Deseo y decepción

El 3 de julio de este año, el Tribunal Oral Federal de Mar del Plata compuesto por Carlos Alberto Rozanski, Nelson Javier Jarazo y Alejandro Daniel Esmoris determinó por unanimidad condenar al ex general Pedro Pablo Mansilla por el asesinato de Carlos Labolita, militante de la Juventud Universitaria Peronista (JUP) y amigo del ex presidente Néstor Kirchner, quien fuera secuestrado en Las Flores el 25 de abril de 1976. El mismo fallo absolvió por mayoría al coronel Alejandro Guillermo Duret.
Rozanski compartió la condena a Mansilla, disintió en mantenerlo con detención domiciliaria, y votó en contra de la absolución de Duret, así como de un conjunto de disposiciones que afectan a testigos presentados en el plenario, que deberán ser investigados por los tribunales de Azul por presunto falso testimonio.

El fallo fue realmente una sorpresa para los no iniciados, porque en el ámbito de las organizaciones que se identifican como de derechos humanos -vinculadas a la persecución de aquellos señalados por su participación en las políticas represivas del gobierno militar-, ya se rumoraba que Alejandro Guillermo Duret saldría liberado de esta situación procesal.

Corre desde hace un tiempo ya la historia que vincula a Duret con el presidente de Venezuela Hugo Chávez, y obviamente a éste con el matrimonio Kirchner. Datos fehacientes hay. El 3 de noviembre de 1999, el diario La Nación publicaba: "Cuando el mayor Alejandro Duret llegó a Caracas para hacer el curso como miembro de Estado Mayor en la Escuela Militar de Caracas, en 1990, nunca imaginó que casi 10 años más tarde uno de sus compañeros terminaría siendo presidente. "Somos amigos", dijo el ahora teniente coronel Duret, invitado por Hugo Chávez a presenciar su juramento. "Pero qué sorpresa me has traído", expresó Chávez a Menem cuando descubrió a Duret en el grupo de funcionarios argentinos. Feliz por la llegada de su amigo al poder, Duret dijo a La Nación: "Coincidimos en muchas cosas, es un patriota bien intencionado".

La crónica es reveladora: si Chávez y Duret son amigos, y Chávez es amigo y socio político (cuando menos) de los Kirchner, vale preguntarse cuánto de cierto hay en la posición a favor de la revisión de los crímenes del pasado perpetrados por agentes del Estado, cuestión que llevan adelante Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina Fernández.

Uno de los elementos que hacían apetecible el manejo de la causa Labolita era el carácter de amigo y compañero del matrimonio en el poder. Es más, se ha citado en varias oportunidades el valor intrínseco que para Néstor y Cristina tendría el llegar a la verdad en el caso de marras.

La opción conspirativa cobra vigor en boca de los propios actores cargosos, las organizaciones que impulsan el juicio, y del abogado César Sivo, que semanas antes ya veía derrumbarse su estrategia acusatoria ante los innumerables testigos que minaban la idea de un accionar personal y directo de Duret en el secuestro y posterior desaparición de Labolita. Queda claro que impulsar causas basadas en interpretaciones antojadizas, sin testigos directos, apoyado básicamente en testimonios de oídas es un camino erróneo si lo que se busca de verdad es proporcionar justicia. Confundir los deseos con los hechos suele llevar a la decepción.

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