Dialogar, después de la derrota

No es la misma situación, pero hay un hilo conductor que une el escenario nacional y el provincial, en esta urgencia del oficialismo por abrir una mesa de diálogo con la oposición: los Kirchner y el gobernador Juan Schiaretti sufrieron duras derrotas electorales en los comicios legislativos del 28 de junio pasado.

Por Julián Cañas.

El "día después" de la advertencia que el kirchnerismo sufrió en las urnas, la presidenta Cristina Fernández hizo una lectura llamativa del resultado: consideró que el Gobierno nacional había ganado, aunque "por poquito", parafraseando a su esposo Néstor Kirchner.

El análisis poselectoral de la Presidenta contrastó con la actitud democrática del ex presidente, quien admitió la derrota en el influyente territorio bonaerense por escaso margen, entrada la madrugada del 29 de junio.

La Presidenta consideró que ganó, pero a los pocos días propuso algo que ni siquiera amagó a impulsar durante los 18 meses de su gestión: dialogar.

Fiel a su costumbre de tratar de llevar la iniciativa, el Gobierno nacional puso límites precisos al debate: la reforma política. Casualmente, el mismo tema que introdujo Schiaretti, luego de su ajustado y polémico triunfo sobre Luis Juez en 2007.

Esto generó un revuelo en la oposición, que reclama una agenda ampliada, sobre cuestiones que suenan urticantes para la Casa Rosada.

Todos los partidos están de acuerdo con que es imprescindible una reforma política en el país. Pero la iniciativa corre el riesgo de naufragar, ya que los opositores quieren discutir otros temas, que el Gobierno nacional viene esquivando desde hace años.

No obstante, el kirchnerismo está en un escenario extraño para su apetito de poder: ya no tiene la mayoría del respaldo en las urnas.

Ampliada invitación. En Córdoba, la iniciativa de diálogo se insinuó en la campaña electoral. Luego, Juez se anticipó e instaló el tema, al pedir una audiencia con el gobernador.

Al Gobierno provincial le cayó como anillo al dedo esta postura. Amplió la invitación a los restantes partidos con representación en el Congreso nacional, con el objetivo de recortarle protagonismo a Juez.

De paso, Schiaretti se subió a esta propuesta con dos objetivos: menguar las secuelas de la derrota electoral del PJ y sumar presión a los K con los partidos que cosecharon más de 90 por ciento de los votos en la provincia.

El temario de discusión en Córdoba es más amplio. Excepto el kirchnerismo, todos están de acuerdo con una nueva ley de coparticipación y que la Nación cumpla con los compromisos contraídos con la Provincia.

Pero los opositores cordobeses también intentan que esta mesa no sea una estadía tranquila para el gobernador. Sacaron a relucir el tema de la deuda provincial, una cuestión escabrosa para el PJ.

Nadie es ingenuo en este juego cruzado, en el cual todos los protagonistas tratan de llevar agua para su molino. Los oficialismos –el nacional y el provincial– buscan ocultar lo más posible el revés electoral. Los opositores, más que colaborar con los mandatarios de turno, tratan de presionarlos con temas incómodos. Nada extraño en la política nacional y local.

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