Desopilante visión de la realidad política riojana: Enmascarados.

El dirigente político Carlos Santander escribe aquí su visión sobre la situación política de La Rioja en medio del proceso electoral. Imperdible.
Desde la primera junta de Mayo de 1810, cuando la Argentina estaba naciendo, la política, ya apelaba al uso de máscaras. En aquella oportunidad fue la máscara de Fernando VII, rey español del que los americanos no habían decidido aun independizarse. Fernando era llamado "el deseado" por el pueblo, que invocaba su nombre, pero en realidad libraba su propia guerra.

La máscara, es por lo tanto una moda tan antigua como la Argentina misma. Hoy está tan generalizada que cada candidato tiene su propia máscara, como en el programa del Gran Cuñado.

Aquí mismo en la ciudad hay máscaras por todos lados. Hay quienes usan dos, como Agost Carreño, la de Macri mas la de De Narváez. Al Gallego le encantan las máscaras: usó la de Menem en la década del 90, cuando todavía no era infame; la de Kirchner en el 2003, la de Sobisch en el 2007. Lo que se dice un disfraz para cada ocasión.

Hay candidatos mas módicos, si se puede decir: entre dos usan una sola. Es el caso de Titi Bosetti y Claudia López. O la máscara de Menem es muy grande o ellos son muy pequeños, o las dos cosas.

Yoma es sin duda el campeón en el arte del engaño. Las ha usado a todas: la de Menem, la de Duhalde, la de Kirchner en sus dos versiones, y hasta el antifaz del Chacho Alvarez en su apogeo. Las ha gastado a todas, no le queda otra que refugiarse en la oscuridad y usar una versión retro de si mismo "negro 100 x 100", slogan de campañas anteriores.

La careta puede ser sustituida, por alguna referencia subliminal, cuando ya se ha abusado de ella. Es el caso de Jorge Basso, que usó la de Menem para la diputación en el 2005, la cambió inmediatamente electo por la de Beder y su billetera, y ahora como no puede ya recurrir a Carlos Menem, se conforma con Jorge, el sobrino, su próxima victima. Los apellidos de la formula Basso-Menem cierran, con una gráfica y slogan similar "sigamos adelante", de la década maldita. Así el engaño, como el crimen, resulta casi perfecto.

El padre Pocho, ya no usa la máscara de Angelelli y su humildad se ha caído con su sotana. Las gigantografias, con su imagen gigantesca, vale la redundancia, son hoy su enorme máscara.

Expresan el poder soberbio y gigante en su máxima expresión. La mas gigantesca de todas, se halla en el comienzo de la avenida monseñor Angelelli. ¿No es un cruel ironía?

Si la propia cara es casi una máscara, conviene el paraguas de los amigos de hoy y enemigos de mañana: tere, beder y ricardo. Juntos "por ahora".

El paraguas es imprescindible ahora que Tineo, el sincericida, se le ha dado por confesar que la campaña de los candidatos oficialistas, es decir todos los que aquí he nombrado, la paga el gobierno.

Y le ha dicho a Cacho Luna, uno de los beneficiados, como el rey Juan Carlos a Chavez, "por qué no te callas".

Al fin de cuentas 50 o 100 millones no son tantos, si son ajenos. Bah, de la gente, de todos y de nadie. Y al que no le gusta que se encadene.

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