Desestabilizar

Otra vez la misma justificación, que en realidad no sólo cansa, sino que nunca alcanzó a tener nada de contenido.
Es que esto de la desestabilización, más allá que pueda existir algún trasnochado que anime esa posibilidad, tiene toda la característica de ponerse en el rol de víctima para buscar desligarse de problemas de generación propia.

¿De quién es la responsabilidad de este caliente clima de tensión social, de este permanente estado de crispación, del enfrentamiento entre sectores y del divisionismo que se ha venido fomentando? Tal vez no sea exclusiva, eso es cierto, pero el mayor grado le corresponde al propio Gobierno.

El creciente descontrol que se vive en el país, con excluyente manifestación en los espacios públicos, es altamente preocupante, pues queda claro que un país no puede desarrollarse dentro de estos parámetros. Que el Gobierno diga que no reprimirá a los palos, nos parece razonable, pocos deben alentar una actitud tal, pero tampoco explica cómo hará para restablecer el orden.

Por cierto, buscar la calma distribuyendo subsidios a troche y moche - aunque no sea tanto de esa manera-, pues parte de la gravedad del problema fue justamente que las ayudas se dirigieron sólo para los sectores kirchneristas, léase intendentes del Conurbano para repartir los 100.000 empleos cooperativos con lo cual se busca disfrazar una forma de afianzar el clientelismo, o bien organizaciones piqueteras afines al kirchnerismo, es pan de hoy y hambre de mañana. Y así les fue, pues apenas si consiguieron aplacar el reclamo del momento. El malestar subyace más allá de la organización popular que tratan de montar los K, al más fiel estilo del chavismo.

Esta política del divisionismo y la confrontación que se viene llevando adelante en el Gobierno de Cristina, desnudada en toda su dimensión cuando en marzo de 2008 Kirchner decidió declararle la guerra al campo, fue mostrando cada vez su más evidente debilidad, carente de todo sustento, como lo es todo aquello que parte de bases falsas. Tal cual el kirchnerismo, sustentado en la presión de la chequera. Y para ejemplo veamos a Scioli, que aún gobernando a una provincia que es casi igual al resto del país, se encuentra en un rol de absoluto descrédito público.

Tanta fortaleza siempre tiene un lado flaco, y por la forma en que los K salieron a tratar de contener a Duhalde y su anunciada intención de volver para reordenar al justicialismo, queda en evidencia que allí tienen una de sus flaquezas.

De todos modos, no es el justicialismo lo que preocupa, sí en cambio el país. Y por más declamaciones que realice la Presidenta desde la cadena nacional sobre todo lo bueno de su Gobierno, hay algo que no se puede ocultar, ni siquiera disimular, y esa es la realidad. La disconformidad social es enorme, estando a la vista un malestar sobre el cual el Gobierno perdió el control.

¿Y en la Provincia cómo andamos? Mientras el gobernador Binner no se decida a cerrar el chorro de los enormes gastos, que superaron en su evolución largamente a los ingresos, andaremos a los tumbos. Se trata de una ecuación sencillita, de escolaridad primaria.

Existen situaciones no fáciles de explicar, pues mientras para ciertas cosas hay recursos, para otras mucho más necesarias la respuesta es desde hace un tiempo siempre la misma: "no hay plata". Los acueductos, la radioterapia, las cloacas, las lagunas de retardo. Ni hablemos de los edificios del Centro Cívico o del Hospital, que no fueron más que pomposos anuncios.

Veamos algo de estos días. Mientras desde el Gobierno salen a anticipar la creación de impuestos pues la plata no les alcanza, por otro lado le cubren los gastos a varios periodistas afines al Gobierno para que cubran la gira de Binner por Malasia. ¿Qué es poca plata? Es cierto, pero deja en evidencia toda una forma de conducirse. Y mientras los ejemplos no vengan desde arriba...

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