La desesperación por engordar la caja

Por Jorge Oviedo

Cuál será el futuro de las empresas a partir del próximo lunes? Hasta ahora el modelo Kirchner ha sido: si las que ganan dinero son amigas, pueden distribuir sus ganancias; si están en sectores con los que el Gobierno quiere hacer beneficencia con dinero ajeno, no pueden distribuir sus utilidades y deben reinvertirlas.

El manejo discrecional es una marca registrada. Pero respecto de las utilidades, cuando las hay, el Gobierno tiene planes.

La intención sería aumentar la presión del impuesto a las ganancias, con una reforma que eliminaría la exención a las rentas obtenidas por la compraventa de empresas.

También sería intención eliminar la exención a las rentas financieras, es decir, a toda aquella utilidad que se haya obtenido, por ejemplo, en depósitos a plazo fijo, y que supere a la inflación. El problema es que con un índice de precios al consumidor falsificado, como el que elabora el Indec intervenido por el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, terminaría cobrándose un impuesto a las pérdidas, en vez de a las ganancias.

En la Argentina el impuesto a las ganancias empresariales se cancela en cabeza de las propias compañías, de modo que las utilidades distribuidas no lo tributan. Hay quienes dicen que este sistema subsidia que las compañías distribuyan sus utilidades y financien sus inversiones con deuda, ya que lo pagado por el dinero prestado se descuenta de la base imponible. Pero entre las compañías tienen temor del modo en que podría avanzar en un punto delicado y técnico como éste una administración signada por los impulsos a la hora de tomar decisiones.

Financiamiento compulsivo

Las urgencias fiscales son una realidad y ya hubo decisiones que apuntan a encontrar formas de financiamiento compulsivo. La autorización de la Comisión Nacional de Valores (CNV) para que los cheques de provincias y municipios se descuenten en la Bolsa es seguramente un anticipo de lo que vendrá.

El sector oficial pugnará indirectamente por el escaso crédito voluntario disponible, forzando a sus acreedores a ponerse en la cola. Tal vez sea de alguna ayuda para las constructoras, porque en malos tiempos también se vuelve difícil descontar los certificados de obra impagos.

El Estado, además, también se está financiando por la vía de retrasar las devoluciones del IVA y los reintegros impositivos a las exportaciones.

"Tenemos que vender al exterior sin IVA y con cinco puntos de reintegro; no nos devuelven nada, lo que quiere decir que por el momento vendo con un impuesto del 26% de mis precios FOB. Es una locura, muchas veces los márgenes con que operamos son inferiores al 20% y los de nuestros proveedores son de seis o siete por ciento", se quejaba un productor que exporta manufacturas.

No hay ninguna esperanza de que luego de las elecciones se regularicen los reintegros. La caída de los precios internacionales y la disminución de los saldos exportables por la sequía, sumada a la menor área de siembra por las desacertadas políticas oficiales, ha tenido además como resultado un bache fiscal.

Hasta los economistas que son más favorables al Gobierno dicen que habrá déficit a fin de este año si se continúa con el actual rumbo.

La gran pregunta para el lunes después de los comicios es adónde irán a buscar recursos adicionales los Kirchner.

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