Una desmentida de manual

Por: Ricardo Roa

Era de manual. Después de que Clarín revelara los cuestionamientos a Kirchner en una comida de diputados del peronismo bonaerense en Pinamar, el ex presidente salió furioso a pedir cabezas

Y según el grado de dependencia de cada protagonista con la caja central, fue el tono de las desmentidas. El primero en hablar fue el anfitrión. Horacio González, presidente de la Cámara de Diputados, confirmó la reunión y admitió tibiamente que hubo críticas aunque negó "una rebelión en la granja". Si no hay eso, cuanto menos existe un río muy revuelto, que viene en aumento desde la catástrofe electoral de junio.

Ya hubo dos fuertes fogonazos. El primero a comienzos de diciembre, cuando el PJ bonaerense intentó separar por ley las internas provinciales de las nacionales. Obvio, era para despegarse de Kirchner. Y duró lo que el ex presidente tardó en enterarse: ordenó bajar el proyecto, que había sido ya aprobado por el Senado impulsado por el mismísimo vicegobernador Alberto Balestrini.Y el otro fue casi simultáneo: cosas parecidas a las que se escucharon el mediodía del lunes en Pinamar decía José Scioli, hermano de Daniel y secretario general de la Gobernación. Hasta que le cayó el rayo K y fue eyectado del cargo.

Los diputados tienen más anclaje territorial que los senadores, que responden sobre todo a la estructura partidaria. Por eso registran mejor el descontento de la gente y de la militancia. Y pueden manifestarlo, a diferencia de los intendentes obligados al silencio por miedo a quedarse sin la plata y las obras que Kirchner reparte a su gusto. El clima político que se vive en la Provincia no es distinto al del resto del país. Pero hay una diferencia enorme: en Buenos Aires se juega la suerte del kirchnerismo. Es también de manual.

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