Destacan la elección de Susana Salerno como Presidenta del Club Naútico

Destacan la elección de Susana Salerno como Presidenta del Club Naútico
Una enérgica defensa a la designación como Presidenta del Club Náutico de Mar del Plata (elección de por medio) de Susana Salerno motivó a Samuel Eduardo Dlin, quien a su vez resalto la figura del padre de la novel titular de esa entidad deportiva. Rechaza además las críticas que ha sido objeto, ya que entiende se realizaron "con la intención de mostrar un color político que seguramente no existió"
La nota del marplatense dedicado, en los últimos años, a la seguridad en las salas de juego, dice textualmente:

Señor Director:

He leído en algún lado con mucho dolor una nota que de por sí misma debería alegrarme.

Susana Salerno ha ganado una puja por la Presidencia del Club Náutico Mar del Plata. Esa entidad que durante décadas fomentó el crecimiento de muchos que antes y hoy representan personas honorables en generar las opiniones de nuestros conciudadanos, amigos y compañeros.

Porque aquellos que jugaban en la niñez entre los campeones olímpicos de remo, o disfrutababan viendo los entrenamientos de Güiscardo, o los partidos de tenis con la asistencia de Escribano, Nora Somoza, o las travesuras de los niños en la playa o en la suegra de remo hoy son las personas visibles que tenemos como vecinos. Obvio hablar de Guillermo, su fama nos supera.

Pero en esa nota teñida de mezquindad o ignorancia, donde solamente se ve la intención de mostrar un color político que seguramente no existió, se oculta la entrañable bajeza de su autor.

Susana Salerno, al igual que su hermana Alicia, se criaron en el Club. Crecieron, jugaron al tenis, nadaron, remaron, hicieron vela, asistieron a las reuniones juveniles y finalmente se incluyeron en la sociedad marplatense como la mayoría de quienes crecimos allí, la mayor parte del día que nuestros padres nos podían mandar.

El Club no era ni es una institución excluyente. Aceptó a quien tuviera la férrea voluntad de crecer en comunidad. Como lo fue el padre de Susana.

Una persona trabajadora de sol a sol, que disfrutaba culminando su semana de labor con un baño en el mar o varios partidos de tenis. Un tenis que amaba. Un tenis que llevaba en la sangre igual que su esposa Teresa, madre de Alicia y Susana. Un tenis que finalmente, lo llevó a fallecer en una cancha, en un partido de tenis, en ese club tan querido donde estuvieron depositadas las ilusiones de una generación.

Tal vez, si quien usa la tinta lo hiciera para escribir luego de averiguar, de preguntar, o tal vez de investigar, seríamos un poco, solo un poco, mejores.

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