Desplome de las importaciones: la punta del iceberg de la recesión

Por: Alcadio Oña

Hay una regla corriente entre los economistas que asocia la evolución de las importaciones con la del Producto Bruto: el aumento o la caída de la primera variable se refleja en la otra. Para el caso, un desplome del 33 % como el que acusaron las importaciones en el primer cuatrimestre revela que la economía está en recesión directa. Sólo sobre la base de proyectar una baja real -descontada la variación de precios- del 12 % en las compras al exterior, la consultora abeceb.com calcula que este año el PBI caería 1,5 %.

Pasa, concretamente, que las importaciones son un registro claro del estado de la economía argentina. Las cadenas de producción se completan, y mucho, con bienes intermedios y piezas o accesorios traídos del exterior, así como los bienes de capital, equipos, revelan el comportamiento de la inversión. Dicho de otra manera: si todo esto se retrae es porque la actividad interna se ha comprimido.

Puestos en cantidades, o sea, con independencia del factor precios, otros datos de abeceb.com son una muestra elocuente de este fenómeno. En el primer cuatrimestre, la importación de bienes intermedios bajó 29 %; la de piezas y accesorios, 35 % y 40 % la de bienes de capital.

Por si mismos y fuera de cualquier regla matemática, semejantes números dejan en el aire el empeño que el Gobierno pone en sostener que la economía argentina sigue en terreno positivo, a contramano de lo que ocurre en los países desarrollados. Seguro que allí la recesión es más profunda, pero eso no equivale a decir que acá no existe. Y para mayor abundancia, también cayó 19 % la importación de artículos de consumo, o sea, bajó todo.

Sin embargo, nada logra detener los esfuerzos del INDEC por contar otra realidad. El problema es que el Gobierno se crea esas estadísticas, tal cual parece, y además las defienda a todo trance.

Según el INDEC, en marzo la actividad económica creció un 2,7 %. No sólo no existe recesión, sino que se ha crecido eso sobre el 8,1 % de marzo del año pasado. Una performance envidiable: para el organismo comandado por Guillermo Moreno, hoy se está 11 % por arriba de 2007, el mejor de la era kirchnerista.

Con esas cifras, cuesta entender por qué algunos informes oficiales internos, comentados por Clarín, hablan de un "rebote" de la actividad. ¿Rebote de qué, si el INDEC no ha visto ninguna caída?

A riesgo de abundar, hay otros datos de la realidad. En el primer trimestre, la producción de maquinaria agrícola se contrajo 65 % y entre 27 % y 73 % la de televisores y microondas fabricados en Tierra del Fuego, en el bimestre. Más cercanas, cifras del cuatrimestre arrojan bajones del 30 % en productos de línea blanca; del 39,2 % en automotores y 42 % en acero.

Todavía se mantiene en signo positivo alimentos, pero nunca en los increíbles guarismos del INDEC. Se sabe: lo último que se resigna en tiempos difíciles es la comida.

En el Gobierno también sacan pecho con la reversión del déficit comercial con Brasi, aunque sólo se trate de un dato parcial, si se quiere un relato oportunista. Es tan cierto que hubo superávit en abril, como que el saldo resulta negativo cuando se mira el cuatrimestre completo.

Y si la tendencia del mes pasado se mantuviese no será gracias a las exportaciones, que vienen en franca pendiente. Sino un efecto directo del enorme repliegue de las importaciones: nada menos que 44 % entre enero y abril.

Existe otro factor que gravita en el bajón de las importaciones, aunque comparativamente de mucho menor peso que la demanda real de la economía. Son las restricciones que se aplican para proteger producción y trabajo nacionales y, a la vez, obstruir un canal por el que salen divisas escasas. Así las haya en otras partes del mundo, aquí entra de todo y todo vale cuando se trata de preservar un superávit comercial robusto, clave para la estabilidad cambiaria.

Algunos economistas se animan a pronosticar un saldo anual de 12.000 millones de dólares, equivalente al de 2008, aunque sea a causa del efecto combinado de recesión y control de las importaciones. Y desde luego no un subproducto del aumento de las exportaciones, en picada por donde se las mire.

Fuentes privadas cuentan que Moreno se ha transformado en "guardián del superávit". Dicen que exige a las empresas que sus compras externas tengan como contrapartida exportaciones de al menos parecido valor, y presiona con la consigna del balance de divisas compensado. Como si esto fuese posible de un día para el otro, en vez de haber sido una política anterior. Se trata, sencillamente, de regular las importaciones y el flujo de divisas.

También aquí salta a la vista la ausencia de estrategias de largo plazo. Veinte rubros explican el 66 % de las exportaciones totales. La mayoría son de origen agropecuario, con la soja punteando por mucho. Eso pasa, por más que con seis años de gestión encima el Gobierno siga machacando con la necesidad de agregarle valor, trabajo, a la producción primaria.

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