Desparpajo

El asesinato cruel de Javier Sampino, taxista de 33 años, desató la furia de cientos de colegas y remiseros, que rodearon la patrulla en la que estaban los criminales detenidos, se enfrentaron al grupo GAD, destrozaron vehículos, robaron chalecos antibalas, y también escudos pertenecientes a las fuerzas de seguridad.
Todo comenzó en la madrugada de la ciudad, cuando dos hombres jóvenes, de 18 y 21 años, balearon con una Glock 9mm a Sampino. Martín Villagra y Guillermo Daniel Ordóñez, los delincuentes, se habían desplazado unos doscientos metros luego del hecho cuando fueron sorprendidos y detenidos por una patrulla: Villagra aún tenía la pistola en su mano.

Esta crónica, harto conocida ya por el lector, es para apuntar una serie de acontecimientos que explican las circunstancias posteriores. El asesinato se produce en Luro y 218, y la detención en Luro y 222; en ese momento dos patrulleros convergieron al llamado del 911, uno en la cuadrícula y el otro fuera de la misma.

Sobre el patrullero fuera de cuadrícula hay dos versiones. Una dice que estaban en el área por problemas particulares de un integrante de la patrulla; la otra versión, según refiere la Departamental, tendría que ver con que su presencia en la zona obedecía a que funcionaba como unidad de apoyo. Por tanto, una capturó a los incriminados en el asesinato, y la otra convergió al lugar del hecho, en teoría para asegurar el perímetro y proteger la tarea de la policía científica. ¿Por qué entonces las dos unidades quedaron envueltas en una marea humana embravecida que pretendía linchar a los señalados como responsables del crimen?

Algunas fuentes dignas de crédito sostienen que porque se les dio orden de esperar a la televisión, más específicamente a Crónica TV. Es decir que si la unidad hubiera partido hacia la Seccional Cuarta inmediatamente con los sospechosos, mucho de lo que se vivió podría haberse evitado.

Según relató en entrevista para la 99.9 Salvador Sampino, hermano de la víctima y también funcionario policial, es inexplicable que la policía científica haya entregado el vehículo en el que trabajaba Sampino cuatro horas después de ocurrida la muerte. Asimismo, el dueño del taxi informó que halló en el pasa ruedas, dentro del baúl del auto, una bala que podría haber sido disparada por el arma secuestrada.

La actuación del la comuna fue deplorable, jugando con la sangre derramada para hacer politiquería y negocios. El impresentable Ariel Ciano, secretario de Gobierno, llegó al lugar de la tragedia con una venta de salón: "hay que poner el GPS y las mamparas de seguridad". A ver: a Sampino lo balearon desde afuera del auto. ¿Habrá que poner también vidrios y protección antibalas en los taxis y remises?

No le fue mejor a Donato Cirone, de Supetax, que esa tremenda mañana se vio envuelto en una trifulca callejera, acusado de connivencia con la Intendencia.

Dentro del Palacio, en la reunión del ministro Stornelli con los concejales, el clima de delirio llegó a grado tal que uno de los concejales presentes le preguntó al ministro sí tenía alguna idea sobre lo que había que hacer. Stornelli, a quien le faltarán ideas pero no reflejos, giro rápido y le pidió al jefe de los bonaerenses, Juan Carlos Paggi, que explicara. ¿Explicar qué? ¿Que Mar del Plata tiene un 50% menos de efectivos de los que debería tener? ¿Que el 911 no funciona y es una rémora para dar seguridad? ¿Que los prefectos, por imperio de la Ley de Seguridad Interior, no pueden hacer arrestos si no es con la presencia policial?

El cierre, provisorio hasta el próximo asesinado, hizo que el Concejo Deliberante le diera a Pulti libertad para disponer de veintiocho millones de pesos en contratación directa, sin mediar licitación. Una vez más, ante el dolor, la política se las ingenia para hacer negocios.

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