Qué hay detrás de la amistad entre Moreno y Moyano

Qué hay detrás de la amistad entre Moreno y Moyano
Se identifican como peronistas ortodoxos y adhieren a las políticas kirchneristas. Respeto y mutua ayuda.
Se conocieron en un asado en el gremio de los Peones de Taxi, dirigido por Omar Viviani, en las primeras horas del kirchnerismo. Los presentó el dirigente de los taxistas, que conocía a Hugo Moyano tan bien como a Guillermo Moreno, entonces secretario de Comunicaciones. Los dos hombres más temidos por empresarios y adversarios no sólo tienen una historia en común. Trabajan juntos, “en equipo”, para beneficio mutuo.

“Como peronistas, tanto ‘el Negro’ como Moreno son ortodoxos y antimenemistas. Son parecidos y se llevan bien. Moreno siempre está al pie del cañón. Lo llamás por cualquier quilombo, aunque sea un domingo a las 12 de noche, y el tipo responde a los pedidos de los gremios”, dice un dirigente de la CGT. “La última vez que lo vimos, uno de los muchachos le dijo: ‘Bajaste diez kilos. Empezá a morfar que como estás no podés ni dormir’”. El cegetista agrega: “Lo cierto es que los dirigentes sindicales sabemos que si no fuera por Moreno, el kilo de carne saldría ochenta pesos”. Y los acuerdos salariales quedarían pulverizados.

La relación se gestó cuando Moyano lideraba el MTA y Moreno participaba de las reuniones de economistas que asesoraban a la futura CGT rebelde. Estos dos pesos pesados comparten más que una buena relación con Néstor Kirchner. Para los moyanistas, “napia es un buen compañero. No da vueltas. Cuando Moyano tuvo conflictos salariales y de encuadramiento con las cerealeras y petroleras, Moreno colaboró apretando a los pools de siembra y a Repsol YPF”, recuerdan cerca del camionero. Moyano además intervino para pedirle al temido secretario de Comercio que les tire una soga a gremios amigos. “Los muchachos lo vienen a ver a Hugo y él levanta el teléfono y lo llama a Moreno. Basta con que le pida que le solucione el problema y Guillermo aprieta a las empresas”, relata un moyanista. “Cuando empezaron los despidos y amenazas frente a la crisis financiera, Moreno llamó a Hugo para ver en qué podía colaborar”, añade.

En 2002, Moreno integró los equipos técnicos del PJ porteño, representando a los profesionales peronistas. Allí tendió lazos con Viviani, de la CGT rebelde. Junto a Amadeo Genta y Alberto Iribarne, entre otros, comandaron juntos la interna partidaria contra Miguel Angel Toma y Cristian Ritondo. “Todavía hoy, en la interna del PJ porteño, Moreno juega con nosotros”, dice un sindicalista del partido. Fiel a los códigos sindicales, durante la crisis por la escasez de gas en 2007, Moreno llamó a las petroleras para exigirles que les vendieran nafta a los taxistas al mismo precio del GNC, “para que los muchachos puedan laburar”.

Otro amigo-asesor de Moyano dice que “al principio de 2003, cuando Hugo venía de apoyar a Rodríguez Saá en las elecciones, y Moreno a Kirchner, Guillermo lo prepoteó un par de veces al Negro. Moyano dijo: ‘¿A este quién se lo comió? ¿De dónde salió?’. Después la estrecha relación entre Julio De Vido y Hugo hizo que Moreno aflojara del todo”. Otra versión ubica a Moreno en las reuniones entre De Vido, José López y Ricardo Jaime en la casa del líder camionero para armar la embestida anti-albertista en el peronismo capitalino durante 2003.

“Hugo y Moreno tienen personalidades similares. Son los dos muy estructurados y verticalistas. Moyano lo ve como un hombre muy eficaz”, dice un viejo amigo del sindicalista. El camionero incluso aprobó el ingreso del secretario de Comercio en uno de sus territorios más fuerte, el Mercado Central, para que el funcionario ultra K tomara manos en el asunto inflacionario y controlara los precios del estratégico centro de ventas. Allí, los camioneros se encargan del transporte de las frutas y verduras de la zona metropolitana.

La crisis financiera internacional y sus consecuencias en la economía local acercaron aún más a Moyano y Moreno. Entre algunos de los gestos políticos que los sindicalistas agradecen al funcionario, un dirigente evoca uno de los últimos aprietes patrióticos del secretario. “Chrysler acababa de modificar la cúpula gerencial, cuando Moreno se enteró que iban a despedir personal de la empresa y llamó a la nueva jerarquía para advertirles que frenaran los despidos o él mismo se iba a ser cargo de responsabilizar personalmente a los gerentes de la compañía por los hechos”, relata el dirigente testigo.

La patota política desembarca en el Conurbano

Las tropas leales al secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, están estableciendo las cabezas de playa para el desembarco que hará el polémico funcionario ultra K, a principios de marzo, en la región del Conurbano bonaerense, territorio donde se desarrolla la batalla más dura de la interna peronista.

“Acá hay muchos caciques y faltan indios que se pongan a trabajar. Nosotros venimos para hacer el nexo entre Puerto Madero y el barrio. Lo vamos a hacer con bajo perfil y mucho respeto, no venimos a patearle la puerta del despacho de ningún intendente”, explicó a PERFIL uno de los soldados de Moreno que ya estableció el primer campamento en La Matanza, histórico bastión electoral del PJ.

Moreno tiene la misión de “alinear la tropa y evitar insubordinaciones”, observó un funcionario de la Jefatura de Gabinete que prestó oído a las quejas que plantearon algunos intendentes con respecto al desembarco del secretario de Comercio Interior en tierras bonaerenses. “Claramente nosotros no aprobamos ese método, pero en Olivos le abrieron la tranquera”, se quejó la misma voz.

Las incursiones de las tropas morenistas ya hicieron algunas incursiones por los partidos de Tres de Febrero y Merlo. Pero donde tienen el campamento más importante es en La Matanza.

Uno de los soldados reconoció que “se está trabajando para apoyar a Alberto Balestrini”. El vicegobernador de Buenos Aires está preparando el escenario para las elecciones legislativas de este año.

Los cuadros técnicos, políticos y patoteriles que tuvieron como nido el INDEC y la Secretaría de Comercio Interior, y que se foguearon en la guerra contra el campo por la polémica resolución 125, ahora están desplegados en el Conurbano bonaerense.

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