Destacan la importancia del estímulo tributario

Proponen abrevar en la experiencia chilena
El componente tributario no es ajeno a la dimensión que la fuga de capitales alcanza en la Argentina.

En su trabajo Historia, presente y perspectivas de la fuga de capitales , publicado en mayo de 2007, los economistas Jorge Gaggero, Claudio Casparrino y Emiliano Libman, hacen una particular mención de este factor y observan que "una particularidad tributaria de la Argentina acarrea una gran pérdida de recursos a favor de fiscos extranjeros y en beneficio del margen de las multinacionales".

Gaggero explica que la alícuota del impuesto a la renta que cae sobre las empresas en nuestro país es relativamente alta. "Llega al 35%, nivel usual en las economías desarrolladas. Esto supone un incentivo que alienta a las firmas multinacionales (y a muchas locales también) a utilizar «paraísos fiscales» y otros instrumentos de evasión/elusión disponibles para reducir su tributación en el país."

A esto agrega que la alícuota máximas para las personas (del 35% también) es relativamente baja, lo que genera una pérdida de recursos derivada del bajo nivel de la tributación de los accionistas de estas empresas.

"La remisión de utilidades de las multinacionales -que terminan siendo distribuidas entre los tenedores de sus acciones del exterior- sólo está alcanzada aquí por la alícuota del 35%, mientras que esos accionistas terminan pagando en sus países bastante más del 40% por los beneficios generados en la Argentina", apunta.

Esta diferencia estimada de hasta siete puntos entre la imposición local y la externa supone una cesión de recursos fiscales locales potenciales a favor del mundo desarrollado, o a favor del resultado neto de las empresas extranjeras y sus accionistas cuando las operaciones son "trianguladas" a través de "paraísos fiscales".

Una estimación del orden de magnitud potencial de estas pérdidas realizada para la Cámara de Diputados de la Nación -suponiendo que la alícuota marginal máxima para personas pudiese ser elevada al 40%- y que tomó la distribución como dividendos del total de las utilidades registradas en 2005 calculó el perjuicio para ese año en unos US$ 700 millones.

Para tratar de combatir estos incentivos, el trabajo pone la mirada en la experiencia chilena. Allí la alícuota empresarial de ganancias es del orden del 17% y la marginal máxima para personas, de alrededor del 40%. El sistema, además, premia la reinversión de utilidades, que limita la carga tributaria para empresas que no las distibuyan entre sus accionistas, lo que favorece que los recursos se vuelquen a la actividad.

"La cuestión relevante que la configuración chilena aún no parece resolver es la distributiva, debido a que el quizá desmedido premio otorgado a la reinversión estimula la acumulación de patrimonios en pocas manos, básicamente en las de los accionistas de las empresas beneficiadas."

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