El desvelo de Scioli y los 3 intendentes al teléfono

Daniel Scioli tiene por delante una multiplicidad de temas por resolver si quiere mantenerse entre los posibles hombres de recambio a un eventual kirchnerismo derrotado o en retirada.
Pero lo que siempre tuvo en claro, y estas semanas lo ayudaron a confirmar, es que sin un armado político propio su sueño y el de los que lo rodean quedará muerto antes de arrancar.

Todas las semanas, desde hace quince días, una decena de funcionarios y legisladores de su más estricta confianza discuten los temas que más preocupan a los bonaerenses y disparan luego para ejecutar los roles que le han sido asignados. La legislativa próxima y la cantidad de personas de confianza que contendrán esas listas determinarán hasta qué punto es factible la soberanía política provincial.

Alberto Pérez, el jefe de Gabinete de ministros, supliendo la ausencia del gobernador en la Casa de Gobierno por su afán de recorrer por lo menos tres distritos por día; Guido Lorenzino y Martín Ferré a articular en la Legislatura y a través de declaraciones dejar en claro cual es el pensamiento de Scioli sobre los temas de la agenda cotidiana. Alberto Balestrini, el vicegobernador, prefiere seguir cultivando su rol de cuidador oficial del PJ bonaerense.

Justamente allí es donde fijaron la vista los principales asesores de Scioli. Presienten que el tiempo de los kirchneristas furiosos acabó pero no pueden darse el lujo de pelearse con quien maneja los recursos nacionales que tanto necesita y que tan aceitada tiene la relación con los intendentes del Conurbano.

Justamente un puñado de jefes comunales han tenido este fin de semana algún tipo de contacto con su ex jefe político, hoy armador del polo opositor peronista conocido como la Triple Alianza.

Eduardo Duhalde, de él se trata, ha recibido el llamado de por lo menos tres intendentes a los que conoce desde su tiempo como gobernador bonaerense. Estos le transmitieron, no con poca sorna, la crispación que generó en Olivos la foto de mediados de semana entre Mauricio Macri, Francisco De Narváez y Felipe Solá y cómo se pusieron en marcha para rediseñar la estrategia comunicacional que los lleve al mejor puerto posible en octubre próximo.

Sin embargo, los tres protagonistas principales de esta historia tienen problemas comunes: los mismos que dicen acompañarlos sólo piensan en su inmediata subsistencia, y así lo hacen saber cuántas veces sea posible.

A mediados de semana, Graciela Rosso, de Luján, fue tajante sobre uno de los temas que desvela a Scioli desde fines del año pasado: el juego y sus consecuencias sociales y económicas. La intendenta es una de las pocas que perdió su interna justicialista y necesita rehabilitarse electoralmente. En pleno acto, y ante un atónito gobernador, que medita qué pasos tomar sobre la actividad lúdica, le pidió directamente que cierre la sala de bingo que tiene en su localidad porque con el avance de la pobreza también aparece la desesperación de la gente por salvarse a través del juego.

Si bien a Scioli le puede servir porque con esa sala compensaría a alguna localidad que requiere una apertura nueva, hacerlo bajo semejante presión, con un discurso similar al que utiliza la Iglesia Católica en su contra, es mucho más de lo que él pueda soportar.

Kirchner notó que por más obras que prometa, para algunos su ciclo está llegando a su fin. Pablo Bruera, en La Plata, no tuvo empacho en recorrer toda la extensión de la autopista Ricardo Balbín para fotografiarse con Mauricio Macri el día después que éste hiciera lo propio en la presentación del armado peronista opositor con De Narváez y Solá.

Para que hablen mal en la Rosada, el intendente platense estuvo sellando un acuerdo vial justo el día que la hermana Alicia, una de las hipotéticas candidatas también en la Provincia, estuvo al lado de la Ciudad Capital bonaerense, en Berisso.

¿Y Duhalde? “Le encanta que lo sigan llamando, que le pidan consejo, que lo alienten en el fin del kirchnerismo, pero detesta que nadie quiera sacarse una foto con él”, le confesó a 24 CON uno de sus armadores principales.

Así las cosas, todo parece ser un intrigante juego donde cada jefe comunal mueve su ficha pero esconden, sigilosamente, cual es su verdadera estrategia.

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