Deseos para un país mejor

Por: Osvaldo Pepe, secretario de redacción de Clarín

Pequeños deseos para el año que llega. Mensajes voluntaristas, puro "deber ser", esa verdad aspiracional que impulsa a las sociedades a mejores estándares. Son apenas unos pocos, entre tantos que podrían formularse.

Que en 2009 sean muchos menos los chicos que pasen hambre, estimados hoy en 1,2 millón según datos provisorios de la Encuesta de la Deuda Social Argentina de la UCA. Que ya no mueran cientos de chicos cada año por desnutrición, según sondeos de la UBA. Y que no haya que admitir, como hizo la ministra Ocaña, la suba de la mortalidad infantil, oficial en 2007.

Que la escuela pública, emblema universal de la inclusión social y la igualdad de oportunidades, deje de retroceder en su matrícula ante la privada, como viene ocurriendo en la Capital y el GBA.

Que vuelvan los argentinos que están en el exterior por desencanto o por necesidad, que suman 1.300.000 de acuerdo a lo ya difundido por Clarín. Y que retornen los US$ 123.700 millones que están afuera, drenaje que ni siquiera paró en los años más prósperos de era K.

Que pese a las señales de alerta como despidos ya concretados, suspensiones en las grandes fábricas, y caída por primera vez desde 2002 del empleo en las pymes, el Apocalipsis tan temido no llegue al país, o llegue atenuado, para que el desempleo no pierda su tendencia en baja. Y que el empleo en negro deje de afectar al 36,6% de la población activa. Que la corporación política se haga cargo de todo lo que deba. Que no haga campaña con estos datos de la Argentina real. Que haya menos pobreza y más seguridad. Menos droga y más escuelas. Que la Argentina sea, por fin, ese lugar de pertenencia, proyectos y realidades. Que dejen volar los sueños de la gente y que los despertares sean con menos pesadillas. Que en 2009 no haya que repetir estos mismos deseos. Que lo obvio no siga siendo imposible.

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