Diálogo de sordos

A veces parece que los palos en la rueda a la gestión de Pablo Bruera no se los pone la oposición, sino los errores de la "propia tropa".

Es indudable que el intendente suele tener la iniciativa política, no sólo por el poder institucional, económico y hasta simbólico que conlleva el ejercicio de cualquier cargo ejecutivo, sino por diversas líneas de trabajo que, más allá de múltiples cuestionamientos, apuntan a cuestiones críticas para los habitantes de la ciudad. Así tenemos los temas ecológicos, disposición de la basura incluida, la reorganización del estacionamiento, el transporte, o la iniciativa del Presupuesto Participativo, por mencionar algunas.

En concreto, y hasta ahora, la oposición a ejercido un cierto poder de bloqueo en el deliberativo local, pero sólo a condición de que el propio bloque oficialista, bastante heterogéneo de por sí, sufriera alguna fisura producto del debate interno, ya sea por cuestiones de principios, de disputas por espacios de poder, o ambas. En ese contexto saltó a la vista que al bruerismo se le está haciendo cuesta arriba mantener el disciplinamiento del bloque y existen econadas disputas internas por el reparto de cargos en el Concejo.

Obviamente, aquí hay un tema de números respecto de mayorías y minorías en el Concejo Deliberante. Y pesan la desigualdad de recursos económicos y organizativos, que muchas veces sirven para alquilar voluntades. Pero también pesan las cavilaciones, dudas, divisiones y reyertas internas de las fuerzas de oposición. Muchas veces proyectadas de los niveles nacionales y bonaerenses al tramado político local. Lo cual refuerza la natural propensión de mucho político argentino al deporte de "la interna".

El proyecto de reforma al código de Planeamiento Urbano fue la víctima propiciatoria que permitió la presentación del documento del diálogo político con la presencia de, al menos, un partido de la oposición: la UCR. Desde los otros espacios del Acuerdo Cívico y Social -frente electoral que compartieron el centenario partido, los militantes de Elisa Carrió y Margarita Stolbizer - se deja entender que existe un estrecho vínculo entre la actual conducción partidaria del radicalismo local y el bruerismo, originada en alguna asistencia al triunfo sobre las huestes del dirigente de la coordinadora, Federico Storani.

Lo que traslució también fue la expectativa del bruerismo de que Unión-Pro participara finalmente de la firma del documento -los seguidores de Carrió se negaron a participar en cualquier diálogo institucional-. E inclusive, no perdieron la esperanza de algún respaldo por parte del Nuevo Encuentro, dada su vinculación con la Central de Trabajadores Argentinos. No se trataría de ingenuidad, sino quizás, de alguna construcción llevada a cabo por el sector más "político" del bruerismo. Construcción que fue dinamitada por tres torpezas notorias: la terrible golpiza a un militante de la Coalición Cívica; la aprobación por parte del Concejo Deliberante de una privatización, la del cobro de derechos de publicidad -en una sesión que resultó conflictiva por los problemas internos del bloque bruerista-; y como frutilla del postre, el intento de hacer pasar "a sangre y fuego" una reforma al código de Planeamiento Urbano cuestionada por donde se la mire.

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