Deseo mutuo: acordar para no seguir perdiendo

Por Hernán de Goñi

Si hay algo que une hoy al Gobierno y al campo es la necesidad. Cristina Kirchner se lanzó a un proceso de diálogo que no tendrá futuro si no contiene a la dirigencia agropecuaria. Se lo han dejado en claro los empresarios con los que tomó contacto desde que alumbró esta etapa de su gestión, el pasado 9 de julio. También sabe que despejar el horizonte del agro puede redundar en un mejor clima económico que oxigenará su gestión.

El campo también siente que la posibilidad de normalizar su relación con el Ejecutivo hoy tiene un justificativo ineludible: el económico. Ganar la batalla de las retenciones móviles no les permitió a los productores recuperar parte de la renta perdida. La caída de los precios internacionales, la menor demanda externa y la asfixia crediticia, entre otros factores, han complicado su negocio lo suficiente como para saber que, si el Gobierno no cambia su política de intervencionismo extremo en el mercado local, perderán plata en 2009 y también en 2010.

Si los Kirchner eligieron al campo como adversario, era porque pensaban que tenían algo para ganar. Después del 28-J, no les queda otra que probar lo que no hicieron desde marzo de 2008: un acuerdo razonable que garantice la supervivencia de ambos.

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