Después de que un grupo de vecinos de Ingeniero Budge, en Lomas de Zamora, amenazara con recurrir a la Justicia para iniciar acciones contra el Municipio por la “falta de controles sobre los micros y colectivos truchos”, el director general de Regulación

Las carpas que antes servían como amparo a las más de 3000 familias que usurparon el predio en Camino Negro y Canadá, poco a poco fueron cambiadas por casas de madera y chapas, incluso muchos adquirieron materiales para formar las primeras edificaciones de ladrillos. A un mes y medio de la usurpación, el escenario cambió rotundamente y los vecinos ansían concretar el sueño de la casa propia, a pesar de no tener una resolución que avale su permanencia en el lugar.

Como si se tratase de un elemento quirúrgico, en donde cada corte está hecho con precisión y estrictez, el pico de Juan ingresa a la tierra con fuerza y de manera incansable. Los movimientos se repiten una y otra vez, a lo largo de toda la parcela de 8 por 12 metros. La fatiga no parece ser buena compañera de su tan ansiado proyecto: formar la casa propia.

Historias como la de Juan se multiplican por todo el terreno ubicado en la intersección de Camino Negro y Canadá, en Ingeniero Budge, donde la construcción de las viviendas avanza a pasos acelerados.

La mayoría cambió las precarias viviendas formadas por bolsas y carpas, por casas de maderas y chapas. En tanto, muchos otros ya lograron adquirir ladrillos y arena para conformar sus edificaciones de material en el predio que tomaron hace más de un mes por la fuerza y donde permanecerán en medio de negociaciones de autoridades comunales y de Provincia con los dueños de las parecelas.

“El barrio está creciendo muchísimo y eso nos pone muy contentos. Estamos formando una pequeña ciudad de gente trabajadora y lo único que deseamos es progresar. Estamos trabajando incansablemente para mejorar nuestra condición de vida. Con mi familia pudimos comprar maderas y nos hicimos una casa muy prolija y digna”, relató Roberta, en diálogo con Info Región.

En el caso de la familia Blázquez, la compra de material revolucionó a todo el clan: “Con mucho esfuerzo compramos los primeros ladrillos y arena, para construirnos la casita. Estamos muy felices, ojalá todo marche bien. Las cosas están muy caras, pero sabemos que si luchamos podremos tener un lugar para vivir que sea nuestro”.

Por otro lado, los primeros comercios ya se formaron en el asentamiento y ahora los residentes del lugar pueden comprar artículos en un kiosco, verduras y frutas y hasta bebidas frescas.

“De a poco nos estamos estabilizando. En la parte de adelante de mi casa me puse una ferretería para ir ganándome algunos pesos y seguir edificando. Como todos estamos en plena construcción, estoy vendiendo bastante”, remarcó Rogelio, uno de los primeros comerciantes de la zona.

Tras realizarse una colecta, compraron varias cargas de adoquín, que servirán para emparejar el terreno y posibilitar el tránsito vehicular.

“No somos ningunos improvisados y no queremos formar una villa peligrosa aquí. Estamos mejorando todo lo que esté a nuestro alcance para estar mejor. Realizamos la conexión de luz y también pagamos a un camión de carga para que nos deje adoquines. Trabajamos en las calles, todos por igual”, afirmó Rogelio, en diálogo con este medio.

En ese contexto, desde la Subsecretaría de Tierras para el Hábitat Social dependiente del ministerio de Planificación Federal, Inversión Pública y Servicios, manifestaron que las distintas áreas están “negociando” con los dueños del extenso terreno para llegar a un acuerdo y permitir que la gente “se quede en el lugar”.

“Lo que se está estudiando es ver cuáles son las condiciones del predio y qué cantidad de personas pueden vivir allí. Es necesario analizar la situación del terreno y si son óptimas para que estén en el lugar”, manifestaron desde el área ante la consulta de Info Región.

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