Desembarco K en playas que fueron D

Los paradores, alguna vez dominados por los barones de Duhalde, fueron ocupados por los soldados de Néstor. Pinamar: el caso de Massita.
Se dice costa, pero a partir de ahora se dirá “Kosta”: con K. Por lo menos desde este verano, que será oficializado, finalmente, como el año en que el gobierno nacional copó con sus funcionarios las playas de Pinamar y le arrebató al duhaldismo el control histórico de un territorio donde el sosiego no existe y los políticos no se dan respiro.

La Kosta política, entonces, es un escenario dominado por pingüinos. Bajo el sol de enero, con los pies en la arena y embadurnados de protector, operadores de todos los rangos tejen alianzas de cara a al año electoral y la oposición fragmentada se pasea sin saber bien qué hacer.

Algunos locales se las ingenian para hacer de anfitriones. El ex intendente kirchnerista de Pinamar destituido en marzo de 2008 y hoy pendiente de la Corte, Roberto Porretti, oficia como un discreto anfitrión.

VAMOS A LA PLAYA. La caminata comienza por la zona norte de Pinamar. En un carpa del balneario CR, un ex bastión de Eduardo Duhalde, el jefe de Gabinete Sergio Massa matea con su familia, sin soltar sus teléfonos celulares y sin dejar de controlar los mails que a cada rato le envían secretarios y subsecretarios. La rutina se repite en el verano durante todos los fines de semana. Massa, cultor del turismo touch and go, llega a la playa después del mediodía, con parientes, amigos y colegas dirigentes de clubes de fútbol y se dispone a pasar la tarde. Pero no desenchufa, claro. Monitorea desde la arena, principalmente, los temas nacionales y controla el flujo de periodistas que desfila por el balneario para robarle una foto o conseguir información. No pone cara de perro cuando aparecen los reporteros, pero aclara que no le pidan que pose.

El CR ha sabido pasar de mano en mano. Fue en los tempranos 90 refugio playero de Alfredo Yabrán y del circo menemista en apogeo. Más tarde se convirtió en la playa que reunía a políticos y empresarios duhaldistas. Y ahora es un híbrido que mantiene su perfil de clientela con poder adquisitivo y tiene en la figura de Massa a su cliente con más alto perfil mediático. Desde CR, dicen que propiedad del ex intendente Blas Altieri, Massa dialoga con Cristina para unificar discursos y con el resto de los ministros, dispersos en la misma línea de costa algunos kilómetros más al sur. Pero además saluda a los visitantes de ocasión. El viernes, por ejemplo, se cruzó con el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, quien bajó al balneario acompañado por su mujer, Karina Rabolini, y por el ministro de Justicia bonaerense, Ricardo Casal, dueño de una casa a pocos metros del complejo.

Cinco balnearios más al sur, siguiendo la franja de arena y tierra de Avenida del Mar, otro funcionario nacional aparece como nuevo visitante de los veranos pinamarenses. El secretario de Legal y Técnica de la Presidencia, Carlos Zannini, aprovechó la partida de Cristina a El Calafate a fin de año y alquiló las carpas 81 y 82 del balneario Cocodrilo, propiedad del poderoso intendente de Pinamar, Rafael De Vito, para pasar unas minivacaciones. Pero antes de salir a la arena, cosa que realizó durante la última semana religiosamente todos los días después de las tres de la tarde, se afeitó los bigotes y se camufló detrás de una gorra y de un par de gafas negras. Irreconocible, más parecido a un rufián de cine que a otra cosa, se cruzó con Crítica de la Argentina para la foto que ilustra esta nota y pidió que no disparen: “Fotos no, muchachos –dijo–, vine sólo por el fin de semana”. La ministra de Defensa, Nilda Garré, es dueña de un departamento modesto frente al mar a metros de la rotonda de avenida Bunge, en el epicentro estético de Pinamar. Su rutina de verano es una y es simple. Cruza Avenida del Mar después del mediodía y se sienta en una carpa del balneario Atlántico a leer. Algo de playa, algún almuerzo en el parador y nada de declaraciones.

LA CAMINATA SIGUE. Valeria del Mar es de Florencio Randazzo. El ministro de Interior es un histórico veraneante de ese enclave familiar, que suele ser la opción tranquilidad a pocos kilómetros de la bulliciosa avenida Bunge. Randazzo es otro perfil bajo, que también pasea por Cariló junto a su esposa durante las mañanas y hace carpa en el balneario Enrico, donde suele verse con el senador José Pampuro. Otro de los que lo frecuenta es el senador Daniel Filmus, quien veranea entre Ostende y Valeria y por las noches sale a comer mariscos en familia.

Muy cerca, en el exclusivo bosque de Cariló, el secretario de Medios, Enrique Albistur, uno de los últimos bastiones de Alberto Fernández en el oficialismo, es la figura central del balneario Cozumel. En privado se define como un pionero de esta parte de la costa. El hombre que maneja la distribución de la pauta oficial sabe sacar pecho en el patio central del balneario, donde no pasa inadvertido. Durante el estío suele convertirse en anfitrión de funcionarios y de amigos militantes como el humorista oficial Coco Zilly, que ofrece un show unipersonal este verano en la costa.

Villa Gesell tiene dos pesos pesados de dos bandos distintos: el ministro de Justicia, Aníbal Fernández, por un lado, y Carlos Ruckauf, por el otro. El que se muestra, claro, es Aníbal. La semana próxima celebrará un nuevo cumpleaños en la ciudad en la que veranea todos los años. La de Aníbal también es una rutina histórica. Suele andar por la playa con shorts de baño blanco fuera de moda y dos celulares en la cintura. Chequea, vía Blackberry, en todo momento, los mails que le envían sus secretarios y juega al truco con sus amigos de siempre, entre los que se cuentan José Díaz Bancalari y Sergio Villordo, ex intendente de Quilmes.

El kirchnerismo, a tono con el nuevo hábito del verano 2009, veranea touch and go: casi todos los funcionarios llegan a la Kosta los jueves o viernes, pasan el fin de semana, y el lunes temprano, cuando desde Casa Rosada llaman, retornan a Buenos Aires. Porque, finalmente, este verano 2009 la política no se detiene y la Kosta, claro, no va a ser la excepción.

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