Desprecio institucional

Por Nelson Castro

Es verdad, el Lole se hartó”; así reflejaban, en sus cercanías, el estado de cosas que llevó a Carlos Reutemann a alejarse del bloque de senadores del Frente para la Victoria. “Mire cómo estaría de hastiado que se fue dando un portazo, cosa que no es habitual en él”, expresaban las mismas fuentes. Y tan cierto es lo inhabitual del estilo del ex piloto de Fórmula Uno, que su renuncia al bloque fue acompañada por una denuncia. “El Gobierno quiere dinamitar la Mesa de Enlace”, dijo y, con eso, graficó lo que la realidad ha venido mostrando desde el inicio del conflicto entre los Kirchner y el campo.

Es verdad, el Lole se hartó”; así reflejaban, en sus cercanías, el estado de cosas que llevó a Carlos Reutemann a alejarse del bloque de senadores del Frente para la Victoria. “Mire cómo estaría de hastiado que se fue dando un portazo, cosa que no es habitual en él”, expresaban las mismas fuentes. Y tan cierto es lo inhabitual del estilo del ex piloto de Fórmula Uno, que su renuncia al bloque fue acompañada por una denuncia. “El Gobierno quiere dinamitar la Mesa de Enlace”, dijo y, con eso, graficó lo que la realidad ha venido mostrando desde el inicio del conflicto entre los Kirchner y el campo.

El alejamiento de Reutemann deja al Gobierno mal parado y debilitado de cara a las cruciales elecciones de octubre venidero. Todas las encuestas vienen mostrando una posición de cómoda ventaja del senador por Santa Fe frente al socialismo gobernante en esa provincia. Reutemann es un hombre que camina la comarca de arriba abajo y en forma permanente. Si bien el manejo que hizo de la trágica inundación de abril de 2003 en la ciudad de Santa Fe fue realmente malo, su arrastre electoral es fuerte, y en los sectores rurales lo es aún más. Reutemann es propietario de un campo y conoce la realidad del agro de su provincia al dedillo. Nunca comulgó con la metodología de confrontación de los Kirchner. Está claro, a su vez, que los Kirchner lo toleraron porque tenían necesidad de él. “Si hubiera sido otro, hace rato que lo habrían tirado por la ventana”, reconoció una voz que sabe deambular por los pasillos del poder. “Al Lole lo quiero y lo respeto, pero creo que es muy individualista. El analizó la situación y entendió que tiene que estar con el sector al que pertenece. Desde el punto de vista electoral, le va a salir mal. Se sinceró la historia. Ahora están los que nos acompañan y ya no están los que nunca estuvieron. En el bloque no lo vemos como un signo de debilidad porque sabemos que no va a haber más sangría”, expresa un integrante del bloque de senadores del Frente para la Victoria refiriéndose no sólo a la partida de Reutemann sino también a la de los salteños Juan Carlos Romero y Sonia Escudero.

En la Casa Rosada no están tan seguros de esto. “En estos momentos todo parece un tembladeral. La estrategia electoral de Néstor de puentear a todo el mundo y negociar la plata directamente con los intendentes molesta y deja descolocados a muchos de nuestros gobernadores y legisladores”, reconoce una fuente que camina con sigilo por la interna del oficialismo.

Está claro que ésta es la forma como el matrimonio presidencial entiende se debe llevar adelante la gestión de gobierno. Es una manera inorgánica y desconcertante. Una buena muestra de ello es el episodio protagonizado por Julio De Vido y Luis Biolcati. El comunicado leído por el habitualmente vocero mudo de la Presidencia, Miguel Núñez, revelando con detalle de días y secuencia las reuniones mantenidas entre el ministro de Infraestructura y Planificación Federal y el presidente de la Sociedad Rural Argentina, tuvo aire de delación. Es indudable que el objetivo de la maniobra era el de dividir a la Mesa de Enlace, una de las obsesiones del matrimonio presidencial. Biolcati cometió un grueso error de apreciación al prestarse a ese juego que, sin embargo, a la manera de un boomerang, le está generando al Gobierno efectos adversos. Primero porque la anécdota puso en evidencia la poca confiabilidad que merece la “confidencialidad” que el Gobierno quiso imponer a la frustrada negociación. Segundo, porque desnuda el intento de dividir y debilitar al frente rural. Tercero, porque exhibe una de las tantas contradicciones del gobierno de los Kirchner, que han hecho y siguen haciendo del doble discurso un dogma. ¿Qué otra cosa, si no, significa el que un gobierno que se ha encargado de denostar permanentemente a la oligarquía del campo privilegie la negociación con la entidad más identificada con ese paradigma?

Para no hacerle el juego al Gobierno, la Mesa de Enlace decidió cerrar filas y minimizar la actitud del dirigente de la Sociedad Rural. Sin embargo, la realidad es que hay mucho enojo con Biolcati, con el presidente del Banco Macro, Jorge Brito, y con la Unión Industrial Argentina (UIA), a los que se considera como copartícipes de la maniobra.

Seguramente por ser más precavido y desconfiado, Mario Llambías, el titular de las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), entrevió que había una intención de dañar a la Mesa de Enlace cuando sonó su teléfono y escuchó, del otro lado, una voz que lo invitaba a tener una reunión, también confidencial, con Néstor Kirchner. Su repuesta, por lo tanto, fue “no”.

Una situación parecida se dio con el intercambio de mensajes de texto entre el presidente de la Federación Agraria Argentina (FAA), Eduardo Buzzi, y el ex jefe de Gabinete, Alberto Fernández.

“Voy a tener que cobrarte por valorarte tanto en los medios”, dijo Buzzi.

“¿Comandante, cuándo nos encontramos a tomar un café?”, respondió Fernández.

En el momento de producirse este contacto, Buzzi se encontraba en la sede de la CRA reunido con su titular y otros integrantes de la Mesa de Enlace, a quienes les mostró el mensaje de Alberto Fernández para luego consultarlos sobre qué hacer. Allí fue cuando tomó la palabra Mario Llambías y le aconsejó no ir a ese “café”.

“Lo dejamos para el día del amigo de 2020, porque con todo este ‘bolonqui’ va a ser peor”, fue la consecuente respuesta de Buzzi.

“Todas estas movidas son iguales a lo que hizo Moreno cuando se reunió con un grupo de productores que clamaban por ayuda; la real finalidad de esa jugada no era la de encontrar soluciones reales a los problemas de los chacareros sino la de dividirlos”, reconoce, con sinceridad, alguien que habla con Néstor Kirchner.

La novela de Ocaña

La situación de la ministra de Salud es difícil. El viernes último fue un día tremendo para ella y para la Presidenta. La ministra es una mujer honesta que debe luchar contra adversarios poderosos, alguno de los cuales tiene llegada directa al matrimonio Kirchner. El rumor, muy fuerte y lleno de datos, sobre su salida del Gobierno no paró durante toda la jornada. “Es como lo contaron los diarios”, se escuchó decir en los pasillos del ministerio. Es decir que la disputa fue y es con Hugo Moyano, quien llamó a Ocaña para pedirle que echara a Juan Rinaldi. Rinaldi es un hombre puesto por Moyano para reemplazar a Héctor Capaccioli al frente de la Superintendencia de Servicios de Salud. El secretario general de la CGT creyó que con Rinaldi ahí, todo lo concerniente a los fondos destinados a las obras sociales iba a ser más fácil. Se equivocó ya que el nuevo funcionario se alineó totalmente con Ocaña. El conflicto se desató a propósito de la negativa del superintendente de Servicios de Salud a otorgar a la CGT una partida de 100 millones de pesos en concepto de fondos no nominados. El motivo para esa negativa de la Superintendencia fue que, con anterioridad, ya se había enviado una partida de unos 40 millones de pesos en igual concepto sobre los que la CGT nunca rindió cuentas.

La Presidenta sabe que la licenciada Ocaña es un estandarte de decencia. Por ende, su salida del gabinete le significaría al Gobierno un alto costo político. La reunión del viernes entre la jefa de Estado y la ministra, en la Casa Rosada, fue a solas. “Dale para adelante”, le dijo la Dra. Fernández de Kirchner a Ocaña luego de ratificarla en su puesto y tras oír sus quejas por las trabas a su gestión. Por ahora, Ocaña sigue. Su permanencia en el poder es un día a día lleno de incertidumbre y acechanzas.

“Parafraseando a Gustavo Béliz, ella sabe que está en un nido de víboras”, afirma alguien que supo estar en el gobierno de Néstor Kirchner.

La novela del vicepresidente

El atropello institucional del cual es víctima la vicepresidencia aumenta día tras día y no parece tener límite. Al desplante del avión presidencial que dejó a Cobos de a pie cuando quería ir a ver el desastre de Tartagal, se le sumó esta semana el no envío de los granaderos para participar del acto conmemorativo de un nuevo aniversario del natalicio del general San Martín que encabezó el vicepresidente.

Para la próxima semana se plantea un verdadero interrogante: el 1° de marzo la Dra. Cristina Fernández de Kirchner debe asistir al Congreso para declarar formalmente inaugurado el período de sesiones ordinarias del Poder Legislativo. El protocolo indica que a la llegada de la Presidenta al Congreso, la debe esperar una delegación integrada por legisladores de los distintos bloques, quienes luego la acompañan hasta el Salón Azul. Ahí la deben aguardar el vicepresidente, el presidente de la Cámara de Diputados, Carlos Fellner, y el vicepresidente primero del Senado, José Pampuro. Del Salón Azul tienen que pasar al recinto de la Cámara de Diputados, en donde debe estar reunida la Asamblea Legislativa. Se iza entonces la Bandera y, a renglón seguido, el vicepresidente invita a la Presidenta a comenzar su alocución.

La pregunta es: ¿qué pasará el próximo domingo?

“Cobos tiene una invitación para ir a Portugal a participar de una reunión dedicada a tratar temas parlamentarios: está viendo cómo hacerlo una vez que se haya cumplimentado la inauguración de las sesiones del Congreso. Pero si no llegara a lograr las combinaciones de vuelos necesarias, su prioridad será lo institucional, o sea presidir la Asamblea Legislativa”, afirman desde el entorno del vicepresidente.

Como si todo esto fuera poco, las imágenes de Néstor Kirchner viajando a Jujuy para presidir un acto partidario, usando uno de los aviones de la flota presidencial, marcan el nivel creciente de desprecio por lo institucional que se ha apoderado del matrimonio presidencial. Como dice alguien que los conoce muy bien, “es lo que los Kirchner han hecho siempre desde que llegaron al poder”.

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