Diálogo y credibilidad

Por: Ricardo Kirschbaum

La salida de Jaime, el cambio de Gabinete y, ahora, la convocatoria a un diálogo amplio sobre economía, democracia y reforma política, han sido gestos del Gobierno dirigidos a reconocer la derrota electoral e intentar retomar la iniciativa perdida. Del polémico ex funcionario se ha dicho que renunció asediado por varios procesos judiciales, sobre todo aquel abierto por los vuelos en un avión que habrían pagado concesionarios del transporte.

El cambio de gabinete que siguió ha sido, en verdad, un enroque de funcionarios, al mejor estilo de Néstor Kirchner, que navega entre la lealtad extrema y la desconfianza radical.

La convocatoria al diálogo es, en sí misma, un hecho auspicioso. Se trata de un gesto que debiera tener un correlato inmediato en la realidad para que vaya más allá de lo formal. El llamado de la Presidenta recepta la inquietud de amplios sectores de la sociedad de ser escuchados. En ese sentido, Cristina parece haber comprendido que debe abrirse al debate y ese hecho, si es genuino, merece ser rescatado.

Hasta aquí, el oficialismo se había movido convencido de que la negociación y el consenso eran sinónimos de claudicación. Enhorabuena que las urnas hayan cambiado ese equivocado criterio.

El llamado presidencial, con algunas sutilezas sobre el apoyo cívico a los golpes de Estado y otras chicanas directas, incluye una cuestión clave: la reforma política. El oficialismo no ha mostrado voluntad de auspiciarla. Las candidaturas testimoniales han sido una cruel burla a la transparencia democrática. Esta convocatoria representará una autocrítica si no es una simple maniobra táctica.

Se precisan hechos concretos para devolverle credibilidad a las palabras. De lo contrario, será una hipocresía.

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