La desigualdad social empuja por un lugar en la mesa del diálogo

Por: Alcadio Oña

Como con tantas otras cosas, hay que ver para creer. Pero a un banquero importante se le escuchó decir, en un encuentro empresarial: "Vamos a tener que ponernos al hombro a los sectores excluidos. Porque la situación social ya va para grave y el Estado no aparece".

Cualquiera podría añadir: "Que cumplan rigurosamente con los impuestos, quienes los eluden. Porque con eso se sostienen las políticas de Estado". Y también, que el Estado haga un uso eficaz y transparente de sus recursos.

Es bien posible que en la frase del banquero haya una preocupación sincera por los excluidos del sistema, y algunas otras cosas que se saben o debieran saberse. Que cuando la onda se expande acorrala hasta a los que se creen a salvo, tal cual pasa con la inseguridad, o termina en focos explosivos.

Hay, pues, más de una razón para darle a la desigualdad social un lugar importante en la mesa del diálogo que ha abierto el Gobierno. Junto a los temas que cada cual pretenda incluir por intereses sectoriales, porque, según puede entreverse en la frase del banquero, el cuadro está como para preocuparse de verdad.

Dice la Unión Industrial en un diagnóstico sobre el estado de la economía: "Las subas a los salarios de convenio, que benefician sólo al 27 % de los ocupados, no han resultado eficaces para mejorar sustancialmente la distribución del ingreso, agudizando aún más la diferencia entre trabajadores calificados y no calificados (mercado informal)".

En el mercado informal está cerca del 40 % de la fuerza laboral del país. Son trabajadores en negro sin cobertura por accidentes, ni de salud. Que ni siquiera tienen seguro estatal por desocupación, justo donde el empleo es precario y transitorio y el riesgo de perderlo resulta constante.

Por los motivos que fuesen, ahora el oficialismo aceptó incluir en la agenda parlamentaria al proyecto de crear una asignación universal por hijo, que hace tiempo promueve el diputado Claudio Lozano. Fue durante un encuentro en que legisladores K y opositores discutieron, la semana pasada, los superpoderes, las retenciones al campo y el impuesto al cheque.

En un trance de debilidad como el actual, el Gobierno se vuelve permeable a todo con tal de empujar sus propias iniciativas. Pero el propio ministro de Economía, Amado Boudou, acaba de cuestionar el proyecto de Lozano, sin decir expresamente qué plan social propone en su reemplazo.

Luego de bajar años atrás, ahora la pobreza viene notoriamente en aumento. Salvo en las estadísticas del INDEC. Allí donde el organismo ve un 15,3 %, los centros de estudios privados dicen arriba del 30 %.

Debiera entenderse: no es una cuestión de porcentajes, sino de personas. O de por lo menos 13 millones, según la CTA, la central de trabajadores que el Gobierno había prometido poner al mismo nivel que la CGT de Hugo Moyano y no hizo.

Si hay un lugar, entre varios más, donde la pobreza ya alcanza niveles inquietante ese es el conurbano bonaerense. De acuerdo con una encuesta realizada por SEL Consultores, bordeaba el 37 % en mayo pasado, en las vísperas de las elecciones. El último dato del INDEC, del segundo semestre de 2008, contaba apenas 17,8 %.

Por mucho empeño que Néstor Kirchner ponga ahora en castigar a intendentes que lo traicionaron, allí hubo un voto que lo castigó a él mismo. Según SEL, en el cordón más periférico del GBA, desde Florencio Varela y Esteban Echeverría a La Matanza, el Gobierno perdió 14 puntos porcentuales respecto del casi 57 % que Cristina Kirchner había sacado en 2007.

Pegó el efecto combinado de la inflación real, del encarecimiento de bienes esenciales y de un índice de precios que todos los meses cuenta otra realidad y burla a los pobladores. Se sabe y al final se paga: la inflación corroe sobre todo a los bolsillos más flacos.

Las más de 13 millones de personas que reporta la CTA no son de ahora, sino de fines de 2008. Eso significa que durante los años de crecimiento económico a tasas del 8 o el 9 %, las famosas tasas chinas autóctonas, no se derramó ingresos hacia abajo o se derramó muy poco para quienes más los necesitan. Dicho de otra manera: hubo un enorme segmento social que ni se enteró de lo que pasaba.

Se calcula que la economía debe crecer al 5 % anual para que genere empleo de un modo consistente. Así el Gobierno lo niegue, desde hace meses existe destrucción de trabajo, como lo prueban los propios planes oficiales de subsidio a los suspendidos y los malabares de Guillermo Moreno para sostener empresas en situación crítica.

Y todo indica que si la economía recupera algún sendero de crecimiento, ya no será a las famosas tasas chinas. O sea, habrá más de lo mismo. A menos que se logre pegar un shock productivo.

Los números del INDEC pueden estar todo lo distorsionados que cada cual piense, la pobreza, la inflación o el mismo desempleo. El problema es que se crea en ellos o peor aún: dejar de hacer políticas necesarias confiando en esas estadísticas.

Puesto parecido a la frase del banquero, eso significaría que no basta con un INDEC más confiable, por muy urgente que esto sea. Y a la vez, tampoco alcanza con que sólo el Gobierno se involucre, si de verdad se teme por el cuadro social.

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