El "día después" del matrimonio K.

Por Néstor O. Scibona.

Todo lo que alimentó a la política en los últimos meses terminó por debilitar aún más a la economía. La desconfianza que se instaló entre trabajadores, empresas, ahorristas y consumidores hizo que el resultado de las elecciones de hoy se convirtiera en un antes y después para las expectativas, que ya venían seriamente dañadas por la desaceleración de la actividad interna y los efectos de la crisis externa.

El acortamiento del cronograma electoral; las candidaturas testimoniales; la farandulización de los políticos; la escasez de propuestas y la campaña sucia sólo sirvieron para resaltar el alarmante déficit institucional y de representatividad. Casi ningún candidato, del oficialismo y de la oposición, puede jactarse de haber sido nominado en internas que no hayan sido decididas por ellos mismos. Tampoco ayuda que estas elecciones hayan sido planteadas como una instancia de todo o nada, como una lucha del bien contra el mal, una confrontación de modelos o de si pesan más las bancas o los votos. Lo que se votará hoy es si el kirchnerismo tendrá igual o menor poder para influir en el futuro del peronismo y también si deberá enfrentar un mayor control parlamentario que pueda reducir la discrecionalidad con que se movió en los últimos cuatro años de poder absoluto, sólo alterado por el conflicto con el campo.

Aunque ahora se apaguen los fuegos artificiales que rodearon la campaña, no necesariamente el nuevo escenario contribuirá a despejar la desconfianza que afecta al futuro inmediato de la economía. Habrá una zona gris de casi seis meses hasta que se renueve el Congreso y de ocho hasta que los nuevos legisladores puedan presentar proyectos.

Pero esto no es todo. Los planteos oficialistas del tipo "nosotros o el caos"; el rol excluyente de Néstor Kirchner como superministro de Economía; los diagnósticos deformados por las inverosímiles estadísticas del Indec; el avance estatal sobre la economía; una política fiscal difícil de sostener, y el uso a dedo de la caja de la Anses para financiar al Tesoro y a empresas, rescatar compañías en quiebra o subsidiar la protección de empleos se han conjugado, además, para aumentar la incertidumbre económica. ¿Cómo reducirla? La respuesta le corresponde más al Ejecutivo que a los nuevos legisladores. Pero, a su vez, está condicionada a cómo el matrimonio Kirchner procesará políticamente el resultado electoral en los principales distritos y a cómo se planteará la carrera presidencial para 2011. Esta incógnita deja en segundo plano el hecho de que la economía haya llegado a las elecciones en condiciones menos apremiantes que las que se suponían hace algunos meses, aunque los acotados márgenes en materia fiscal, cambiaria y salarial hacen que aumente el riesgo de imprevisibilidad.

El "otro" fondo anticíclico

Hasta ahora, la reacción del sector privado frente a este cuadro fue una fenomenal fuga de capitales del circuito económico. En 2008, unos 23.000 millones de dólares se desviaron al exterior, a depósitos en moneda extranjera, a cajas de seguridad o a los colchones, "por las dudas". En lo que va de este año, el ritmo de salida se atenuó, pero ya se ubica en torno de los 9000 millones.

Aunque esta cifra significa que todo el superávit comercial que genera la Argentina (a costa de una fortísima contracción de importaciones) termina en salida de capitales, también puede tener otra lectura.

Se trata de un virtual fondo anticíclico privado, constituido por desconfianza, en contraste con la imprevisión del Gobierno, que se dedicó a gastar por encima de lo que aumentaban sus ingresos antes y durante la crisis externa, a pesar de tener cerradas sus fuentes de financiamiento. Si bien la ausencia de esos capitales provoca la actual anemia económica, su eventual reingreso podría contribuir gradualmente a mejorar los niveles de actividad y de inversión, en caso de que el gobierno despejara factores de incertidumbre, alejara fantasmas de confiscación y mejorara el clima de negocios.

Por el momento, esto no es más que una expresión de deseos. Aunque el viento externo (aumento del precio de la soja, devaluación del dólar frente al euro y el real, mejoras en los mercados con reducción del riesgo país) ha vuelto a soplar a favor de la Argentina en los últimos tres meses, el matrimonio Kirchner no ha cambiado de diagnóstico (se basa en los números del Indec para sostener que el PBI aún crece con respecto a 2008) ni de tratamiento. En este caso, cree que la política económica es una sucesión de decisiones caso por caso para favorecer a amigos o penalizar enemigos, en lugar, definir un programa articulado y reglas estables para incentivar la producción. También, que un mayor activismo estatal en gasto y obras públicas puede neutralizar la contracción de la inversión privada, a pesar del deterioro de los ingresos fiscales, que pega de lleno en las provincias y seguramente provocará una mayor presión de sus gobernadores.

Este enfoque no sólo crea expectativas de mayor presión tributaria o inflación. Además, agrega contradicciones a la política económica. Cuesta entender que Néstor Kirchner anuncie una ayuda financiera a La Serenísima, después de haber creado condiciones, con precios controlados de la materia prima y del producto final, para que la empresa registrara pérdidas durante tres años, a pesar de los subsidios estatales, o que la Anses financie fideicomisos del Banco Nación para obras viales a tasas del 17% anual si, según el Indec, la inflación sería tres veces más baja. Todo tras haberse negado a explorar fuentes de financiamiento externo a costos mucho más bajos y plazos más largos (como las nuevas líneas de asistencia del Fondo Monetario) para evitar una normalización del sistema estadístico nacional. Tampoco está claro por qué para el gobierno de Cristina Kirchner daría lo mismo utilizar fondos de la Anses para financiar el proyecto de General Motors, que recibir una inversión directa de Renault en Córdoba, en los dos casos para producir nuevos modelos en la Argentina.

Si bien el matrimonio Kirchner tiene la oportunidad de introducir mayor racionalidad y menor discrecionalidad en el manejo económico tras las elecciones, pocos apuestan a que lo hará, independientemente del resultado. CFK dice creer que Barack Obama sigue los pasos de la Argentina en la intervención estatal para reactivar la economía, aunque el presidente estadounidense haya afirmado que su propósito es fortalecer el sector privado y el funcionamiento de los mercados, con mejores regulaciones, y haya colocado a Brasil y Chile como ejemplos por seguir en América latina.

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