Despedidas de año más austeras y menos reservas en los restaurantes

La retracción del mercado también se refleja en el rubro gastronómico. Restaurantes, parrillas y pizzerías levantan su rendimiento en diciembre. Pero ya no existe el furor de otras temporadas. Algunos hablan del efecto de la crisis. Y otros apuntan contra el Bingo.
Diciembre es un mes siempre bien recibido por los empresarios del rubro gastronómico. Los festejos del final del año organizados por distintas empresas para sus empleados, o las despedidas particulares, de ex compañeros, familiares, peñas o grupos de amigos, generan habitualmente un movimiento extra para restaurantes, parrillas y pizzerías. Sin embargo, el último tramo de 2009 no llega a equiparar, ni a acercarse, a las épocas doradas previas al desembarco de la crisis.

En las últimas semanas, propietarios del rubro vieron la consolidación de una tendencia a la baja que ya se había insinuado en el cierre de 2008. Las reservas ya no se reciben con tanta anticipación, los grupos son cada vez más reducidos y la comparación de precios entre las distintas ofertas del mercado es un recaudo que la mayoría de los comensales toman antes de asegurarse una mesa.

Al establecer las causas del momento "austero", las respuestas de los entrevistados pasan por tres ejes centrales: en primer lugar, la crisis generalizada que afecta a la actividad económica; como segundo punto, la fuerte competencia gastronómica del mercado local, que genera una fuerte pelea por un grupo de clientes cada vez más chico; y en tercer orden, algunas voces siguen alzando su voz contra la competencia "en desventaja" ante el Bingo.

Achique y nuevas modalidades

"Las empresas han reducido los costos", sintetizó Horacio Clavero, al abordar uno de los síntomas visibles de la retracción. El empresario gastronómico evaluó la caída en un porcentaje cercano al 40 por ciento. "Digamos que las fiestas que antes eran para 100 personas, hoy se hacen para 60. Hay empresas que se han ido achicando, y hay otras que siguen con la misma cantidad de personal pero hacen una despedida de año más modesta para bajar los costos".

El rubro también se vio afectado porque las despedidas particulares, de amigos o familiares, también han cambiado sus formas. "Se hacen reservas, pero no tantas como antes. Los festejos se han trasladado mucho a casaquintas y a casas particulares", reflejó. En su caso, el nuevo formato tiene un costado positivo: "Estamos trabajando mucho con el alquiler de carpa y de vajilla. La gente organiza un asado en alguna quinta y abarata el precio. Ya no contratan el servicio completo, con el menú incluido, sino que te piden cosas puntuales y ellos se encargan del resto".

Clavero admitió que los niveles de la actividad "han mermado notablemente". Describió un mercado "muy tranquilo". Pero mostró cierto optimismo de cara al mediano plazo. "Siempre soy optimista, y creo que ya hemos pasado la parte más brava de la recesión y de a poquito vamos a ir levantando. En los últimos dos meses se ha dado un repunte muy lento, pero repunte al fin. Si esto sigue así, espero que a mediados de 2010 podamos estar mejor que este año".

No son pocos los que agregan que la plaza olavarriense, por sus características sociales y culturales, le quitan dinamismo a la rama. "Para la cantidad de gente que tiene la ciudad, los restaurantes que hay son pocos. Pero la realidad nos indica que para el consumo tradicional de la ciudad, al final somos demasiados. Olavarría es una ciudad con muy poco consumo gastronómico", definió una de las voces.

En el restaurante Luna Negra, emplazado en el corazón del Club Atlético Estudiantes, hay interesantes expectativas para las próximas semanas. Algunas reservas, concretadas con un mes de anticipación, para grupos que superan el centenar de comensales son el "regalito" de fin de año. "La vida social del club es importante y se crea un ambiente familiar. Eso hace que podamos recibir a grupos importantes", destacó ayer el encargado.

Desde el restaurante 7400 coincidieron con la lectura de la realidad de la mayoría de los espacios gastronómicos. "Reservas hay, para las noches tenemos un promedio de 30 ó 40 personas, y seguramente esta semana que viene será más fuerte, porque ya se van acercando las Fiestas". Pero la misma voz señaló que "la actividad no tiene la misma fuerza que otros años anteriores. Estamos en un nivel similar al del 2008, pero lo que sucede es que el año pasado ya había empezado a caer".

Para todos, la preocupación central pasa porque el leve repunte de diciembre concluirá con el mes. "En enero siempre baja, y es como que estamos muertos. Por ahí trabajan más las pizzerías, pero para los restaurantes los meses de pleno verano son malos. Especialmente para que los trabajamos con una franja de clientes de clase media-alta, porque es gente que se va de vacaciones y lógicamente deja de consumir en Olavarría", apuntó otro de los consultados.

El Bingo, en la mira

Para muchos, la irrupción del Bingo en el mercado local cambió las reglas del juego para siempre. "No sólo porque la gente gasta en juego lo que antes podía destinar a salir a comer, sino porque en el Bingo prácticamente les regalan la comida. Y eso, para nosotros, es un competencia totalmente desleal. Porque ellos pueden vender la comida a precios bajísimos porque total le sacan la plata a la gente en el juego", se quejó otro de los propietarios entrevistados por este Diario. Desde su óptica, las desigualdades se ven acentuadas "porque en el Bingo se puede fumar y en nuestros restaurantes no. Entonces, son muchas cosas que terminan pesando a la hora de decidir dónde ir a comer".

Uno de los empresarios del rubro calculó que "desde que llegó el Bingo a Olavarría hasta hoy, la actividad de los restaurantes cayó un 50 por ciento. Y que no me digan que esto es debido a la crisis, porque a esa baja la sentimos ni bien abrió el Bingo, cuando de la crisis internacional todavía ni se hablaba". Y en el mismo sentido, aseguró que "por más que no hubiese habido crisis, nosotros, en el rubro gastronómico, o de entretenimientos, estaríamos igual. No es que la crisis mató a todo, porque el Bingo siempre está lleno. Lo que pasa es que si vos tenés 100 pesos para gastar en diversión el fin de semana, vas al Bingo y te los gastás en diez minutos. Y de ahí, derecho a dormir porque no te queda resto para otra cosa".

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