El día después de K, el día después de Pablo

Hasta el bruerismo puro respira en el ambiente que en octubre de este año se juega una porción considerable del futuro de la actual administración comunal. No sólo por el resultado, que podría cambiar las reglas del juego de la gobernabilidad en el Concejo Deliberante, sino por cómo mutará el mapa del poder en la capital bonaerense.

Pablo Bruera, aún de vacaciones, hará denodados esfuerzos a partir de la segunda quincena de enero para imponer una agenda propia, bien local, absolutamente despegada de la coyuntura nacional. En un año de gobierno, esto aún no lo ha logrado. Sabe el intendente que la ligazón Kirchner-Bruera que el electorado pueda hacer durante 2009 será funesta para sus pretensiones.

La vieja idea de “alambrar” la ciudad que vociferó en los círculos cerrados el secretario general Mario Rodríguez es el norte de la estrategia de gestión en el año de las urnas. Pero nada es tan senci-

llo como parece: el mismo Rodríguez durante esta semana se sacó la foto entregando la llave del primer vehículo del plan oficial de 0 km. Una verdadera pantomima; el acto se hizo en la misma concesionaria donde hace unos días los vendedores no sabían qué informar sobre este tema. Y donde ni siquiera se aceptaba la seña. La concesionaria en cuestión es propiedad de un funcionario de Acara, la cámara que fogonea la estrategia en consonancia con la Nación. Rodríguez aplaudió y todo.

Recuerde: en ese mismo lugar se iba a entregar el 0 km al hijo del actual secretario de Medio Ambiente de la Nación, Homero Bibiloni, quien casualmente fue funcionario de Bruera y apoderado legal de su partido. El bochorno fue tal que el pibe, quien incluso había reconocido que tuvo que inscribirse como monotributista (¿era evasor o no tiene ingreso y debió justificar algo?) para sacar el auto. Reto mediante, al adolescente le hicieron firmar una carta documento, difundida por la agencia oficial Télam, renunciado al honor de ser el primer destinatario del auto K. Esto aplaude el bruerismo puro.

Ahora bien, cuál serán los ejes centrales de la gestión: mostrar a un gobierno activo en el sector de obras públicas, con cambios en el sistema de transporte y en el estacionamiento de la ciudad. Es decir, nada nuevo. Para colmo, el tarifazo en el transporte autorizado por el Gobierno nacional también impactará en La Plata.

Más allá del programa de alumbrado público, todavía no está claro cómo se implementará el dinero que supuestamente la Nación va a girar para realizar trabajos de envergadura. Más allá de la loable apertura de las ramblas en varias avenidas de la Circunvalación, poco ha hecho el Gobierno comunal en este rubro.

En el año electoral, el bruerismo tiene un temor referencial: la Coalición Cívica. Todos los números y las proyecciones que realizan le muestran a la fuerza de Lilita y Margarita Stolbizer a la cabeza del voto anti K en la ciudad de las diagonales. Hoy Bruera es K; por eso intentará despegarse en un equilibrio que no desmadre las finanzas públicas para la rea-

lización de obras. Se sabe: el castigo de la billetera K a cualquier gesto de rebeldía es casi inmediato.

Además del resultado, el intendente tiene varios problemas con la CC. Sabe que si incrementa su base de concejales (hoy tiene 4) será casi imposible quebrarla para obtener algún aliado extrapartidario. Además, una hipotética victoria perfilará a la Coalición como una de las principales fuerzas para la grande de 2011, cuando fenece el mandato del actual intendente.

Por eso la primera estrategia del bruerismo es boicotear un posible acuerdo entre la UCR orgánica de La Plata y la Coalición de Javier Mor Roig, Luis Malagamba y Oscar Negrelli. Bruera cree que una colectora radical, por fuera de la CC, dividirá los votos opositores y le restará concejales propios. Dos ediles de la UCR sentados en el Concejo hoy serían muy bien vistos por el bruerismo; que dicho sea de paso también se integra por radicales conversos.

La Coalición platense aún no ha cerrado ningún acuerdo con la UCR (en mayo podría asistir a internas para definir los candidatos). Se cree que Carrió dará la orden de pactar en todos los distritos, para no desperdiciar la palpable oportunidad de victoria. En política, el tren también suele pasar pocas veces.

Aunque parezca increíble, hoy el radicalismo platense ha vuelto, al menos en este aspecto, al centro de la discusión, ya que su caudal de votos aun siendo mínimo puede ser determinante.

Al igual que Kirchner a nivel bonaerense, el bruerismo intentará fogonear un espacio opositor de centroizquierda, con aspecto progresista, para quebrar el voto de la CC. Una de las premisas es bajar a la ciudad el acuerdo en ciernes que encabeza el intendente de Morón, Martín Sabatella, con sectores del socia-

lismo desencantados, movimientos sociales y posiblemente la atractiva figura de Pino Solanas. ¿Se anotará Henry Stegmayer para este armado?

Varios sectores del bruerismo, como el diputado Pérez Raúl, ya exploran otras veredas soleadas. Tal cual se adelantó desde esta columna, el jefe de la bancada del Frente para la Victoria (FPV), busca cerrar un acuerdo con Felipe Solá. Coherencia que le dicen.

Pérez sabe que el diluvio anti K también lo empapará.

Desde hace varias semanas, se dejó de discutir si Kirchner sí, si Kirchner no. Hoy se habla del post-kirchnerismo; del día después. Hasta el propio K otea en el horizonte los nubarrones, por eso urde un aterrizaje moderado de las alturas del poder. De ahí la figura de Reutemann.

No está aún instalado en la ciudad ese escenario tan drástico del día después de Bruera, más allá de que la Coalición Cívica ya trabaje para gobernar la ciudad a partir de 2011. Aunque todavía falta muchísimo, y todo puede pasar, este año se empezará a contornear el escenario para las elecciones de cargos ejecutivos.

El peronismo no K de La Plata trabaja para moldear figuras bien alejadas de Bruera. Hay algunos hombres del gabinete bonaerense que en esta previa se anotan para 2011. También, obviamente, hay dos en el Concejo Deliberante.

Por ahora son especulaciones. Lo único concreto es que este año electoral será clave para definir si el proyecto de Bruera tiene futuro más allá de 2011.

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