Desintegrados

Desintegrados
as respuestas policiales a problemas sociales son parciales y no llevan a soluciones. Los casos de la Costanera y de Villa 9 de Julio son paradigmáticos.
Villa 9 de Julio es un lugar denso. “Somos pocos los buenos y muchos los malos. Esto es una cadena de transas˝, dice la vecina Norma Cisnero. El comisario Ramón Ferreyra, de la seccional 10ª, explica, exagerando hasta el paroxismo, que el 60 % de los jóvenes de esa “zona complicada˝ (como la describe) tuvo conflictos con la ley. Esa expresión deja ver dos situaciones: por un lado, el miedo de los vecinos, que viven en un área convulsionada desde el sábado de la semana pasada, cuando se realizaron los allanamientos a la familia Toro (se encontró droga y gente que vivía lujosamente en medio de una barriada muy pobre) y por otro, la visión reduccionista de exclusividad policial frente a un problema social serio.

¿Cuántos jóvenes son el 60% de los habitantes de entre 12 y 25 años de esa villa? ¿15.000? ¿18.000? ¿No deberían estar Desarrollo Social y la Secretaría de Prevención de Adicciones haciendo un tsunami integrador ante tantos tucumanos perdidos en la exclusión social? Parecen más que los casi 3.000 chicos adictos al “paco” que, según la experta María Eugenia Almaraz, viven en los barrios de la Costanera.

Vínculos íntimos

Estos barrios, de acuerdo con las revelaciones surgidas de los allanamientos, están íntimamente conectados con Villa 9 de Julio. Al menos, en el trasiego de la droga. El mismo jefe de Policía, comisario general Hugo Sánchez, dice que la Policía tiene más problemas en Villa 9 de Julio que en la Costanera.

Entonces, ¿por qué se ha anunciado el lanzamiento de un programa social enorme en la Costanera hace 20 días, tras las denuncias públicas de las madres de chicos adictos? ¿Fue a causa de la muerte de Walter Santana, el 25 de diciembre? ¿O fue por la difusión del tema? “No se debe enfocar la cuestión ahí únicamente, porque podemos llegar a engañarnos”, continúa el jefe. “En otros barrios también tenemos problemas”, añade, con visión netamente policial. También explica que en Villa 9 de Julio se hará un programa de integración comunitaria, “encarado desde la fuerza, Políticas Sociales y otras áreas del Gobierno˝. Y añade que se entrevistará y relevará a personas del barrio. “De esta manera, también se logrará la erradicación de quienes operan ilícitamente en la zona y se ganará la confianza de los vecinos”...

Historias de pedradas

Las palabras suenan conocidas. Sánchez era el jefe de la Patrulla Urbana en 2004 cuando se amplió para la zona del Costanera y del parque 9 de Julio el Programa de Integración Ciudadana de la Patrulla Urbana. Entre otras cosas, se puso un destacamento con 60 hombres en el parque 9 de julio (dependía de la seccional 10ª, que junto a la seccional 11ª, cubre, precisamente los sectores de la Costanera y de Villa 9 de Julio). Es que en esa época el jefe de guardia de la 11ª decía que no daban abasto con cuatro agentes y un solo móvil para vigilar y que no podían ir al Costanera porque ahí los apedreaban.

Hoy, cinco años después, pasa lo mismo. Y, según se vio en Villa 9 de Julio, también son apedreados periodistas y cualquier extraño. “Varias veces hicimos procedimientos en algunos barrios y nos apedrearon. Incluso hubo policías heridos. Es algo común en la zona”, dice el comisario Ferreyra. ¿Son los miles de jóvenes de esa zona “complicada”? Si la estrategia del Programa de Integración Ciudadana era, precisamente, contactar a los vecinos para conocer sus problemas y fomentar la confianza de la gente en la Policía, ¿Qué pasó? Lo que se ve claro -a juzgar por el destacamento del parque 9 de Julio, hoy venido a menos- es que la Policía sacó a los hombres de esas zonas. Sectores que ahora volverá a patrullar. ¿En qué quedamos?

Dos visiones

La visión policial sobre los problemas es parcial. Se limita a ver buenos y malos, infractores y vecinos que se quejan. No cambia demasiado con el paso de los años. En lo que hace a drogas y narcotráfico, el jefe de la Digedrop, Fabián Salvatore, dice que siguen trabajando “de la misma manera... y con la misma intensidad para desterrarla”. En su opinión, la muerte de Santana no cambió la situación, que se mantiene así desde hace mucho. Lo mismo parece pensar Sánchez. Pese a los escándalos suscitados en el Costanera y en Villa 9 de Julio, el jefe policial dice que son cosas que explotaron (mediáticamente) ahora. “Hace tiempo que se trabaja con procedimientos y secuestros”, dijo el jefe en la entrevista con LA GACETA. Otra visión del asunto, muy alejada, es la de las madres de adictos, que fueron escuchadas precisamente por esa explosión mediática. Pero ellas reclamaban de antes, ante un problema que ellas veían que crecía geométricamente.

Esa mirada policial de que la realidad se mantiene inalterable -y, por lo tanto, difícil de modificar- subyace en las opiniones de los jefes sobre los exitosos operativos llevados a cabo el sábado anterior. Dan a entender que se está actuando bien y que con algunos hombres más, un vehículo y unas motos, continuará ese buen trabajo, “tal como lo venimos haciendo”, al decir de Salvatore. Esta tarea consiste, de acuerdo con Sánchez, en “impedir que avancen los vendedores fuertes de droga˝.

¿Cómo se impide esto? Sánchez dice que la gente tiene que hacer denuncias de drogas en la Digedrop, “anónimamente, si quiere, y tendrá respuestas”. No obstante, Salvatore afirma que en la investigación sobre la familia Toro no intervinieron los vecinos, sino que fue exclusivo trabajo policial antidrogas.

La gran duda

Por otra parte, ante la denuncia de que había una supuesta camioneta policial que iba cada semana a cobrar coima en las casas de la gente allanada, el jefe policial dio una respuesta de índole corporativa. “Tengo plena confianza en mis hombres. En la Justicia resaltaron el profesionalismo de ellos. Pero, si se comprueba una denuncia, no tengan dudas de que vamos a separar a ese policía”. ¿Cómo se comprobará esa denuncia? ¿Está actuando la Justicia? ¿No llamó la atención la impunidad de los sospechosos? Hacía un mes que había estruendo mediático y operativos policiales intensos en el barrio Costanera -que es al lugar donde supuestamente va el residuo de la droga cocinada en Villa 9 de Julio- y en esta barriada a nadie se le movía un pelo. El tema de la camioneta es mucho más profundo. Sánchez no hace mención a los mecanismos que deberían aplicarse o estar en vigencia para combatir la corrupción. Tampoco los funcionarios jerárquicos del ministerio de Seguridad Ciudadana abrieron la boca para que se averigüe por qué los sospechosos, investigados desde hace seis meses según Salvatore, se movían con tanta sensación de impunidad. ¿Qué hacen la Justicia, la Policía y la conducción política de la fuerza, para hundir el bisturí en este supuesto foco de infección que se está denunciando?

Presiones y movimiento

Hasta ahora se han visto acciones por reacción. Hubo presiones fuertes desde el Gobierno para que se produjeran resultados espectaculares en una realidad que se les había ido de las manos. Desde la Navidad la fuerza opera contra la venta de drogas de modo intenso. Como nunca antes. Pero el impacto del operativo de Villa 9 de Julio muestra que hay muchas cosas que pudieron y debieron hacerse antes. Y falta indagar por qué no se hicieron. Y por qué, con lo que se hizo, se llegó a la situación actual.

El experto en Seguridad Marcelo Saín afirma que la Policía, aunque es un componente fundamental del sistema de seguridad, no es el sistema de seguridad. Y especifica que un gran problema en la sociedad argentina (la tucumana también, obvio) es que los funcionarios civiles no diseñan ni controlan esa política. El critica las modalidades de trabajo policial (“que datan de hace 100 años”, dice) y enfatiza que hay que evitar la corrupción. Además, dice que “es muy difícil trabajar con políticas sociales focalizadas”. Lo mismo que opina el experto en prevención de adicciones Fernando Parolo, que critica que en Tucumán falta una fuerte inversión comunitaria preventiva.

Villa 9 de Julio y la Costanera son dos ejemplos notorios de lugares signados por la exclusión social. Ante los problemas de droga, las respuestas policiales son insuficientes y, como en este caso, sin control ni crítica. Si no se perciben defectos en la tarea, es dudoso que cambien los procedimientos, ni que se escuchen las denuncias vecinales. No alcanza con la respuesta de Salvatore cuando le pide al vecino “que tenga un poco más de paciencia”. Porque no se le puede dar una respuesta policial, y esta necesita estar enmarcada en un programa claro de inclusión, para que no pase lo de 2004. Sain opina que no se puede dejar en manos de la Policía un problema que la excede, como el social.

Carlos March, de Poder Ciudadano, afirma que los dirigentes que miran la realidad desde el conflicto se convierten en miopes. Y que Argentina no puede resolver sus problemas “porque es una constante dar respuestas aisladas de los procesos que originan los conflictos”. Al menos, así parece haberse dado en Villa 9 de Julio y la Costanera, lugares que, en vez de lograr integración, se han ido desintegrando socialmente.

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