¿Por qué no designar un "zar" de la gripe?

Por: Ignacio Zuleta

La Argentina ha perdido la primera batalla contra la gripe. Es otra deuda imperdonable del Gobierno con la sociedad, producto de desmanejos políticos, porque a la Argentina le sobran expertos a los que no se han confiado las soluciones. ¿Es Ginés González García el mejor sanitarista? ¿Por qué no sacarlo de la embajada en Chile y darle el cargo de «zar» de la gripe? ¿Es Daniel Stamboulian el mejor infectólogo del país? ¿Por qué no apartarlo de los cargos de asesor que tiene y nombrarlo «zar» de la gripe? ¿Es la médica santafesina Elena Pedroni la estrella de la infectología que asesoró a Estados Unidos, México y Chile sobre esta pandemia? ¿Por qué en vez de invitarla al país -la trajo el nuevo ministro Juan Manzur para asesorarse con ella- no la designan «zarina» de la gripe?

Para una de las pocas cosas que hace falta un gobierno es para prevenir desgracias. Por ejemplo, esta gripe. A las tantas deudas que el poder político tiene con la sociedad se agrega esta de que sus dirigentes, entregados al frenesí de las elecciones, ocultaron lo que sabían y que ahora sale de debajo de la alfombra. La culpa por ese ocultamiento intentan lavarla con esa competencia que simulan las administraciones nacionales y de varias provincias (Buenos Aires y Capital, a la cabeza) por ver quién escupe más lejos. La andanada de señales que salieron del Gobierno en las últimas 48 horas confundió más al público, que no tiene muchas formas de decidir qué hacer frente a esta peste. Grave, porque médicos y expertos dicen por lo bajo que ante este tipo de epidemias no hay mucha experiencia de la cual aprender. El tipo de virus, la forma de expansión y los factores estacionales son novedosos en el mundo y cada país va a tener que improvisar, con más o menos fondos, con más o menos responsabilidad política, con más o menos racionalidad, con más o menos ciencia, un camino propio.

Esconder la gripe fue una herramienta de campaña; nunca esa palabra estuvo en los discursos del oficialismo nacional en un Gobierno cuyo Presidente y ex presidente hablaron cuatro veces por día en los dos últimos meses. Se mantuvo a una ministra de Salud a quien desde el propio Gobierno se la señalaba como responsable de retener medidas por temor a que acciones audaces abrieran canales de corrupción, o que en pleno proselitismo se señalase al Gobierno como responsable de la expansión del virus. Les pasó antes a otras administraciones de salud y acción social -áreas contaminadas de manera crónica por los chanchullos-. Hace una década, Graciela Fernández Meijide, por temor a que le estallasen en las manos casos de corrupción, frenó medidas como lo hizo esta vez la renunciada Ocaña. Comprensible en la intención, pero condenable por el resultado: quien no pueda gastar sin que le roben no puede ocupar un cargo público.

El Gobierno en campaña se salvó por un pelo de que se instalase como el eje de la campaña su responsabilidad por el dengue. Ante la nueva epidemia resolvió hacer silencio o, en todo caso, pegarla a otra peste que venía del extranjero, la crisis financiera global. Limitó el discurso a las apariciones vespertinas de Ocaña por TV para anunciar los muertos del día y postergó otras acciones que en una pandemia son centrales. Un médico sabe que la enfermedad es en buena parte el discurso de la enfermedad; esta gripe es también el discurso sobre la gripe. Por eso la comunicación es a veces el mejor remedio, más que las cataplasmas y los tamiflúes.

Enfrentar una emergencia pone además a prueba la capacidad de gestión del Estado, que en la Argentina sufre un deterioro que nadie puede detener y que prueba la subejecución de los presupuestos. Los gobiernos no alcanzan a gastar el dinero previsto por los poderes legislativos porque carecen de expertos en administración, control y asignación del gasto.

Pero los países encuentran en las emergencias oportunidades para aprender, hacer reformas y poner las cosas en un estadio superior. Por ejemplo, el terrible accidente de LAPA en 1999 ha sido un laboratorio para mejorar desde entonces los vuelos civiles no sólo en la Argentina sino en otros países, que han convocado a técnicos y también a jueces que actuaron en la causa para aprender de ese accidente. Las catástrofes son oportunidades para la recuperación hasta de la economía, por el esfuerzo de gerencia y los fondos adicionales que asignan los Estados y los organismos financieros internacionales para remediar los daños. Un ejemplo es la recuperación de las zonas alcanzadas por el tsunami del año 2004.

Países que funcionan mejor también aportan lecciones para mejorar la gestión estatal, sin necesidad a veces de emprender laberínticas reformas de organigramas que distraen de las soluciones o que aumentan más el gasto innecesario. En Estados Unidos, Barack Obama heredó la crisis más grande del capitalismo desde la Depresión de los años 30. Apurado para responder con alguna eficacia a las demandas por esa crisis -también a las expectativas que su asunción triunfal había generado en el electorado-, eligió potenciar en Estados Unidos la figura de los llamados «zares» para administrar diversas áreas con superpoderes que los ministros y otros funcionarios no pueden tener. En ese país un «zar» es un funcionario que asume de manera transversal las tareas de las oficinas estancas del Estado para resolver un problema determinado. El término de «zar» para estas funciones lo usó por primera vez en 1982 el actual vicepresidente Joe Biden, entonces senador y promotor de la creación de este tipo de supercargos.

¿Hay un problema con las drogas? Obama designó al experto Gil Kerlikowske como zar de las drogas y actúa con autoridad política y financiera con mando sobre diversos ministerios y agencias -que siguen a cargo de los temas de rutina-, con la promesa de dar una solución inmediata a una emergencia.

¿Hay un problema de seguridad? El ex militar James Logan Jones Jr. asumió el cargo de National Security Advisor (consejero nacional de seguridad) que existía desde antes como un zar de la seguridad pero ahora con más poderes sobre ministerios y agencias de espionaje. También potenció Obama el conocido cargo de U.S. Trade Representative (representante para administrar el comercio exterior) con el nombramiento del embajador Ron Kirk. Para el problema de la inmigración ilegal, inventó también un «zar» de las fronteras, Alan Bersin. Para resolver la emergencia económica como consecuencia de los cambios ambientales, le confió a Van Jones el cargo de «zar» para la innovación y los «green jobs» (empleos y actividades no contaminantes) de los EE.UU.

Para la recuperación de la actividad automotriz, reina desde hace rato un «zar» de los autos. Para los problemas de seguridad informática, hackers y propiedad intelectual de programas de computación, designó como «zar» informático a Vivek Kundra, que venía de hacer reformas profundas en los sistemas informáticos del distrito federal de Washington. ¿Puede haber desmanejos en los fondos de auxilio empresarial? El ex policía anticorrupción Earl Devaney auditará como «zar» el uso de esos miles de billones asignados por la nueva Recovery Act Transparency and Accountability (ley de transparencia de los subsidios). Hoy actúa un «zar» para el cierre de la prisión de Guantánamo, es el diplomático Daniel Fried.

En la Argentina de los gobiernos débiles y forzados a esconder la realidad, los superpoderes presidenciales han fracasado otra vez. A lo mejor llegó la hora de ceder esas facultades extraordinarias que el Poder Ejecutivo ha desperdiciado a algún «zar» que por lo menos encauce la segunda -y quizá la última- pelea contra la gripe.

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