Una deuda que exige diálogo y no disputas

Por José Ignacio López

Ojalá que el llamado del Papa obre como argamasa y no como leño para la riña política. Ojalá que por fin, por una vez, la dirigencia de todo orden y color, oficialismo y oposición, se sienta igualmente interpelada y no se enrosque en el habitual e inconducente debate que apunta a cargar las culpas en la espalda del otro.

La pobreza, el hambre y la inequidad social son un escándalo y esa expresión empleada por el Papa en su mensaje de aliento a la colecta Más por Menos ya fue acuñada por los obispos argentinos al proponer, precisamente, como prioridad nacional para el Bicentenario (2010/2016) la erradicación de la pobreza y el desarrollo integral. La gran deuda de la democracia, la deuda social,es un problema moral que afecta la dignidad y clama por un cambio de conducta. "Pero sólo habrá logros estables por el camino del diálogo y del consenso a favor del bien común", se dijo en aquel texto episcopal y se reiteró aquí y en Roma en los encuentros que los obispos mantuvieron con Benedicto XVI, en los primeros meses de este año.

Ojalá que la repercusión conseguida por Benedicto XVI conmueva más allá de la retórica y el sentimentalismo y logre articular un espacio de diálogo fecundo capaz de gestar un acuerdo mínimo que conduzca a universalizar un subsidio social. Alentada por los obispos de Pastoral Social, con Jorge Casaretto a la cabeza, la Comisión Nacional de Justicia y Paz y Caritas , presidida por el diocesano de Merlo-Moreno, Fernando Bargalló, venían ofreciéndose sin estridencias ni ampulosidades para vertebrar lo que es declamado como propósito por todos los sectores políticos.

Antes de la campaña, en un encuentro en que se había invitado a economistas de diferentes corrientes a encontrar comunes denominadores que pudieran desembocar en un proyecto de universalización. Sería un primer paso. Ojalá que el breve pero gravitante texto del Papa fertilice aquélla gestión de cuyos propósitos está bien enterado el ministro del Interior, Florencio Randazzo. La primera reacción, anoche, del ex presidente Kirchner invita a preguntarse si no habrá comenzado a abrirse un primer resquicio,

Así como de la mano del Papa "el escándalo de la pobreza" se filtró para conmover ¿será que también se abrirán oidos y conductas para reconocer que la experiencia histórica ha demostrado que por el camino de la controversia se profundizan los conflictos, y se perjudican especialmente los más pobres y excluidos, como también escribieron los obispos?

Sugerentemente, en ese documento titulado "Hacia un Bicentenario en justicia y solidaridad" los obispos escribieron: "Muchos signos nos hacen pensar que está por nacer un país nuevo, aunque todavía no acaba de tomar forma". ¿Será que en el futuro podremos decir que esta carta del Papa operó, por fin, como el principio de un gesto liminar?

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