Los deseos y las miopías del 29-J

Por: Pablo Ibáñez

Un viejo axioma peronista, que exalta el aparato y las maquinaciones, reza que la elección no se gana votando, sino contando. Una reversión, en la que no sólo intervienen los partidos, arrima otra mirada: la elección se gana o se pierde según el relato del resultado.

Néstor Kirchner, el ensamble entre Elisa Carrió y la UCR de Gerardo Morales, más Julio Cobos como actor orbital, y la fusión Unión-PRO rastrean las variantes más oportunas y convenientes para imponer, con los votos contados, su visión de la elección.

Cada uno, obvio, se abraza a los datos más felices. Veamos:

# Néstor Kirchner -que se niega a asumir el riesgo de una derrota numérica- se apresura a exponer cuál será, la noche del 28, su lectura de la elección: arriesga que ganará en Buenos Aires con 37/38 puntos, con lo que será quien mayor porcentaje obtenga en las urnas. El patagónico completa el podio, que se acota a los «presidenciables», con un pronóstico del 35% para Gabriela Michetti -es decir Mauricio Macri- y algo más de 30 puntos para Carlos Reutemann, a quien asimila como rival peronista para 2011. En un cuarto escalón, con algo menos de un tercio, la Casa Rosada anota a Julio Cobos en la única elección en la que el vicepresidente juega, en plenitud, su prestigio y caudal electoral.

# La fantasía K se esfuerza por encontrar otras cifras que permitan interpretaciones amables de una elección que, aun ganando en Buenos Aires, marcará un retroceso comparativo respecto de 2005 y de 2007. Artemio López se la sirve en bandeja: el titular de la consultora Equis envió a Olivos una medición según la cual el oficialismo, sumando al PJ y a los aliados como el radical K Gerardo Zamora, en Santiago del Estero, gana en 18 distritos. Aunque se cumpla, igual cae respecto de 2007, cuando en la presidencial el oficialismo ligado a la Casa Rosada se impuso en 21 de los 24 distritos electorales. Son dos enfoques parciales, pero que, para los Kirchner, sirven para creer que el sueño todavía no terminó y es posible, aun, el proyecto continuista Néstor-Cristina-Néstor.

# La oposición, a la hora de evaluar la elección, prefiere otro parámetro. Como Kirchner, tienen dos al alcance de la mano: el número de bancas que obtendrá el oficialismo y el caudal, a nivel nacional, de votos que obtendrá el kirchnerismo sumando puros y aliados. El 10 de diciembre, sin computar eventuales fusiones -hay, se sabe, negociaciones en todas direcciones, sobre todo en el pan-peronismo-, los Kirchner perderán, como mínimo, 15 bancas con un techo, en una elección pésima, de 20 bancas. El conteo final, con el PRO enfocado en Buenos Aires, Capital y Mendoza, dejaría al FpV-PJ con la primera minoría -Agustín Rossi confesó alguna vez que tendrían algo más de 100 escaños en Diputados-, mientras que, por despliegue territorial, el Acuerdo Cívico y Social, si no estalla antes de las juras, se quedará con la segunda minoría. Esa lectura, más allá del argumento oficial de que se cambian las bancas del momento de mayor expansión -2005-, revela un claro e irrefutable retroceso del Gobierno porque, en la práctica, se quedaría sin quórum en Diputados. En Senado, sería menos áspero: la Casa Rosada hace números en el aire para convencerse de que no se quedará sin mayoría.

# El otro dato, imposible de dibujar por el Gobierno, es que en 2007, Cristina de Kirchner amontonó 8,6 millones de votos, que le significan un 45,3% de los sufragios válidos. Los cálculos más optimistas le otorgan a la Casa Rosada un 35% a nivel nacional, lo que implicaría la pérdida de 10 puntos respecto de dos años atrás. En Gobierno se argumenta que se trata de una elección legislativa, siempre más lábil que una presidencial, y atribuye a eso la baja. Es una verdad a medias porque, con ceguera, se resisten a asumir el costo de la crisis del campo y la sangría de popularidad que padeció el matrimonio en el último año.

# Una decodificación más minuciosa, que recién se podrá detectar con nitidez unos días después de la elección, podrá confirmar o no un preanuncio delicado: que, aun ganando, Kirchner acaparará el mayor caudal del votos en los sectores bajos y medio bajos, mientras que los otros estratos sociales se encolumnarán detrás de algunas de las versiones opositoras. Es un escenario temible de segmentación. En abril de 2008, cuando recién despuntaba el conflicto del campo, un funcionario se quejó porque los Kirchner renegaban, con facilismo, del error de Evo Morales y Hugo Chávez al «dividir» las sociedades de Bolivia y Venezuela. Ese riesgo está más cercano que nunca.

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