justicialista, que nunca abandonó, por parte de Néstor Kirchner ha actuado a manera de un catalizador. La renuncia de Carlos Reutemann a su vocalía dentro del Consejo Nacional del partido, es una muestra de ello. En silencio, el ex piloto de Fórmula 1 ha venido manteniendo contactos con Felipe Solá, el senador por Salta Juan Carlos Romero y Mauricio Macri. "Quiere hacerlo con muy bajo perfil para no sufrir el castigo K. Su idea sigue siendo la Presidencia", afirma una fuente muy cercana al senador santafesino a quien, entre otras cosas, le preocupa mucho el estado real de las arcas fiscales.

Son éstos malos días para Macri. Su gestión hizo agua el viernes por la tarde con la torrencial lluvia que azotó la Capital Federal. Las inundaciones que sufrieron varios barrios de la ciudad –-y no sólo la zona de Pacífico que se sabe deberá seguir penando hasta que se terminen las obras del arroyo Maldonado– han puesto de manifiesto el pobre accionar de un gobierno municipal que ha decepcionado a muchos de quienes lo votaron.

También en silencio, quien viene trabajando sin prisa y sin pausa en el armado de un proyecto diferente es Alberto Fernández. El ex jefe de Gabinete está activo. En estos días tuvo dos charlas importantes con dos gobernadores: una con el de Salta, Juan Manuel Urtubey; la otra, con el de Chaco, Jorge Milton Capitanich. La idea del Dr. Fernández es la crear una corriente que esté igualmente alejada de Néstor Kirchner como de Eduardo Duhalde. Quienes saben de esto aseguran que el temor de Capitanich a ser considerado opositor y sufrir represalias por su actitud es mayúsculo.

Es impresionante observar el clima de miedo que genera el matrimonio presidencial dentro de sus mismas filas.

A propósito de represalias, el que las sufrió fue Eduardo Hecker, quien debió renunciar a su cargo al frente de la Comisión Nacional de Valores (CNV) por presión directa del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno. Hecker es un hombre que supo trabajar con Aníbal Ibarra. Estuvo al frente del Banco Ciudad y de allí pasó a la CNV. Su gestión fue buena y contribuyó a desbaratar maniobras fraudulentas dentro del complejo submundo de la City porteña. Para evitar cualquier ruido, Amado Boudou salió a decir que la decisión de echarlo la había tomando él y que el motivo para hacerlo fueron hechos sospechosos dentro de Papel Prensa que el ex funcionario habría tolerado. Nadie le creyó. Los testimonios de quienes escucharon los gritos que se produjeron en el despacho de Hecker y que precedieron a su dimisión hablan de otra cosa. No por nada Alberto Fernández, que sabe lo que pasa dentro del gobierno al detalle, salió a decir con todas las letras que la renuncia del ahora ex presidente de la CNV no fue "un acto voluntario" –en su renuncia Hecker adujo motivos personales para abandonar el cargo– y, a renglón seguido, a reiterar sus críticas contra el secretario de Comercio Interior.

Como se ve, pues, Guillermo Moreno siempre está y, como dijo alguien que supo ser ministro de Cristina Fernández de Kirchner y lo sufrió: "Mientras el matrimonio Kirchner esté en el poder, Moreno siempre estará."

Comentá la nota