La deuda deja en caminos separados a Néstor y Cristina

El ex presidente coquetea con la idea de crear una comisión investigadora para retomar la iniciativa política frente a la embestida opositora. Pero la jugada choca con las aspiraciones del Gobierno de seducir a los mercados y acordar con los bonistas.
Enredado en una trama inesperada, el gobierno nacional discute por estos días cuál es la estrategia que puede rescatarlo de la crisis y devolverle la iniciativa política. El anhelo oficial de retornar al mercado de crédito internacional de la mano del Fondo del Bicentenario naufraga y el matrimonio presidencial lo advierte. Eso explica que, en la última semana, Néstor Kirchner haya comenzado a prestar una atención inusual a los planteos de impulsar una investigación sobre la deuda externa, histórica bandera de la izquierda desde el retorno de la democracia. Según pudo saber este diario de fuentes oficiales, la primera en oponerse a cualquier amague de revisión parece ser la propia Presidenta. El miércoles pasado, durante su visita a Lanús, Cristina fue terminante. "El momento de analizar si la deuda que dejó la dictadura es legítima o ilegítima era durante el primer gobierno democrático. Ahora hay que ser serios y sensatos", sentenció.

El plan B del Gobierno es ambicioso y va a contramano de la historia económica del kirchnerismo, que –pese a sus malos modales– hizo un dogma del cumplimiento de las obligaciones externas.

Los borradores que analizan en la residencia de Olivos incluyen la creación de una comisión bicameral que investigue la deuda externa durante un plazo mínimo de seis meses y la presentación de nuevas denuncias ante la Justicia. Una variante que se estudia para no escandalizar a los acreedores es que la presentación corra por cuenta de un diputado afín al Gobierno. La idea ya fue conversada con representantes de partidos aliados al oficialismo que integran la Cámara de Diputados.

En ese marco, en los últimos días se incrementaron también las consultas con economistas cercanos. Una comisión investigadora debería revisar la evolución de la deuda y la actuación del ministro de la última dictadura militar, José Alfredo Martínez de Hoz, pero también el papel de los ministros de Economía de Raúl Alfonsín y de Domingo Cavallo en su doble rol de funcionario de Carlos Menem y artífice del megacanje de títulos de la deuda que ejecutó en 2001 la administración De la Rúa. Este último caso fue mencionado por Cristina Fernández de Kirchner más de una vez desde que estalló la crisis del Central. Pese a eso, la última semana, en Casa Rosada, la jefa de Estado fue terminante. "Cuando era más jovencita, en los años 70, me hubiera visto vociferando contra el imperialismo yanqui, contra el FMI. Hoy tengo 56 años (...) ahora soy presidenta de todos los argentinos (...). Las reservas son de los argentinos, pero las deudas también, y tenemos que hacernos cargo con responsabilidad". Coherente con la estrategia de "volver al mundo", el ministro de Economía, Amado Boudou, le dijo ayer a C5N que se está "trabajando normalmente en el canje de deuda". Según afirmó, en los últimos días hubo dos "espaldarazos" al canje. "Primero, a partir de las declaraciones de la Presidenta sosteniendo la propuesta, los títulos argentinos subieron, y luego los comentarios de la Comisión de Valores de Estados Unidos que son un paso administrativo necesario para avanzar en el proceso".

Cerca de Kirchner sostienen que el ex presidente tiene la tentación de patear el tablero. "Él nunca salta para atrás. No vería mal un debate sobre la deuda en el Congreso", aseguró ayer un funcionario nacional. No sería la primera vez que el oficialismo da un giro intempestivo. Kirchner descubrió los perjuicios que generaba el monocultivo de la soja cuando el ruralismo se plantó frente a la resolución 125, erradicó el sistema de jubilación privada en el momento que necesitó los fondos, apostó a la convivencia con Clarín hasta que decidió la guerra, y se llevó de maravillas con Martín Redrado hasta que el presidente del Banco Central lo desobedeció: sólo allí recordó que el Golden Boy nunca había cambiado de principios. Si vuelve a reaccionar igual ante la nueva crisis que lo doblega, la Casa Rosada estaría retomando el camino que eligió el presidente de Ecuador, Rafael Correa, asesorado por el historiador Alejandro Olmos. El argentino que integra la comisión investigadora ecuatoriana es hijo del periodista que en 1982 denunció ante la Justicia la ilegalidad de la deuda argentina y que, ante la indiferencia de la clase política, batalló durante años para que se investigue su origen fraudulento.

En 2000, poco después de la muerte de Olmos, el juez federal Jorge Ballesteros declaró "ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta" la deuda externa. Ese fallo es el antecedente más importante que se evalúa.

El plan de volver a los mercados y honrar las deudas derivó en un escenario en el que el Gobierno se ve acorralado, por izquierda y derecha. Kirchner expresa su desconcierto con una queja: "Están judicializando la política". Alude, de esa forma, al eco encontrado por los representantes de la oposición en el juzgado de María José Sarmiento, que bloqueó con sus decisiones tanto el decreto que ponía en marcha el Fondo del Bicentenario como aquel que echaba a Martín Redrado de la jefatura del Banco Central.

Por eso, a su lado, consideran que discriminar qué parte de la deuda es legítima y qué parte ilegítima provocaría un cimbronazo internacional pero le permitiría a la pareja gobernante recuperar la iniciativa en torno a un debate hasta ahora sepultado, obligar a definirse a todo el arco político y, sobre todo, golpear duramente a la UCR, el partido que se reconstituye de cara a la elección de 2011. "Cualquier investigación demostrará que el radicalismo está muy involucrado en la deuda", amenazan en el oficialismo. Si, como se prevé, la iniciativa no prospera, el kircherismo tampoco pagaría costos internos.

Lo cierto es que, desde 2003, la administración K mantuvo una férrea disciplina a la hora de cumplir con los vencimientos y llegó a pagarle 10 mil millones de dólares por adelantado al FMI en 2005. Si el giro de 180 grados que azuzan en Olivos se inicia, vendría acompañado por un movimiento de corto plazo: la alternativa de Mario Blejer en lugar de Redrado quedaría descartada. Y por la necesidad de hacer frente a un desafio mayor: discernir la deuda ilegítima de la legítima en medio de la mutación del mercado financiero mundial, un escenario global impensado en los ochenta, donde la consigna del "no pago" cosechó las mayores adhesiones.

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