Los desplazados del poder, el detonante del golpe de Estado

La versión oficial dice que el detonante del golpe en Honduras, el 28 de junio pasado, fue la consulta popular que Manuel Zelaya intentaba realizar para modificar la Constitución y perpetuarse en el poder con el apoyo de Hugo Chávez. Pero, en verdad, las raíces de la asonada deben buscarse mucho tiempo atrás, cuando el mandatario derrocado desplazó a antiguos socios del establishment.
Zelaya había llegado a la presidencia en enero de 2006 por el Partido Liberal. Durante su campaña, dijo que no aceptaría la ayuda de los grupos económicos locales. "Pero todos saben que nadie llega aquí a la presidencia sin contar con el apoyo de la decena de familias que controlan el país y reparten el bacalao", comentó a Clarín un diplomático latinoamericano que pidió reserva de su nombre.

La propia historia nacional ofrece una clave de cómo se manejan las cosas en este pequeño país de casi 8 millones de habitantes. Honduras fue la típica "banana republic" a inicios del siglo XX, cuando la Cuyamel Fruit Company y la United Fruit se adueñaron de Centroamérica. Una red de intereses políticos y económicos hizo que desde aquí se planificara el golpe contra el presidente guatemalteco, Jacobo Arbenz, en 1953. Más tarde, en los '80, Tegucigalpa fue vital en la lucha del Pentágono contra el sandinismo y las guerrillas de El Salvador y Guatemala. La militarización era de tal extremo que Honduras recibió entonces el mote de "un ejército con país".

"Siguiendo la historia local, Zelaya logra el poder apoyado por sectores de la agroindustria y a las manufacturas. En especial, el Grupo Continental fue el que financió su campaña y lo protegió", dijo a este enviado el ex viceministro de Economía de Zelaya, Julio Raudales. Una de las familias claves en la historia es la de Jaime Rosenthal, quien dirige ese conglomerado con intereses en la banca, la agroindustria y los medios. Al principio, el compromiso de los Rosenthal fue tan marcado que tenían a uno de los suyos, Yani Rosenthal, como ministro de la Presidencia. "Pero a poco de iniciado el mandato empezaron las fricciones", comentó el analista Efraim Díaz.

El primer choque fue con los importadores de petróleo, cuando Zelaya introduce un modelo de compra de combustible por licitación internacional. Aunque al principio lo toleraron, ninguna de las grandes compañías locales del negocio estuvo luego de acuerdo. Allí interviene la propuesta de Chávez que, a través de Petrocaribe, ofreció abastecer a Honduras de combustible a precios subsidiados.

Otro roce ocurrió con las compañías locales que usufructúan franquicias de "comida rápida", uno de los negocios más rentables, cuando Zelaya intentó anular beneficios tributarios en un país con una altísima evasión."Zelaya pierde el poder político que le daba su partido cuando empieza a tocar estos intereses", dijo el diplomático consultado. Esa fuente citó las fuertes pujas comerciales que generó la ley de Telecomunicaciones, vetada al final por Zelaya, cuando firmas locales buscaron acaparar el negocio de los celulares y el video cable.

Con un cuadro fiscal cada vez más grave, entre fines de 2006 y abril de 2007 se produjo el mayor divorcio con sus antiguos aliados. "Zelaya desplazó entonces a ocho ministros y secretarios del Partido Liberal y colocó a viejos amigos, que militaban en la izquierda en los 80. Allí se relaciona con Chávez y provoca la repulsa de los otros grupos económicos locales", comentó Raudales. La masiva oposición de la prensa se entiende hoy en ese contexto. Según Elan Reyes Pineda, presidente del Colegio de Periodistas, con su pelea con Continental, Zelaza "se echó encima a los grandes medios" que acabaron por esmerilar su gestión ante una opinión pública sesgadamente informada.

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