Desplazamientos

Por Juan Gelman

Aparece información que despierta reflexiones sobre el ominoso atentado terrorista que castigó a Bombay.

Un ejemplo: se sabe ahora que cuando finalizaban los ataques un señor anónimo llamó por teléfono al presidente paquistaní, fingió que era el ministro de Relaciones Exteriores de la India y lo amenazó con declararle la guerra. Pakistán puso su fuerza aérea en estado de alerta durante un día entero (Los Angeles Times, 7-12-08). Esa guerra era el objetivo de los terroristas, pero surge una pregunta: ¿cómo logró el señor anónimo conocer los códigos necesarios para ser atendido por el presidente paquistaní? ¿Tal vez fue alguien bien ubicado en Nueva Delhi? Lo cierto es que un detallecito como éste puede provocar la catástrofe: los dos países, que se disputan Cachemira, tienen armas nucleares.

Otro interrogante: ¿por qué la policía india se mostró bastante pasiva durante las 60 horas que duraron los ataques de sólo diez hombres? Algo más: los servicios de inteligencia de la India fueron advertidos el 18 de noviembre –ocho días antes– de que militantes con base en Pakistán preparaban el desastre. “Agentes de inteligencia indios y europeos manifestaron que la información reunida era lo suficientemente específica: mencionaba amenazas a los principales hoteles de Bombay y la posibilidad de que los islamistas atacantes pudieran emplear lanchas para penetrar las débiles defensas costeras de la ciudad” (www.cbsnews.com, 2-12-08). Esta “ignorancia” se asemeja a la de W. Bush, al que los servicios estadounidenses le informaron el 6 de agosto de 2001, más de un mes antes del 11/9, de lo que se venía (The New York Times, 10-5-04). A la Casa Blanca no le importó: murieron tres mil personas en las Torres Gemelas, pero el pretexto para invadir Irak fue servido.

Abundan los hechos curiosos. Según las declaraciones del gobierno indio, los terroristas, olvidadizos ellos, dejaron un teléfono móvil en la lancha que secuestraron, lo cual permitió identificar al menos a tres miembros de Lashkar-e-Taiba (LeT), el Ejército de los Píos, un grupo fundamentalista musulmán que rechaza el control indio de Cachemira y que mantendría contactos con Al Qaida y los talibán por intermedio de los servicios de inteligencia de Pakistán (ISI) (www.telegraph.co.uk, 30-11-08). Nueva Delhi involucró además a Jamaat ud Dawa, organización madre del LeT, que al parecer no era terrorista cuando sus miembros trabajaron codo a codo con militares norteamericanos para ayudar a las víctimas del terrible sismo que afectó a la India y Pakistán en el 2005 (counterterrorism.blog.org, 30-4-06). Es una trama oscura, pero se recuerda que la CIA, por conducto de ISI, financió y entrenó a los talibán para echar a los soviéticos de Afganistán y que se alimentó económicamente del tráfico de drogas procedentes de ese país. La colaboración de los dos servicios continuó a lo largo de los años ’90 en Chechenia, Yugoslavia y la India. Es notorio que la CIA y el Pentágono arman y entrenan a Jundullah, grupo terrorista de la zona tribal de Pakistán, para que incursione en Irán. Pareciera que Irán es la cuestión.

El electo presidente Obama, rodeado de un equipo en el que abundan los halcones que eligió, ha reiterado su intención de convertir a Afganistán en centro de la llamada lucha antiterrorista, lo cual ha creado ya un conflicto con Pakistán por los bombardeos estadounidenses de su territorio. Ha mencionado a Cachemira como foco terrorista y todo indica que la intervención militar de EE.UU. se desplaza hacia el sur de Asia. Esto confluye con los objetivos del partido indio de la guerra, el Bharativa Janata (PBJ) –versión chauvinista y nacionalista del hinduismo tradicional–, que propugna una alianza más estrecha con EE.UU. y que probablemente gane las elecciones del 2009 por el fracaso del Partido del Congreso gobernante en cohesionar al país. Los atentados de Bombay le han venido de perillas al PBJ, que despliega una ideología muy particular: afirma que la raza hindú fue originariamente una tribu que bajó del Polo Norte. Subraya que sus miembros eran arios, rubios y tenían ojos azules (www.geocities.com/indianfascism, 23-2-00). Se propone rescatar la gloria de un pasado mítico y restaurar el antiguo imperio hindú.

El énfasis de Obama en Pakistán no es gratuito: el país limita con Irán, Afganistán, India, China y no está lejos de las ex repúblicas soviéticas ricas en petróleo y gas natural. Por otro lado, una fuerte presencia militar estadounidense en Afganistán –con la OTAN, claro– sería una advertencia para China y Rusia, que tienen fuerte influencia en la región. Ambos movimientos, además, fortalecerían el cerco a Irán. Es la triste geopolítica de la guerra en curso: los beneficiarios de los atentados de Bombay son conglomerados petroleros y grandes bancos con sede en Londres y Nueva York.

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