Detrás de las cámaras.

RACING: El gran éxito de Caruso se sostiene en su equipo de trabajo. "Ni les pregunto qué hacen", dice el técnico.
"¡Uia!, ¿Qué pasó?, ¿Se metió un sacerdote entre nosotros?". No puede evitarlo, su sentido del humor es incontenible: al ver la vestimenta de Daniel Tomasone, Ricardo Caruso Lombardi le dispara una broma y se hace la señal de la cruz ante el médico, otro personaje simpático que, además de doctor, es técnico y ex arquero campeón con All Boys. Ya están todos listos, acomodados para la foto con Olé, pero sólo falta que Richard, inquieto, deje de hacer chistes y se sume al grupo. Una vez que eso ocurre, se para atrás de sus colaboradores, esos que en silencio, con perfil bajo, lo ayudaron a construir este Racing trepado a una racha de ocho partidos sin derrotas. Lo hacen lejos de las cámaras, de los autógrafos, de la fama, en pleno anonimato, sin los flashes que siempre acompañan al entrenador.

Allí están Horacio Montemurro, Roberto Antelo, Juan Chumba (sus ayudantes), Ariel Perticarari y Claudio Osella (sus preparadores físicos). Toda gente del Ascenso, todas personas sencillas en las que anida ese espíritu de lucha que engendraron desde las categorías más bajas. Se trata de un cuerpo técnico numeroso, pero muy unido y con objetivos claros. "Somos los intocables", define el técnico, pero no en alusión a la película ni a Eliot Mess. "Digo eso porque más allá de las discusiones futbolísticas que tenemos, somos muy respetuosos entre nosotros. Y confío tanto en ellos que ni siquiera les pregunto qué es lo que hacen. Cuando el equipo va rindiendo, es porque tu cuerpo técnico trabaja bien", añade, orgulloso de la esencia del grupo: "Somos gente muy laburadora y preparada para convivir. No nos la creemos. Podemos andar bárbaro en el campeonato o consolidarnos en Primera, aunque nuestra calidad humana no cambiará nunca".

Dado que el plantel cuenta con 39 futbolistas, Caruso reparte a sus laderos en diferentes sectores de la cancha durante las prácticas para que "vean cosas diferentes. Antelo y Montemurro son mis ayudantes de campo y a veces mis espías. Chumba trabaja de manera impecable con los arqueros, pese a que él nunca atajó. Los Profes lo mismo y Tomasone la tiene tan clara que hasta es director de un hospital".

Lo tiene de hijo. De sus cinco colaboradores, Antelo es quien más gastadas recibe del DT, a quien conoce desde el año 94. "Me dice que soy un pescado, porque nada, nada y nada. Me carga, dice que no hago nada, ja. Era vecino mío y empecé laburar con él como espía en Defensores de Belgrano", recuerda el AC, quien tiene otra función junto con Montemurro, además de ver videos de los rivales. "Ricardo nos pide que, por cábala, le elijamos el conjunto de ropa que va a usar en cada partido", revela Antelo. Montemurro, uno de los últimos en incorporarse al equipo de trabajo, comenta: "Nos conocemos desde los diez años, cuando empezamos a jugar juntos en las Inferiores de Argentinos. Es un loco lindo, una persona sana", dice de Richard el ex marcador central aguerrido.

Hay química entre ellos. Les basta un gesto para entenderse a la perfección. "Con sólo mirarnos durante un partido, ya sabemos lo que pensamos cada uno. Caruso es muy abierto y flexible en un montón de cosas. Me deja resolver bastante desde lo físico y puedo hablar en lo técnico y táctico, ya que fuimos compañeros de equipo", resalta Perticarari. Fue por intermedio suyo que Osella desembarcó en Racing. Y el otro Profe no deja de sorprenderse por el buen humor del entrenador: "Siempre tiene un chiste a mano o un sobrenombre. Como me salieron unas manchitas en la piel, me llama Vaquita de San Antonio. Como yo lo conozco hace muy poco, todavía no me animo a responderle nada, ja".

Aunque se la ha visto poco, también existe la cara del Richard afligido. "Cuando perdemos está dos o tres días caído. Ese es su duelo, es la forma en que vive. Nosotros lo apoyamos en todo y lo que pide lo hacemos. Nos la pasamos analizando a los rivales y le informamos sobre eso para que él luego les transmita a los jugadores", explica Antelo. Detrás del Caruso mediático, seis fieles a él lo apuntalan desde la sombra.

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