Después de la elección, Pablo Bruera quedó más confundido que Adán en el Día de la Madre

Si algo hemos aprendido los periodistas en nuestra tarea es a pulsar climas o medir ambientes. El domingo por la noche, en la sede del PJ local la escenografía era para fiesta y anuncios, pero el clima real, el que dejaban traslucir los rostros del intendente, allegados y candidatos, era otro. Se había ganado, sí, pero claramente los resultados que surgían de las urnas no eran los esperados.
Es posible que por esa misma razón el intendente Pablo Bruera dejara sentado para una mini conferencia de prensa al inefable secretario general del municipio, Mario Rodríguez. Un gesto que pareció algo así como un "si tanto te gustaba decir que eras el jefe de campaña, ahora hacéte cargo".

Hasta una semana antes del comicio, Mario "Chorizo" Rodríguez se jactaba en mesas periodísticas asegurando que el Frente Renovador Platense obtendría el 42 por ciento de los votos con seis diputados y 7/8 concejales. Muy lejos de las cifras reales: 34,5 por ciento en las listas locales, dos diputados y arañando un quinto concejal.

A la vez, también muy lejos de los aportes de las siglas partidarias en la elección. El Frente Renovador Platense, con toda la publicidad y reparto de boletas, obtuvo un magro 13 por cienro, mientras que el Frente Justicialista para la Victoria, sin representación ni publicidad formal local, aportaba casi el 21 por ciento a esta sociedad política desigual.

El lector desprevenido podría confundir Frente Justicialista para la Victoria con "kirchnerismo". Muy lejos de la verdad: el 21 por ciento es peronista, no kirchnerista. Para esta reflexión, además, se debería hacer memoria y recordar cuando, hace unos años, Néstor Kirchner renegaba de la estructura partidaria del PJ.

Pero todo tiene su explicación, y los resultados del domingo no son casualidad.

Decile sí a La Plata

La vecinalista campaña del Decile Sí a La Plata resultó un producto más del marketing electoral de nuestros días. Trabajada desde lo visual, plástica, prolija, musical, pero sin imaginación, y lo que es peor sin identidad política alguna.

Posiblemente, el logro más importante de esa propaganda fue el hecho de señalar la necesidad de cambiar el "No" (a Julio Alak) del 2007, por un "Sí" a la gestión de Bruera.

Pero el Decile Sí a La Plata terminó siendo abusivo, exagerado y reiterativo. Circunstancia que la clase media local miró con malos ojos. Demasiados minutos de televisión y papel satinado casa por casa son iguales a mucho gasto de campaña.

Además, como se ha señalado, el Decile Si a La Plata era solo del Frente Renovador. ¿Qué hubiera pasado si se incluía también al Frente Justicialista? ¿No se hubiera igualado campaña política con oferta electoral?

La boleta y los cortes

La distribución de las boletas oficiales (1402 del Frente Renovador y 506 del Frente Justicialista) se transformó en una verdadera guerra callejera dentro de los diversos grupos del oficialismo.

Hubo barrios donde por la mañana se repartían casa por casa la del Frente Renovador (1402, corta, de dos cuerpos, sin Kirchner), al mediodía la 506 del Frente Justicialista para la Victoria (larga, tres cuerpos, con Kirchner) y por la noche volvían a recibir la del Frente Renovador.

Hasta a los que tenían decidido su voto a favor del oficialismo les molestaba esta situación de verdadera histeria electoral.

Lo que nadie previó es que el votante que tiene decidido su voto cortando boleta lo hace con un acto plenamente voluntario y propio. No necesita que nadie venga y le diga "acá la tenés ya cortada".

En otras palabras, si alguien tenía pensado votar al oficialismo a nivel local y no votar a Kirchner, como pasaba en muchos casos, votando en blanco o a otros candidatos, el corte era propio. No requería una bajada de línea casi coercitiva de "votá sólo por nosotros, acá está cortada".

Un conocido comerciante de Los Hornos comentaba a esta agencia que había recibido la visita de la candidata a concejal Teresa Razzari y, cuando comenzó a comentar el tema de la seguridad, la pícara gordita sacó de su bolso la boleta 1402 y le dijo: "Para solucionar ese tema votá por el Frente Renovador Platense, decile no a Kirchner", para luego retirarse.

El comerciante, sorprendido, no pudo hablar ni recordarle a Razzari que en el 2007 lo había visitado hablando maravillas de Kirchner y su mujer, Cristina.

La lucha por las boletas también se trasladó a los afiches y carteles. Una especie de "guardia nocturna" -al peor estilo gansteril o SS municipal- recorría en diversos vehículos la ciudad por la noche, apretando y hasta llegando a las manos con los adversarios internos que promocionaban la publicidad oficial del gobierno nacional.

No hace falta ser imaginativo para saber qué familiar del intendente comandaba estos grupos. Coincidentemente con esta afirmación, y a esta altura de la gestión, sería bueno que Bruera comenzara a poner límite a algunas situaciones donde su municipio se parece más a algún distrito del Conurbano que a la pretendida imagen de honestidad y transparencia que tanto se pregona desde los órganos oficiales.

El voto de los sectores medios

Mayoritariamente, los sectores medios de la ciudad no apoyaron con su voto a la gestión del intendente. Prefirieron, sobre todo en el casco de la ciudad, votar por la lista 510 del Acuerdo Cívico y Social. Aunque el análisis también se extiende a otros barrios de sectores medios locales, con mayor paridad de Unión Pro.

Según los voceros del ACyS, dentro del casco su lista obtenía un 36 por ciento, casi un 10 por ciento más que la suma de las oficiales 506 y 1410 (25 por ciento), y la 503 de Unión Pro (25 por ciento).

¿Qué pasa entre Bruera y la clase media?

Es posible que desde el municipio se pensara que para esos sectores alcanzaba con una gestión municipal de tono localista, con promocionado acento en el vecino, regular a malo en lo administrativo y, finalmente, más efectista que efectiva.

También es posible que se pensara que la clase media local se domestica políticamente con las reguladas y controladas noticias y editoriales del diario El Día.

¿Alguien podría creer en un diario que durante cuatro domingos seguidos editorialice la política municipal con la compra de 30 micros para el transporte público? ¿O que se refiera a "la fuerza local" del Frente Renovador Platense como única expresión política local oficial? ¿O que malgaste el crédito obtenido por un difundido Presupuesto Participativo mencionándolo hasta el hartazgo?

Del mismo modo, ¿alguien podría creer que integrando en el gabinete a tres radicales renegados de su origen y vinculados al diario El Día, como Campanaro, Sturzenegger y Chávez, se obtendrían resultados favorables con sectores medios, o incluyendo "vecinalistas conversos" más prestos a obedecer a la terminal ideológica vecinalista de diagonal 80 que a gestionar seriamente para la ciudad, como Rodríguez y la "doblecarguista" Mirta Monti?

La clase media local de esta ciudad capital de la Provincia, eminentemente universitaria, con identidades e ideologías propias y bien marcadas, requiere de algo más que eso, y tiene otras necesidades.

No le basta con que desde el municipio se le guiñe el ojo en la foto al lado de Kirchner, y le digan "pero no estamos con Kirchner, te repartimos la boleta cortada".

Requiere que desde el municipio no la "chamuyen" con vecinalismo berreta. Cuando se habla de servicios, que sea serio: recolección de basura y limpieza no es lo mismo que políticas de reciclado; es más amplio.

Cuando se habla de transporte se sabe perfectamente que hay que enfrentar la corporación empresaria de colectiveros que terminó de conformar Alak y no prestarles plata para que compren algunos micros sueltos.

Cuando se habla de transparencia y honestidad en la gestión, no se habla de presupuesto participativo sino de licitaciones públicas para las licencias de taxis o para los puestos verdes de la ciudad.

Y, finalmente, cuando se habla de "funcionarios municipales" se espera encontrar gente seria y responsable, no advenedizos de la función pública que prestan más atención a las cuestiones económicas o los comentarios sexistas en los pasillos del palacio.

Pablo Bruera tiene tiempo hasta el 2011 y bien puede corregir el rumbo, no sólo por el beneficio político propio, sino más que nada por el bien de la ciudad. (www.agencianova.com)

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