La devaluación de la palabra

Por: Ricardo Kirschbaum

Hay una devaluación de la palabra y de valores. No importa lo que se haya sostenido poco tiempo antes ni tampoco el significado profundo de los valores que se dice defender. Lo que verdaderamente pesa es la oportunidad y la ventaja.

Independencia de los poderes, federalismo o libertad de expresión son invocados como valores centrales, pero no únicos, de la democracia argentina. Pero es tanta la distancia entre su encendida defensa y la realidad, que esas invocaciones terminan siendo inflamadas expresiones verbales.

Las declaraciones de la senadora correntina que mudó su voto por la ley de medios son explicativas de un sistema en el que el federalismo es sólo un do de pecho para discursos de barricada. Kirchner, como gobernador, defendió el federalismo. Como Presidente y como jefe político de Cristina, actúa como un unitario feroz. Lo que prima es el uso, no los valores.

Lo que la legisladora dijo en su defensa sirve para desnudar lo que todos saben: el canje de votos es una práctica permanente, casi extorsiva.

La libertad de expresión, es otro caso digno de estudio: los discursos exaltan este valor pero su práctica es molesta. La convivencia con un periodismo crítico es, para muchos, insoportable. Muchos discursos en el Senado mostraron con transparencia esa resistencia al ejercicio pleno de la libertad de expresión, atribuyéndole al periodismo todos los males: desde el destape de la trama oculta del asesinato de una chica hasta la calificación de genocida de un general condenado por la Justicia.

Esos fueron los ejemplos más groseros. Hubo otros más sutiles pero igualmente intolerantes con valores que se subalternizan a necesidades políticas provinciales, partidarias o personales.

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