La desobediencia debida de Jorge Tanús

El diputado fue uno de los primeros peronistas locales que se opuso al pacto Cobos-Kirchner. Hoy dice no a dividir la sociedad por la ley de Medios.
Desde el 28 de junio hasta la fecha el peronismo mendocino gobernante no encuentra su lugar en el mundo. Si bien, a diferencia del Gobierno nacional, nunca negó la derrota -ni intentó transformarla en un falso triunfalismo como hace Kirchner-, lo cierto es que tampoco la asumió ni la digirió debidamente, por la cual la misma sigue atragantada en la garganta del oficialismo.

Quizá ésa sea la razón que les impida a los justicialistas locales hablar entre ellos para analizar lo que pasó, por qué pasó y lo que deberán hacer de aquí en más. Pero cuando no se habla en equipo, cada uno de los jugadores habla por sí solo, tal como ocurre hoy. Y entonces las fuerzas centrífugas hacen estallar al Gobierno en mil direcciones diversas.

La primera respuesta de este PJ confundido fue la de intentar "socializar" la derrota suponiendo que si habían perdido todos, no había perdido nadie. La socialización igualatoria, enfureció a los que se sentían menos perdedores que otros, por lo que comenzaron las escaramuzas internas.

El posterior intento fue tratar de explicar el fracaso por esa inmensa ola anti-K que recorrió el país. Entonces el que se enfureció fue Kirchner, por lo cual los pobres justicialistas mendocinos se vieron obligados a marchar hacia la devaluada Meca central a explicar que no dijeron lo que dijeron. Allí los perdonaron siempre y cuando se pusieran los uniformes de soldados para librar las nuevas guerras nacionales inventadas por nuestro Napoleón de las Pampas.

Volvieron a Mendoza, trajeados y armados pero con escasa vocación guerrera y hoy no saben cómo hacer para decir que pelean sin pelear. Por lo cual reciben todos los balazos sin poder -ni querer- disparar ninguno, ante la impaciencia de los mendocinos que sólo quieren verlos gobernar.

El presidente de la Cámara de Diputados, el peronista Jorge Tanús, es uno de los primeros -pero cada vez menos el único- que decidió discutir de cara a la sociedad estos dilemas que los oficialistas no se animan a discutir entre ellos.

Así, desde que osó opinar que la ley de medios K tal como está siendo tratada lo único que logrará es dividir al país como lo hizo el debate por la resolución 125, su celular no paró de sonar.

Muchos para darle ánimo, otros no tanto, pero de esa infinidad de llamadas, la que más conmovió a Tanús fue la de su madre que no entiende cómo su hijo logró tanta trascendencia pública por el sólo hecho de haber dicho lo que piensan casi todos los mendocinos: que es ridículo que la sociedad se divida por este tema, y que de hacerlo sería tan negativo para todos como lo fue la estéril pelea entre Gobierno y campo.

Jorge Tanús ha leído entera la ley de medios; por eso no comprende cómo algo tan importante se pretenda imponer sin consenso y ya mismo por parte del oficialismo; pero tampoco entiende cómo la oposición salió a despotricar tan taxativamente cuando muchos de ellos ni siquiera la leyeron.

Pareciera que ni unos ni otros buscan el acuerdo, sino la confrontación que puede beneficiarlos a ellos pero nunca a la sociedad que sigue sin entender por qué se pelean, reflexiona en voz bastante alta.

El legislador peronista se siente identificado con 80% de lo que dice la ley de Medios. Y no sólo en lo que se refiere a la participación de las organizaciones sociales en la distribución de frecuencias, sino también en la necesidad de avanzar en la integración entre telefonía y comunicaciones, porque cree que eso es inevitable, técnicamente hablando.

Pero lo que no entiende es porqué se debe avanzar en ello enfrentando a unos actores contra otros y, a la vez, avasallando derechos adquiridos.

Razona que con una mirada hacia el futuro y pensando en una política audiovisual que proyecte la Argentina al mundo, esta ley podría salir con un fenomenal consenso de casi todas las fuerzas políticas y casi todos los sectores comunicacionales.

Tanús asegura que si él fuera norteamericano, no habría aceptado jamás como suya la guerra de Irak, por más que así lo impusiera el presidente Bush. Salvando las distancias, está convencido de que la guerra comunicacional tampoco debe ser aceptada, la mande quien la mande. Se siente, en su actitud, como un representante del sentido común de la mayoría de la sociedad, que no es que no quiera la ley, sino que lo que no quiere es la guerra.

Si bien el diputado cree que su principal deber político actual es el de reforzar la gobernabilidad reafirmando la autoridad del gobernador Jaque, no duda en lanzar una mirada de simpatía hacia el gobernador salteño Juan Manuel Urtubey que se animó a decir que tanto Duhalde como Kirchner "han cumplido una etapa" y que "la construcción política tiene que tener más que ver con el siglo XXI que con el siglo XX".

En ese momento se pone memorioso y recuerda una entrevista que tuvo con este cronista en 2006 cuando el Gobierno nacional intentaba obligar a todo el peronismo mendocino a aliarse con Julio Cobos por el pacto que éste había celebrado por Kirchner.

Ganamos las elecciones precisamente porque le dijimos que no a Kirchner, pero ese no nada tuvo que ver con diferenciarnos del presidente, sino porque creímos que ese pacto era un error -como se demostró posteriormente con creces- y nuestro deber era decirlo, rememora con orgullo el diputado al defender su particular concepción de la desobediencia debida.

No se avergüenza de sentirse un peronista moderado y dialoguista que rehúye tanto la confrontación inútil con los gobiernos nacionales como la obsecuencia igual de inútil. Creo que si encontramos ese justo medio y sabemos comunicárselo a la sociedad, el peronismo mendocino se reconstruye en un abrir y cerrar de ojos, finaliza.

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