El destino de “Buscapé” y el de “Zé pequeño”

El futuro de los adolescentes adictos depende de que se diseñen e implementen políticas de Estado que reflejen el imaginario de los jóvenes de este complejo siglo XXI. Por Nora Lía Jabif - Redacción LA GACETA.
“Ya robé, ya maté, ya me drogué. Ya soy un hombre”, dice un niño de 11 años, en una secuencia de “Ciudad de Dios”, la película del brasileño Fernando Meirelles que muestra por dentro la tragedia de la droga en una favela brasileña. En ese filme hay dos personajes centrales y al mismo tiempo contrapuestos, “Buscapé” (Cohete) y Zé pequeño”. Buscapé es el que se salva del mundo de la droga gracias al “destino” y a una historia familiar de contención, no obstante la pobreza. El destino está puesto en alguien que le regala una cámara fotográfica, y que le propone que registre la vida en la favela (en la que no ingresa la prensa) para un diario carioca. La cámara no es casual, porque es: 1) una herramienta de trabajo, en un universo en el que la mayoría de los adolescentes no trabaja ni estudia; 2) un elemento que permite dar testimonio de la realidad y ; 3) un “ojo” que le permite a Buscapé mirar la favela desde afuera, correrse de ese universo fatídico. Zé pequeño, en cambio, termina acribillado en un enfrentamiento entre pandillas.

Por estos días, muchos tucumanos han “despertado” a la noticia de que en Tucumán hay barrios que, en cierto modo, se parecen al infierno que retrata Meirelles en su película. Desesperadas, fueron las madres de adolescentes víctimas del “paco” (una droga de altísima toxicidad que provoca un serio deterioro físico y neurológico a quienes la consumen) del barrio La Costanera las que pusieron a su entorno en el ojo de la opinión pública tucumana. Esa exposición del barrio Costanera merece dos reflexiones: por un lado, hay que sortear el riesgo de estigmatizar a una comunidad entera en la que no sólo hay adolescentes que consumen “paco”; por el otro, el drama del consumo creciente de sustancias tóxicas trasciende el Costanera, tal como se desprende del informe del Programa Universitario de Atención de las Adicciones (PUNA) que indica que aumentaron un 85% las consultas a ese organismo.

Sorteado el señalamiento sobre los riesgos de la estigmatización del barrio Costanera, vale recordar que la problemática de la droga trasciende con holgura la cuestión policial: la droga es una mercancía que tiene un valor de uso determinado, lo que debería obligar a poner más el acento en el proveedor que en el consumidor, como opinaron en la edición del miércoles de LA GACETA distintos expertos a quienes se consultó sobre el polémico proyecto de despenalización del consumo. 

El problema no es lineal, y por lo tanto reclama respuestas complejas. Veamos algunos testimonios de las “madres tucumanas del paco” que hablan de la complejidad de la cuestión: “No nos interesan las escuelas nuevas ni el asfalto”; “prefiero a mi hijo encerrado en el Roca que en la calle; por lo menos, ahí no lo matarán”. El edificio de la escuela del barrio Costanera no sólo es nuevo; es, además, uno de los mejores de todos los edificios escolares que se han inauguraron en los últimos tiempos en Tucumán. Sin embargo, muchas madres se niegan a matricular a sus hijos en ese establecimiento; aunque desde el Estado se insiste en las bondades de que los chicos estudien “en la escuela más cercana a casa”, ellas prefieren llevarlos “a una escuela del centro”, aunque ello implique gastos extras en transporte y en tiempo. Ellas quieren para sus hijos la historia de “Buscapé”, al que el destino le permite romper con su entorno originario y fatídico. 

Lo que también están sugiriendo esos testimonios es que una buena escuela no se agota en un buen edificio, a pesar de que este sea un elemento importante. Aunque desde el ministerio de Salud de la Provincia se señala que hay una política para los jóvenes, los resultados a la vista indican por lo menos que con lo que hay no alcanza, ni en asistencia ni en prevención de las adicciones. Al parecer, persiste la idea de dividir las responsabilidades de esa área, que hasta ahora están a cargo del secretario Alfredo Miroli. La parte “dura” -la asistencia al adicto- pasaría al sector Salud, a cargo de Pablo Yedlin) en tanto que Miroli quedaría en el área de “prevención”. Sin embargo, se sospecha que la prevención no amerita una secretaría, sino que debería ser encarada de un modo sistémico, con la escuela y el Caps como protagonistas no excluyentes. Alguna mente lúcida ha dicho que la política actual -los políticos actuales- les habla desde los códigos gastados y rancios del pasado a las generaciones del presente.

Las estrategias que siempre ha cultivado el secretario Miroli (autor de los personajes “Fleco” y “Male”) están a un abismo del imaginario y de las experiencias de aquellos adolescentes y jóvenes que, como el personaje de “Ciudad de Dios”, afirman, a los 11 años: “he robado, he consumido, he matado, soy un adulto”. Si no hay un golpe de timón en esa área, en Tucumán habrá cada vez más “Ze pequeños” y menos “Buscapés”.

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