Después de cuatro años, termina el sueño de la aerolínea mendocina

Después de cuatro años, termina el sueño de la aerolínea mendocina
Silver Sky nunca hizo vuelos regulares De cuatro Boeing 737 hoy queda uno estacionado en El Plumerillo, y perdió U$S 4 millones. Para su impulsor, el negocio "ya no es rentable".
Ricardo Lasmartres, además de su negocio agropecuario en Córdoba (donde tiene unas 5 mil hectáreas de soja, maíz, girasol) y de ser un empresario del rubro de los combustibles en Mendoza, alguna vez, entre 2004 y 2005 tuvo un sueño: ser el primer mendocino en darle a la provincia una línea aérea.

Armó su flota con cuatro Boeing 737 traídos de Estados Unidos y la bautizó Silver Sky, pero las trabas burocráticas y los cambios en un mercado donde la aeronavegación comercial está regulada, nunca los dejaron despegar, al punto que hoy el prometedor proyecto es sólo un recuerdo.

Después de mucho repetir que estaba en carrera y que el punto de partida estaba cada vez más cerca, finalmente Lasmartres reconoce haber desistido, y lo resume en una razón: "Ya no es un negocio rentable, no nos dan los números".

Pero de una respuesta lacónica surge una inesperada catarsis: "Es un crimen que Mendoza no tenga una aerolínea. Podríamos volar rutas que nadie hace en ésta época, como a Mar del Plata y Punta del Este, pero la realidad es que ni siquiera hay un mercado que nos asegure 120 pasajeros para un charter. Ni hablar de los vuelos regulares, que no vamos a hacer con las tarifas actuales que el Estado regula. Con $ 500 el pasaje a Buenos Aires sólo le sirve a Aerolíneas, que está subsidiada. Nosotros estamos en rojo, no pagamos ni el combustible".

Allá por 2006, el empresario se aventuró a decir que su propósito era empezar a volar en invierno de ese año "para capitalizar la temporada en su punto más alto". Incluso SS llegó a tener mostradores habilitados tanto en la aeroestación Francisco Gabrielli como en Córdoba capital.

Mientras tanto, se dilataban las negociaciones para incorporar más aviones, y la promesa de que en junio de 2006 empezaría a operar, se renovaba en 2007 y 2008, no sólo con la garantía de obtener habilitación para rutas regulares sino también de vuelos charter.

Para capitalizarse, el empresario había aprovechado el leasing (alquiler con opción a compra). Hoy de la flota sólo sobrevive en el hangar del aeropuerto uno de los Boeing, con 120 asientos de capacidad.

Las pérdidas y el presente

"Cuando todo se cayó empecé a devolverlos (por los aviones)", confiesa Lasmartres, quien remarca que "en Mendoza no hay espalda que nos aseguren 120 pasajeros para un vuelo charter. Por eso creo que si esto sigue así, a la larga terminaremos volviendo todos a mirar a Buenos Aires".

Es que las aspiraciones del principio fueron acotándose. Primero, al descartar de cuajo el debut en la primera división de las compañías nacionales de cabotaje. Y luego de los servicios contratados.

Más allá de los vaivenes del mercado, el hombre no duda en decir que la gestión de Ricardo Jaime en la Secretaría de Transportes también lo perjudicó en la etapa de los trámites habilitantes. "Con él tuvimos bastantes problemas", se limita a decir y evita ahondar en detalles.

Al momento de repasar cuánto costó el sueño de la aerolínea propia, habla de "mucho dinero" sin precisar una cifra. Aunque sí admite que en el camino recorrido perdió al menos U$S 4 millones.

Desensillar hasta que aclare. Es la frase gauchesca que prefiere Lasmartres al final acerca del futuro. Pese a que la actualidad indica que, si de eso depende, parece difícil volver a ensillar el pingo.

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