Después de Lembo, el diluvio

El principio republicano de la periodicidad de los funcionarios públicos, no es precisamente una característica del modelo fellnerista, que naturalizó durante más de una década la idea que la tarea de gobernar Jujuy solo está reservada a un pequeño grupo de semidioses, iluminados e infalibles, que han salvado a los jujeños de los males más crueles. Y sin esa pléyade de brillantes economistas que conocen como nadie los difusos e inescrutables vericuetos de la ciencia financiera, la provincia está acabada. "Después de Lembo, el diluvio", dicen.
Pero, ¿qué muestra la fría ciencia económica sobre los resultados de la tarea realizada por este equipo económico? En el Presupuesto 2010 hay algunas pistas: el déficit fiscal asciende a 290.620.130 pesos y la necesidad de financiamiento es de 771.140.942 pesos, mientras que la deuda pública supera los 3400 millones. La recaudación provincial, área que es motivo de especial orgullo en el equipo que se fue, muestra en realidad una leve mejora respecto de los ‘90, pero tampoco presenta valores extraordinarios. De haber significado aproximadamente un 10 por ciento de los gastos del Estado hace más de una década, Rentas aumentó al 13 por ciento esos recursos.

Según han denunciado economistas serios, la política tributaria no corrigió grandes desigualdades y en cambio se especializó en agobiar a los más chicos. La alícuota de Ingresos Brutos que se fijó luego de eliminar la exención de este impuesto a los sectores más poderosos de la economía jujeña, significó hacerles pagar un tercio menos de lo que tributaban antes.

Por el lado de la eficiencia, no hay mucho que mostrar. Se crearon numerosos organismos con una gran cantidad de empleados, a pesar de la vigencia de las inmortales leyes de emergencia, pero lejos de mejorar la eficiencia de los servicios estatales, en la era de la robótica obtener una cédula fiscal lleva por lo menos 48 horas. Esto si no se cayó el sistema y si no hay paro.

Como en una calle de la amargura, el contribuyente es obligado a demostrar su inocencia, box por box, cuando la tecnología disponible permitiría corroborar los datos en pocos segundos. Juicios sucesorios se frenan porque algún empleado creyó encontrar deudas que, en rigor de verdad, no existen porque ya se pagaron pero la información ¡no existe en los sistemas!.

La asignación de conceptos salariales en negro y la ausencia de rendiciones de la cuenta de inversión desde el año 2002, con lo cual se evitaron los controles del gasto por la Legislatura y el Tribunal de Cuentas, son también datos que no se pueden obviar en una evaluación.

El pago puntual de los sueldos a los empleados públicos, algo normal pero que varios gobiernos antes no pudieron cumplir, es seguramente el principal mérito de Lembo y los otros "contadores" que integran el tan mentado equipo de Hacienda, pero es justo hacer escuchar lo que dicen los empleados públicos cuando se les habla de este tema: "sí, pagaban puntualmente pero al precio de congelar los sueldos y dar monedas de aumentos".

Como una calesita que jamás deja de dar vueltas, los jujeños vuelven a enfrentarse con la cruel evidencia que, aunque les dicen que una pléyade de iluminados hicieron maravillas, el viejo círculo vicioso de un Estado desquiciado y en bancarrota, lejos de estar enterrado, es lo único previsible que hay.

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